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Andrés Salgado, un libretista de pies a cabeza

Por inspirarse haciendo su trabajo de grado, Andrés Salgado se hizo famoso.

Hace 20 años tenía que entregar su tesis y se le ocurrió escribir la historia de un pueblo que había surgido después de un terremoto.

Ese pueblo fue El Oasis, miniserie protagonizada por Shakira, que aún no era Shakira.

“En ese momento, a Shakira no la bajaban de manteca, guisa, corroncha”, expresa el libretista costeño.

Después le siguieron llegando ideas. Por Dios. ¿Quién no se vio De pies a cabeza, Cartas de amor, Perro amor, Juegos prohibidos o El Joe, la leyenda?

Acaba de escribir la serie basada en la vida de la cantante cubana Celia Cruz. Nunca tiene que preocuparse por publicidad: el canal televisivo se encarga de vender lo que Andrés escriba. Sin embargo, se le dio por publicar Martirio, su primera novela impresa, y en una editorial independiente. Por eso --y sólo por eso-- tuve la fortuna de entrevistarlo.

Andrés es un intelectual, pero de los chéveres. No usa términos rebuscados para hablar. Es más, me pareció un tipo extremadamente coloquial. No dice, “qué genial”, sino “del putas”. A los asuntos, los llama “vainas”. Y no dice tener sexo, sino “comer” o “tirar”.

Así resumió 20 años tras bambalinas creando historias que, en sus palabras, “encoñan”:

¿Cuáles son los tropiezos más excepcionales al momento de hacer un libreto?
-Las limitaciones de producción, cuando te empiezan a prohibir. Por ejemplo, vas a hacer una historia sobre música y necesitas un concierto en el Madison Square Garden y no lo puedes hacer, porque no hay plata. Ese es el rollo: cuando tienes la creatividad y tienes que empezar a negociar y a cambiar. Ese es el pedazo horrible del negocio.

Desde su primer libreto hasta el último, ¿qué tanto siente que ha cambiado?
-Cuando empecé, había un niño escribiendo; y en este momento lo último que he escrito es lo mejor que tengo. Uno siempre va dejando lo mejor para el final. Los libretos del principio eran un gran desastre, pero estaban llenos de un gran corazón. Eso es lo que nunca se ha perdido en 20 años.

¿Cuándo se puede decir que un libreto es contundente?
-Hay medidas como el rating, pero a veces hay cosas más grandes y es el boca a boca de la gente. Yo entiendo más rápido cuando es un éxito, a través de lo que la gente dice; que a través de las cifras y composiciones de rating.

El día que se lanzó El Joe, por ejemplo, el canal organizó  un evento con los medios, pero yo preferí irme para mi tierra, me quedé en el parqueadero de El Único. Como uno no es conocido, ni es famoso, ni sale en ningún lado, me metí entre la gente abrazado con mi mujer, como si fuera cualquier otro. Ya me sabía ese capítulo de sobra. Más bien estaba pendiente a las caras de la gente y, viendo sus expresiones, me iba dado cuenta de lo que pasaba en la serie. Cuando se acabó el primer capítulo, descansé. Cuando vi que la gente se reía en los momentos que debía, dije: coño, la conectada ha sido brava. Esta vaina funcionará.

¿Cuándo supo que escribir era su mejor forma para vivir?
-Yo no nací pa´nada más. O sea, no sé hacer otra cosa. A mí me se quema hasta el agua. Lo único que más o menos sé es escribir. Cuando estaba chiquito, mi abuelo me compraba la revistas esas de Condoritos y cogía los muñequitos y les tapaba los globitos y me decía: ¿qué le dice este a este? Y yo le respondía: Dame comida. Y, ¿qué le responde este a este? Durábamos horas ahí. Creo que desde ese momento descubrí que escribir era importante.

¿Ha habido alguna actriz o actor que le haya sugerido cambios en el libreto?
-Todo el tiempo hay cambios en el libreto. El libreto no es una obra terminada. Cuando uno escribe, sabe que eso se sigue transformando. El libreto simplemente es la semilla de donde sale todo. Y si no tiene cambios, estoy seguro de que estás condenado a un fracaso.
Tuve una sola actriz(me reservo el nombre) que no quería hacer el papel de mala, sino que quería quedarse con el protagonista. ¿Tú puedes creer eso? Esa vaina es imposible. Pero del resto, todos los actores aportan. La primera cosa que digo antes de empezar la grabación es: 'aquí está la historia y necesito que todos los personajes que ustedes tienen, los engrandezcan'. Me siento a ver televisión y es divertidísimo, cuando le meten palabras, le quitan otras.

