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Albeiro no tiene límites

Dos equipos se disputan un partido de fútbol en la arenosa cancha Benjamín Herrera, en Arjona. De un lado está el ‘San Rafael de la Cruz’, y del otro, el ‘Atlético Shaddai’.

Albeiro Vargas Correa ama ese deporte y por eso llega hasta ese lugar todos los domingos. Él es quien se roba las miradas y la admiración de las contadas personas que observan el juego. Salta, se tira al suelo, se vuelve a poner de pie, grita, patea el balón, tapa goles y también le marcan algunos, como a cualquier arquero. Esta vez perdió 4-1. No fue su mejor día, pero está alegre porque clasificó a la fase de grupos del Campeonato Municipal de Fútbol de Arjona, en el que participan 39 equipos, incluyendo algunos invitados de Turbaco, Turbana y Las Piedras.

Albeiro tiene una de sus piernas mucho más corta que la otra y así juega el balompié desde que tiene 11 años. Dice que nació así, que no sabe por qué, y que su mamá le cuenta que hace 22 años, cuando estaba embarazada de él, nunca se hizo una ecografía.

Su condición no le acompleja, por el contrario, lo hace sentir muy orgulloso. Ver que puede hacer todo lo que se propone le ha enseñado que las limitaciones físicas se quedan cortas si existen ganas y fortaleza emocional.

Como muchas personas en condición de discapacidad, Albeiro también fue blanco de burlas durante su niñez, pero por fortuna supo sobrellevarlas. “En el colegio me molestaban, ya no. La madurez que tengo ahora no deja que eso me afecte”, dice.

Vive en la vereda San Rafael de la Santa Cruz, en Arjona, donde todos lo conocen y donde jugó por primera vez al fútbol. “Cuando estaba pequeño, a la gente le daba miedo ponerme a jugar, hasta que un primo mío me metió a un partido. Esa vez ganamos y yo me sentía alegre, contento, porque logré un paso que quería. Ya después de eso entré a un campeonato y así empecé a jugar en mi pueblo y en otras partes”.

Una oportunidad esquiva
Hace unos años, Albeiro entrenaba en una escuela de fútbol en Arjona cuando tuvo de cerca la posibilidad de jugar en la Selección Colombia de discapacitados. “En esos tiempos vinieron a ver a los jugadores, pero mi papá no tuvo los recursos para que yo fuera a Bogotá y perdí la oportunidad. Siempre he soñado ser un futbolista profesional. He jugado varios campeonatos y he ganado trofeos de mejor arquero. Ahora, en el último que jugué, me gané una medalla. Eso me emociona demasiado y me asombra porque a pesar de mi discapacidad puedo ser muy ágil, algo que otros tal vez no pueden”.

Cuenta entre risas que está acostumbrado a las cámaras y que ha sido entrevistado para el canal comunitario Teledique y otros medios de los pueblos a los que llega. “La gente se queda admirada y empieza a tomarme fotos. En El Carmen de Bolívar, jugando unos intercolegiales, una muchacha me dice: ‘Nene, regálame una foto’. Yo le dije que mis fotos valían plata, pero molestando. Ella me tomó la foto”.

Con ganas de estudiar
Se graduó como bachiller de la Institución Educativa Domingo Tarrá Guardo, en 2013. Por falta de recursos no pudo ingresar a estudiar una carrera superior y se dedicó a ayudar a su papá a vender pescado, el negocio con el que se ha sostenido su familia. Este año, empezó a estudiar mecánica diésel en Cartagena, gracias a un programa de apadrinamiento de la Fundación Unbound, y quiere hacer un curso de operador de montacargas para tener más opciones de empleo.

Es un joven trabajador y su discapacidad no es una excusa para no hacerlo. Entre semana, mientras no está en clases, trabaja en una moto que él mismo adquirió a crédito, o en una granja donde crían pollos. “Yo llevo mi vida normal. Mis pensamientos son echar pa’ lante, porque pa’ lante es pa’ allá”, asegura.



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