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Un sabio con unas alas enormes

No ha descansado un solo día de su vida en el oficio más viejo, más bello y más terrible de perseguir la verdad. Javier Darío Restrepo, quien acaba de ganar el Premio Gabriel García Márquez en la Categoría Excelencia, galardón compartido con la periodista mexicana Marcela Turati, es un sabio de la ética. De sus 82 años vividos a plenitud, ha consagrado 56 años al ejercicio del periodismo y ha respondido 1.450 preguntas en el Consultorio Ético que sostiene de manera virtual hace diecinueve  años en la fundación creada por García Márquez.  Mientras en aquellos lejanos días de  1955 García Márquez se consagraba como uno de los mejores reporteros de Colombia en El Espectador, luego de realizar el reportaje al marino Luis Alejandro Velasco, el náufrago que estuvo a la deriva diez días, Javier Darío Restrepo era  ordenado sacerdote en Cartagena por el monseñor Rubén Isaza.  El perdón, la ternura y la misericordia, son palabras que quedaron para siempre en el corazón de este hombre sensible, sereno y reflexivo.
Javier Darío Restrepo ejerció  el sacerdocio durante diecisiete años y se retiró luego de generar una polémica entre su jerarquía por haber publicado la foto de dos niños desnudos en un texto sobre sexo en una de sus  tantas iniciativas periodísticas que impulsó como sacerdote. Una de esas publicaciones murales fue La Bagatela, luego las publicaciones Signo, Bastión y La Hora, En esta última decidió retirarse del sacerdocio al ser cuestionado por sus superiores. De ese sacerdocio pasó al más implacable de los sacerdocios: el periodismo que ejerce  con la frescura de un joven de ochenta y dos años.
Con la prudencia y la timidez de un veterano que ha sido testigo de innumerables guerras  en el mundo y en este país, su discurso intimista y emocional, hizo saltar las lágrimas de los asistentes en la ceremonia de entrega de los premios Gabriel Garcia Márquez en Medellín. Pero su intimismo fue magistral y su lenguaje fue diáfano y puro como la mirada con que ha iluminado el camino de tantas generaciones de periodistas en el planeta. No solo es uno de los maestros de la Fundación Gabriel García Márquez para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, sino que es una de las cifras humanas que acompañó en la génesis de creación de la fundación de Gabo que en 2015 cumplirá veinte años de existencia. En un encuentro aparentemente casual en el centro amurallado de Cartagena de Indias, García Márquez vio a Javier Darío Restrepo y le propuso que lo acompañara en la hazaña de crear una fundación que revitalizara el periodismo colombiano y del mundo, luego de haber desistido de la obstinación de fundar el periódico El Otro y de hacer descifrado que el oficio del periodismo  además de ser uno de los más viejos y bellos del mundo, pero cuya fragilidad estaba en la mirada ética de quienes lo ejercían y en la manera de contarlo.

El derecho a imaginar
Toda la vida buscando la exactitud y la precisión en la noticia llevó a este maestro del periodismo a buscar la ficción como otra manera de explorar la realidad.
A sus 72 años escribió su primera novela Edad de sangre, sobre un condenado a muerte que en las dieciocho horas de espera de su propio fusilamiento, reconstruye como si fuera una sola pesadilla el  rompecabezas  fatal de todas las guerras que han vivido los colombianos desde las noches tormentosas de la Guerra de los Mil Dias hasta el sol de hoy.La libertad de imaginar según  él es un derecho que no se puede ejercer en el periodismo, un arte narrativo verificable sometido a la veracidad y a la exactitud de la realidad.

El muerto en casa
Lo más reprochable a la hora de publicar una imagen violenta, según Javier Darío Restrepo, es su intencionalidad. Cuando la violencia es usada como fuente comercial o de trivialización del hecho violento “ y la creación de una insensibilidad social frente al dolor ajeno”. Restrepo cuenta la historia de un periodista que encuentra el cadáver de un hermano que se ha suicidado.
“Al dolor natural, agregó la preocupación por lo que informarían los medios de comunicación. Su  primera reacción fue, por tanto, cubrir con un manto de discreción lo ocurrido para que el hecho solo fuera conocido por la familia y por las autoridades. Pudo hacerlo porque conocía muy bien los trámites, ya que se había vuelto especialista en la información de estos casos. Tiempo después pudo preguntarse por qué había rechazado que se informara sobre un hecho que él solía informar ampliamente cuando ocurría. Y concluyó: No acepté que se violara la intimidad de mi familia. Ahora sé que mis informes periodísticos sobre estos casos violaron esa intimidad”.

Sombras bienhechoras
Ha hablado de sombras bienhechoras las que ha sentido a lo largo del ejercicio del periodismo al recibir el Premio Gabriel García Márquez. Y ha dicho que ha sentido el aleteo de su amigo en el recinto y en todos los actos amorosos que se han organizado en el premio que se convirtió en Festival Gabriel García Márquez. Una descomunal fiesta de imaginación y creatividad en Medellín. “Entre ese desfile de sombras bienhechoras e inspiradoras siento la energía de los que han hecho del ejercicio profesional un acto de heroísmo que todos los días se renueva. Sitiados, acosados, urgidos al silencio por gobernantes que no se resignan a ver el poder de la información en otras manos, han asumido el periodismo como una misión. Y las misiones se cumplen a pesar de todo. Siento que este es un homenaje para ellos y que muchos están en esta sala”. Ha evocado un episodio novelesco de Ernesto Sábato al visitar a su amigo Saramago en su casa de Lanzarote y descubrir que todos los relojes de la casa estaban detenidos a las cuatro de la tarde. Sábato preguntó a Saramago por qué se detuvieron a esa hora, y Saramago le confesó que esa era la hora en que se conocieron. Javier Darío detuvo sus propios relojes esa noche al recordar a su esposa Gloria y a sus hijas Gloria Inés y María José, los tres ángeles de mi vida”, sin las cuales hubiera sido imposible el sacerdocio del periodismo.
  Muy temprano al abordarlo en los pasillos de Plaza Mayor, Javier Darío Restrepo me dijo que con  este premio y festival Gabriel García Márquez  ha ganado no solo el periodismo de todo el continente y del mundo sino el periodista como profesional. Ha reafirmado su convicción de que la velocidad puede atentar contra  la tarea del periodista. Me entrega la revista Vida Nueva, que él dirige, la más reciente de este octubre de 2014 y allí encuentro su llamado a la misericordia y la ternura “dos palabras que difícilmente revelan todo su potencial de cambio y de progreso humano”. Veo esas dos palabras en el brillo sabio y sereno de sus ojos

 

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