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Ariadna, luz sin sombras

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Era 18 de diciembre de 2014. En vísperas de Navidad, la mujer más hermosa de Colombia pisó un territorio hostil, donde nuestros hijos y hermanos entrenan para ir al monte y dar la vida por la patria: el Fuerte Militar de Larandia, en zona rural de Florencia, Caquetá. Ariadna Gutiérez, Señorita Colombia, llegó en un avión de la Fuerza Aérea junto a Juan Carlos Pinzón, entonces Ministro de Defensa; María Lozano de Pinzón, esposa del exministro, y algunos artistas colombianos.

Sintió tanta felicidad como tristeza -confiesa ella misma-. ¿Por qué tristeza, si hubo rifas y regalos para los militares? Porque tuvo que verlos partir a la selva acompañados sólo por la esperanza de volver a casa y de estar vivos en Nochebuena.

“Había un grupo de soldados con sus morrales -recuerda la reina-. Ya se iban para el monte, era la última foto conmigo y con unos artistas que me acompañaron. Era vernos y decir: ‘necesito volver para mostrarle esta foto a mi mamá’...uno de ellos tenía un morral con una botella de gaseosa vacía y eso era lo único que llevaba. Eso es lo que más me ha dado duro, lo que más me ha impactado en este año de reinado”.

A un día de entregar la corona, Ariadna se confiesa. Dice que esta frenética aventura, que empezó en noviembre de 2014 con su elección como soberana de los colombianos, es sinónimo de disciplina y antónimo de arrepentimiento. Habla de sueños, de sacrificios, de recompensas y de reinas “sabelotodo”. ¡Adivine cuál es el lugar que más extraña de su casa!

¿Qué significa este año de reinado para Ariadna Gutiérrez?
Disciplina, amor y solidaridad.

¿Qué es lo más bonito de esta experiencia?
No, mencionar una sola cosa es muy difícil, pero lo que más puedo resaltar es el amor de los colombianos, que siempre me recibieron con una sonrisa en cada lugar que visité. Nada empañó mi año como Señorita Colombia. Siento que cumplí mi sueño, cumplí mi meta de ser una reina recordada de forma positiva.

El sacrificio más grande...
Es, definitivamente, dejar tu vida en 24 horas y en 24 horas tomar la posición de Señorita Colombia -agarra la taza de café y toma un sorbo-.
Es asumir no simplemente la agenda y los horarios, sino toda la responsabilidad que eso implica. Tienes el peso del país en tus espaldas.

¿Y la recompensa?
Mi mayor recompensa es saber que la gente no quiere que me vaya, no quiere que deje de ser Señorita Colombia.

Algo para no olvidar...
Que el Concurso Nacional de Belleza me dio la oportunidad de hacer cosas que ninguna Señorita Colombia había hecho, como presentar la transmisión del Desfile Artesanal y de traje de baño en un canal de televisión nacional. Eso es confianza.

¿Qué piensas de quienes creen que las reinas tienen que saber de todo?
Creo que la gente a veces es muy intolerante. Ni un profesor de cultura general se las sabe todas y es ridículo pensar que nosotras tenemos que saberlo todo, como si fuéramos enciclopedias. Simplemente hay que responder con naturalidad, ¿sabes? Para preguntas bobas, respuestas bobas. A veces hacen preguntas para corcharnos y los que terminan corchados son ellos. A esas personas les digo que utilicen su tiempo en cosas un poco más productivas que criticarnos, porque las reinas somos seres humanos comunes y corrientes.

¿Qué pensaste cuando empezaron a criticarte porque estabas pasada de peso?
Al principio me dio risa y después comencé a pensar ¡qué estrés! La gente critica a toda hora y no entiende el sacrificio que uno hace, porque a diferencia de todos los concursos del mundo el reinado de Colombia se enfoca no sólo en preparar a la reina físicamente para Miss Universo, la reina dura un año en labores sociales. A veces no hay tiempo para dedicarse a uno mismo, porque te entregas en cuerpo y alma al país. Hubo una época que estaba así porque tenía muchísima agenda, pero sabía que antes de Miss Universo el Concurso me iba a dar el espacio necesario y yo me lo iba a proponer. Me gusta que la gente me vea y se dé cuenta que todo es pasajero, que se puede cambiar siempre que haya voluntad.

¿Quieres decirle algo a Cartagena?
Sí, ¡gracias! Es mi segunda familia, me dio ese amor durante un año.
Esta ciudad me ayudó a ganar, porque la gente pedía que me convirtiera en Señorita Colombia.
Pasemos a la Ariadna de carne y hueso. La bella mortal que come, llora y se cansa.

¿Cuál es el lugar que más extrañas de casa?
¡La cama! -carcajada-. Claro, la cama, el comedor y la comida. Me encanta descansar.

Hablando de comer, ¿cuál es tu comida favorita?
¡Ummmm...difícil! Tengo una lista grande -ríe-, pero definitivamente me encanta el mote de queso. Ya un poco más americanizada, diría que me gustan las hamburguesas y la pizza. Amo los postres y todo el mundo en el Concurso sabe eso, pero no los puedo comer. Hace dos meses, cuando estuve con mi familia en Miami, me comí un helado.

¿Qué pone a Ariadna feliz?
La solidaridad.

¿Y de mal genio?
Las injusticias. Odio que haya personas que se crean más que otras y las humillen y odio las mentiras. ¡No puedo con las mentiras!

¿Canción favorita?
No tengo. Soy una persona muy rara porque no tengo ni canción ni artista favorito. Me gusta el reguetón, la música pop y también el reggae.

Un pequeño placer...
¿Tiene que ser pequeño? -ríe a carcajadas-. Bueno, viajar no es algo pequeño, pero me encanta viajar para conocer culturas nuevas...gente nueva. ¡Comer! Comer también es un gran placer.

¿A qué le tienes miedo?
A no poder superarme. Le tengo miedo a limitarme como persona. Temo que llegue un momento en mi vida que diga: no puedo.

¿Y pena?
¡A cantar en público! Me daría pena y "requetecontra" pena.

Defínete en una palabra.
¡Nooooo! Es muy difícil. Defíneme tú en una palabra que no sea loca -le dice a Susana, su chaperona, mientras ríe-. Susana responde: “para mí, alegre”.
La reina se levanta. Camina con desparpajo y seguridad. Entra a su cuarto y abre una puerta que da al balcón. ¿Qué hay en la habitación de la Señorita Colombia? Zapatos, zapatos y más zapatos. Vestidos y ganchos. Y sobre la cama, una caja de lirios morados casi tan bellos como la sonrisa de Ariadna.

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