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Un narrador maravilloso

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Dice que el oficio de escribir es como el desorden de un cuarto de bebé. Si intenta ordenarlo o planificarlo, no funciona para él. La vida es un desorden grande, una desmesura y él se ríe de los límites que impone la razón, como esa madre que entra a ponerle orden al cuarto.

La magia y el azar engendran su escritura y su universo singular que lo ha convertido en uno de los mejores narradores de habla hispana.
Novelas como “Un mundo para Julius”, “Reo de nocturnidad” (Premio Nacional de Narrativa 1998), “El huerto de mi amada” (Premio Planeta 2002), “La amigdalitis de Tarzán”, su libro de cuentos “Huerto cerrado” (Premio Casa de las Américas, 1968), “Dos señoras conversan”, “Guía triste de París”, entre otros, confirman su lenguaje personal dotado de un fino humor, una capacidad desbordante para contar historias, una sensibilidad para recrear el lenguaje oral y adentrarse en las orillas y abismos inesperados de la realidad y la condición humana.
Todo puede ser motivo para un cuento o una novela. “Mis libros surgen de la nada, del impacto de las emociones, de un recuerdo que se impone y vuelve a aflorar”, señala.
“Hasta el sonido metálico del picaporte del metro de París, puede generarme una historia, pero muy especialmente, las narraciones orales. Lo que yo hago es contar historias. Cuando escribo tengo la necesidad de recapturar la oralidad. La creación literaria es una suerte desesperada de acercamiento al lector. A veces me tuteo con el lector y le pregunto si él sentiría lo que yo estoy sintiendo. Ese tono autobiográfico está en mis libros. No pertenezco a los autores intelectuales. Me interesa el arte de contar. ¿Qué era lo que hacía Homero en la antigua Grecia? Contar historias de pueblo en pueblo, y cuando se murió tres ciudades se disputaban su cadáver. Esas ciudades por donde fue a contar historias, esas ciudades que le daban su moneda al contar su historia”.
Para Bryce Echenique, lo más nimio puede desatar una historia: la puerta que se cierra intempestivamente, una frase escuchada, una imagen, una película, una fotografía, lo motivan a construir un cuento o una novela.
“Mi novela “El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz”, surgió al leer un párrafo de las memorias de Neruda: “Para nacer he nacido”, en el que describe a Federico García Lorca, como un hombre alto, moreno, gitano, cuya presencia traía la felicidad”. Aquello de que alguien fuera capaz de traer consigo mismo la felicidad, me impactó tanto que empecé a escribir la novela. Recibí después una llamada de la Alcaldía de Cádiz en el que me declaraban huésped de honor por haber descrito aquella ciudad, y tuve que decirles que yo jamás había ido a Cádiz y aceptar ese reconocimiento sería una impostura. La obra literaria es como las frutas. Cada quien se las come como quiere. Cuando escribo un libro de memorias como “Permiso para vivir”, la crítica dice que se trata de un libro novelesco y cuando escribo novelas, la crítica dice que son autobiografías. Lo que yo he escrito a lo largo de mi vida son cuentos y novelas. Hay cuentos que se convirtieron en novelas como “Un mundo parea Julius”, que empezó siendo un cuento de doce páginas. Poesía nunca he escrito porque no he estado a la altura. Ni siquiera escribí esos versos que suelen escribirse a los 16 años a la mujer amada. No tuve versos ni mujer amada. Cuando releí mi primer libro de cuentos “Huerto cerrado”, ganador del Premio Casa de las Américas, tuve la sensación de que algo faltaba. Leí en ese entonces a Julio Cortázar y fue el descubrimiento de un universo narrativo, me impresionó su lenguaje conversacional, su manera de acercarse a la realidad y de introducir la fantasía con la mayor naturalidad, hasta el punto que decidí tomar un rumbo distinto en mi literatura”. Viviendo en París tuvo la oportunidad de estar muy cerca de Julio Cortázar. Fue una aparición descomunal como su magia personal y su estatura, y no se atrevió a darle la mano. Hay seres que proyectan su universo personal. Julio Cortázar era como sus propios cuentos. Confiesa que no planifica sus cuentos. Hay en ese caos creativo un germen de rebelión. “He vuelto a leer por estos días “El hombre rebelde”, de Albert Camus, escrito en 1948, pero con una gran vigencia y frescura”. En estos momentos el escritor recuerda aquel período vivencial y cultural de Mayo de 68. “Quien recuerde esa fecha es porque jamás estuvo allí”, dice. Recuerda que era un tiempo de grandes “demandas afectivas” y en el metro las chicas que querían hacer la revolución terminaban llevándolo hasta la cama para hacer el amor. Él se cercioraba de quién se trataba, buscaba en el bolso de las chicas para saber su nombre, y terminaban siendo estudiantes de la universidad. Había un caos en el ambiente parisino y el presidente De Gaulle alertaba a la comunidad de regresar al orden e imponer la ley. Hubo tensiones entre escritores, intelectuales y pensadores. El mismo presidente le dijo a Camus en Le Monde: “No se puede detener a Voltaire”. América Latina irrumpía en el mundo con su “boom” de escritores en todo el continente, se veía desde allá a América Latina como un solo país y se criticaba entre cierto sector de la intelectualidad a Jorge Luis Borges, porque en su literatura no había indios ni negros ni territorio. Los franceses cocinaban el mundo y nos dejaban fuera de la olla. Desde su visión eurocentrista, los latinoamericanos no teníamos matices ni diferencias”.
Para Bryce Echenique los escritores oscilan entre dos extremos: entre la vida y la soledad absoluta de la escritura. “Hay quienes han vivido mucho y han escrito poco, o han escrito mucho y han vivido muy poco”. Se ufana con humor de impedir el destierro del niño que lleva dentro y de conjurar toda vejez con “una mala salud de hierro”, viajando por el mundo y escribiendo cada día.
Este maestro de la palabra, del cuento y la novela, es uno de los grandes narradores de habla hispana, cuyo universo tiene el poder de llevarnos a límites inesperados, entre la fina ironía y la ternura descabellada y grotesca de personajes entrañables que él ha conocido y transmutado. Volverá a Cartagena.

ALFREDO BRYCE ECHENIQUE (Lima, 1939), es el tercer escritor iberoamericano invitado por el Taller de Escritura Narrativa, que dirige Óscar Collazos. Los primeros invitados fueron Senel Paz (Cuba) y Cristina Fernández Cubas (España).
Su presencia se hizo posible gracias al Centro de Formación de la Cooperación Española (CFCE) en Cartagena.
Bryce Echenique es Premio Nacional de Narrativa de España en 1998 por su novela “Reo de nocturnidad”. Premio Planeta en 2002 por “El huerto de mi amada”. En 2002 recibió el prestigioso premio Grinzane Cavour (Italia) por su novela “La amigdalitis de Tarzán”. Es uno de los autores hispanoamericanos más traducidos del momento.
Es autor además del libro de cuentos: “La felicidad ja ja” cuentos (1974), “A vuelo de buen cubero” (crónicas de viajes y diversas), (1977), las novelas “Tantas veces Pedro” (1977), “La vida exagerada de Martín Romaña” (1981), “El hombre que habla de Octavia Cádiz” (1984), “Magdalena peruana y otros cuentos” (1986), “Crónicas personales” (1987), el libro de memorias: “Permiso para vivir” (1993).

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