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Una mujer con un museo de arte a cuestas

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Ella recuerda que recibió una ruina.
En un antiguo depósito de sal de la colonia, en cuyas paredes no dejaban de llorar sobre los viejos muros, pegotes de sal. Eso fue en noviembre de 1979.

Era un depósito del Banco de la República que había estado cerrado durante muchos años. Pero mucho antes de eso, la ciudad andaba buscando un lugar para establecer un museo de arte, con veinticuatro pinturas de grandes artistas latinoamericanas donadas en 1958 por el Museo de las Américas de la OEA, dirigido por el matancero José Gómez Sicre. Había pinturas de Rufino Tamayo, José Luis Cuevas, Wilfredo Lam, René Portocarrero, Armando Morales, Fernando de Vigas, para citar siete grandes.
Las obras iniciaron una peregrinación mientras se creaba el museo: estuvieron en el Salón Vicente Martínez Martelo de la Alcaldía, en el Palacio de la Inquisición, en el Club de Pesca, y algunas de ellas no resistieron las mudanzas y las amenazas de la sal y el comején. “La sal, qué curioso, no hace tanto daño como se cree”, dice Yolanda Pupo de Mogollón sonriente: “Los nazis escondieron sus obras de arte en minas de sal. Aquí hemos tenido otras amenazas como el comején, los hongos, la humedad”.
Pero la más peligrosa de las amenazas ha sido la negligencia local. Diez de esos tesoros sucumbieron al deterioro y la muerte. El alcalde de aquel entonces, Juan C. Arango apoyó la elección del escenario donde hoy se encuentra el Museo de Arte Moderno de Cartagena.
“En la primera etapa de restauración de la edificación, contamos con los arquitectos Manuel Delgado y Gastón Lemaitre. Sólo teníamos dos salas coloniales y su inauguración comenzó con grandes tropiezos y dificultades, porque hasta la fecha esta institución no cuenta con la subvención del estado. Abrimos el museo con la colección de la OEA reducida a catorce obras y una exposición de artistas cartageneros. Entre ellos estaban: Alejandro Obregón y Enrique Grau. Recuerdo que íbamos a exponer una obra que nos había prestado la familia de Darío Morales y el artista nos llamó poco antes de la inauguración para decirnos que no podía exponer sin avisarle a la galería que lo estaba representando. Se mostró interesado en exponer después. Recibimos donación de pinturas de Cecilia Porras, entregadas por su esposo Jorge Child”.
La directora bebe una taza de café y confiesa que a lo largo de estos treinta años de la sede del Museo de Arte Moderno de Cartagena (MAM), en la Plaza San Pedro Claver, ha habido una larga historia de satisfacciones emocionales, limitaciones presupuestales y grandes riesgos de sobrevivencia, pero jamás ha cerrado sus puertas. En treinta años hay un tesoro de trescientas obras y dos nueva salas de exposiciones y encuentro: La Sala Hernando Lemaitre y la Sala Repúblicana. La iniciativa de crear e impulsar el museo fue del artista Enrique Grau, quien toda su vida soñó con instaurar en Cartagena un gran centro cultural de las artes que albergara obras representativas del arte colombiano y latinoamericano, pero que a la vez, fuera un espacio alternativo de estímulo de las nuevas generaciones. El apoyo oficial al museo es limitado: treinta millones de pesos al año por parte del Ministerio de Cultura para una institución que paga dos millones de pesos mensuales en luz eléctrica.
“Del Banco Interamericano de Desarrollo, a través de Félix Ángel, director artístico del BID. Hemos contado con apoyo para algunas de las exposiciones, la donación de un computador para el museo, la alianza en algunas exposiciones de intercambio. Pertenecemos a la Red de los Museos, pero no hemos tenido mecenas como otros museos del Caribe colombiano. Ha habido, por otra parte, apoyos logísticos como el de la Fundación Antonio Arévalo, la generosidad del restaurador Salim Osta quien ha participado de manera ejemplar en la preservación de algunas obras de la colección. Estamos a la espera de una promesa de la alcaldesa Judith Pinedo Flórez, de una partida que nos permita para el sostenimiento de este museo que es de los cartageneros”, dice Yolanda Pupo de Mogollón.
Sobre la edición del libro 30 años del Museo de Arte Moderno de Cartagena, lujosamente publicado por Villegas Editores e impulsado por Francia Escobar de Zárate, Presidenta de la Fundación Arte es Colombia y Presidenta de la Asociación de Amigos del MAM, la directora del museo cuenta que le solicitó ese libro a la reconocida ejecutiva, coleccionista de arte y gestora cultural, hace algo de tres años en una exposición de Grau. “Para mí ese libro que se presentará el 31 de julio es la memoria del museo en todos esos años y es la carta de navegación para el futuro. Eso se lo debemos a Francia Escobar de Zárate, quien emprendió de manera diligente y ejemplar la gestión de los recursos para hacer posible ese sueño. Con esa obra que reúne las mejores cien obras de la colección del museo, creo que la misión ha sido cumplida y podemos decir que ya tenemos pasado para podernos asomar a un presente. Es decir: ya podemos hacer futuro. ¿Qué museo en este país tiene un libro con estas dimensiones? Es un verdadero lujo para establecer desde ya el diálogo con los museos del país y del mundo”.
Y a propósito de futuro, una de las encrucijadas del museo en este aniversario, además de su sostenimiento es su limitación locativa. Las recientes propuestas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano sobre la ampliación de la sede horadando la muralla sin alterar el patrimonio y la propuesta del arquitecto Rodolfo Ulloa Vergara, buscan reutilizar y crear en el mismo escenario, salas de bodegas climatizadas y escenarios para talleres y sala audiovisual. Además del libro que guarda la memoria del museo, sin duda, uno de los acontecimientos editoriales del país, el museo cerrará el año 2009 con la exposición del maestro David Manzur.
“El museo ha sido la ventana de grandes artistas no sólo de Cartagena sino del país. El presidente de la Junta Directiva del MAM, el ex presidente César Gaviria, me dice: No se preocupe por los grandes artistas que ya los tiene allí en el museo. Preocúpese por los jóvenes que son la promesa y los grandes maestros en los próximos diez años”.

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