¿Hay libretos que se han quedado en el cajón?
-No, el único que se había quedado en el cajón hasta ahora está en este momento estudiándose en Estados Unidos. Y otro, que era una historia que había escrito, al estilo de Cartas de amor, la arranco a escribir esta semana.

¿Hubo alguna historia a la que no le tuviera mucha fe y lo haya sorprendido gratamente?
-Cartas de amor, nunca pensé el éxito que tendría. Y si te soy sincero, no creo mucho en las cosas antes de salir. Para esa novela, Juana Uribe, que fue la productora, trajo a la protagonista de México, porque si hubiera traído a una colombiana la gente hubiese reconocido que era una mujer. Y la idea era tener a alguien que nadie hubiese visto para que le la gente dijera: wow, ¿será un man o una vieja? Me acuerdo que en los créditos del principio, por ejemplo, ponían Cupido, para que la gente se confundiera. Incluso, creo profundamente que más de una mujer desarrolló una especie de lesbianismo light con ella.

¿Cómo es el proceso de libretear un personaje que tiene matices de bondad, pero también de maldad?
-Soy psicólogo también. Eso lo responde todo. No creo que las personas sean buenas ni malas y uno como escritor tiene que entender que hay historias de vida y que cada una es absolutamente válida, respetable y única. Yo respeto profundamente a un asesino que violó o masacró un pueblo; y respeto profundamente al que fue asesinado. No considero que nadie sea bueno o malo, me parece que cumple una historia y listo. La decisión moral la tiene el público, no uno.

Lo que sí no me parece es hacer pasar de bueno a alguien que no lo es tanto. Y hacer pasar por malo a alguien que no lo es tanto.

¿Por qué alguien tan exitoso aceptó esta entrevista?
-No soy exitoso, no me gusta esa palabra. Simplemente he sido constante y disciplinado, eso es todo. Mira, ahora que venga la nueva novela de Celia Cruz vas a ver que habrá toda la publicidad. Cuando las vainas están en televisión, el canal tiene una maquinaria de publicidad muy bárbara con la que no cuento ahora que escribí mi primera novela literaria. Esa historia había quedado desde hace mucho tiempo atrás, es de esas historias que no se pueden contar para televisión, porque no es pa' todo el mundo. Siempre he dicho que si hubiera tenido que contar El Joe en una película, no hubiera contado ese Joe. Me tocó contar el personaje de Walt Disney, el que todos quieren ver, pero El Joe que yo me sé, que tuve que quitar, que no conté, es muy macabro, muy duro.
Entonces Martirio sabía que no podía contarla en televisión. Siento que el tema de los libros es chévere, entonces busqué una editorial que me encanta, que es independiente, y no voy a tener la presión de televisión que tiene que pegar. Esto es como un hobby, pero que implica llamarte a ti, porque cuando uno no tiene el canal detrás, le toca moverse por su cuenta. El día del lanzamiento sólo vendí 12 libros, y me dijeron que me fue bien. Esto es otro ritmo.

¿De qué trata Martirio?
Martirio es una historia de amor traspasada por el mundo de la música de los 90. Cuenta el drama de un bajista muy fracasado, que vive en la miseria más absoluta, que quiere surgir, pero no sabe cómo y de pronto conoce a una mujer, que le llaman Shoshana, (que es una canción de un músico de jazz), y queda enloquecido con ella. Entonces comienzan una relación que es muy sexual. El libro está lleno de sexo, de sordidez; es un libro muy subterráneo, muy podrido, tiene cosas muy fuertes, el lenguaje es muy duro. Y la historia es el encoñamiento de él con ella. Cada vez que están en el momento justo, no se la puede comer, porque algo pasa. Y ya veremos al final qué sucede.

¿Qué tan distinto puede ser escribir un libreto a un libro?
La televisión es un trabajo en equipo; es decir, siempre que escribo es con alguien al lado. Pero la literatura es un agujero negro donde nadie te dice nada, es rarísimo. Acá todo es solo, vas a buscar y solo te encuentras a ti. La literatura es brava. 



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