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Cañate y la vida nocturna del Centro

De espaldas a la Torre del Reloj, miras al horizonte y no puedes evitar pensarlo: parece que hay una persona por cada lucecita navideña del Camellón de los Mártires, y apenas es miércoles.

Cierras los ojos y puedes oler el gentío, la sal de los que aún a las ocho de la noche no se quitan el vestido de baño, el sudor del vendedor de tintos… ¡Los palitos para la selfie, lleve los palitos para la selfie! -grita un hombre-, suena la dulce campana del carrito de los helados y sus llantas desgastadas batallando contra el suelo de la Plaza de La Paz. Escuchas los pitos de los carros y del Transcaribe, las cientos de miles de voces que conforman un murmullo parecido al de una colmena de abejas locas. El Centro está más vivo que nunca este 3 de enero

Te vas abriendo espacio entre la gente, ves al flautista de la Torre, pasas a la Plaza de Los Coches y te chocas de frente con una revoltura entre la Liga de la Justicia y Los Vengadores. Por aquí está Flash, por allá dos Ironman, más adelante Batman y Cyborg, pero extrañas a Superman y al increíble Hulk… Todos hablan perfecto español con un acento raro, cónchale, chamo, ¿cómo habrán aprendido a hablarlo tan bien?

¿Sabes quiénes también andan por aquí? Doña Florinda y el profesor Girafales, a blanco y negro, en la cartulina del señor aquel, de gorra, suéter rojo y zapatos gastados por el tiempo. Se llama Cañate, Eduardo Cañate Valdés, de los de Palenque.

-¿Cuántos años tienes? -preguntas-.

-¿Cuántos me pones? -replica y sonríe-.

-¿Veinte? -ríes-.

-Tengo el doble -vuelve a reír- y me dedico a hacer retratos hace 22 años, siempre aquí, en el Centro.

Cañate es retratista y caricaturista, de esos que andan por las callecitas y plazas de la ciudad vieja cargando dibujos de rostros a blanco y negro. Se proclama “el primer caricaturista en toda -dice fuerte- la historia de Palenque, y el que comenzó con este oficio en Cartagena”. Jura que es capaz de dibujar tu rostro, tus ojos y labios tan pero tan fielmente, que te va a sacar una sonrisa al final. Y promete que cumplirá su juramento en máximo quince minutos, y que te cobrará quince mil pesos. Y cumple, ya lo verás.

Vamos caminando por la Plaza de Los Coches y me dice que normalmente viene al Centro solo los fines de semana, pero que la temporada es fantástica porque tiene estas calles atiborradas de gente y así puede venir todos los días a trabajar. “Llego en las tardes, tipo cinco -explica-, regreso a mi casa en El Carmelo a las 12 o 1 de la madrugada, y si me toca amanecer trabajando, pues amanezco”. En un día bueno, bueno, se hace 200 mil pesos y 20 mil en el más maluco.

Es muy fácil distraerse mirando las piruetas de Flash, esquivando al coche que viene de La Aduana o charlando con Luis Miguel Palencia o simplemente Palencia, como le dicen a este pintor. Él pinta entre turistas y vendedores ambulantes, me dice que esta noche hay cuatro pintores (Jean Pierre, Palencia, Romero y Joaquín MacAusland) y que hacen parte de un colectivo que se llama Arte 25, que pronto se tomarán las calles del Centro y de Cartagena, haciendo arte en vivo y en directo. “La gente asedia a los pintores, admiran sus obras, toman fotos, preguntan por qué no se había hecho antes”, me explica Palencia, y lo mejor de todo es que la gente les ha comprado obras. “Creo que la ciudad necesitaba esto, estamos haciendo una tarea social, cambiando las escenas de esta plaza en la noche”, apunta.

A todas éstas, ¿y Cañate para dónde cogió? Se ha perdido entre el río de gente. Camino hacia La Aduana, a ver si lo encuentro y miro a todas partes mientras suena Amor, se pareció tanto a ti, que no pude guardar, en mi cuerpo el deseo, que la tuve que amar, sentí la necesidad, de tenerme que entregar, sentí miedo, sentí el peso, de poderme equivocar... (Se pareció tanto a ti- Grupo Niche, 1990).

¡Ahí está Cañate! Viene con un colega suyo, me lo presenta y el señor sigue su camino. Cañate se queda.

-¿En cuánto tiempo me haces una caricatura?

-Quince minutos, máximo. ¿Quieres una?

-Bueno.

Señala una banca de las que están casi pegadas a la Torre del Reloj, ahí me siento yo. Él despliega un banquito pequeño y saca de su maletín negro una bolsa con doce lápices de carboncillo -tiene muchos porque no le gusta sacar puntas-, pedazos de icopor, pinceles y no sé qué más.

-¿Tengo que quedarme quieta?

-Puedes respirar -sonríe tímidamente-.

-¿Es la primera vez que te hacen una caricatura?

-Sí.

-Qué bueno que sea conmigo. Mírame, voy a necesitar que sonrías.

En el bolsillo del suéter tiene un pedazo de icopor y otro lápiz. Comienza a pintar el contorno de mi rostro y me dice que por allá en 1995, en el Hotel Hilton necesitaban un caricaturista y él hizo la entrevista, pero no lo escogieron. Eso lo retó a prepararse más, nunca fue a una universidad, pero leía cualquier libro de arte, y después salió a pintar en la calle. “Pero ese es solo uno de mis talentos”, dice. El hobby de Cañate es “resolver enigmas científicos”, problemas matemáticos y físicos. Vive en El Carmelo, tiene una hija de 16 años y suele dictar clases personalizadas de dibujo, matemáticas o física.

Ya pintó el brillo de los ojos, la sonrisa, las gafas y ahora va por el cabello. “No me gusta ridiculizar a la gente, prefiero resaltar las cosas bonitas que tiene, ver lo más bonito de mis clientes”, dice, va terminando el cabello. Difumina con el icopor y sus dedos, y a veces con un pincel. “¿Sabes por qué no ridiculizo a nadie? Una vez hice una caricatura de una niña y ella cuando la vio se puso a llorar, porque se sintió ridícula, desde ahí decidí no volver a hacerlo”.

Han pasado quince minutos, la obra está completa y yo, tal y como el artista lo prometió, no puedo dejar de sonreír y ahora caigo en cuenta, Cañate no usa borrador. Yo no sé si es que no la embarra o, quizá, con su talento tiene el poder embellecer hasta los errores.

***
Él envuelve la cartulina y la sella con un cauchito. Yo sigo mi recorrido por el convulsionado corazón de la Cartagena turística. Ahora suena otra salsa, la campanita de los helados. Explotan luces en el cielo. Cañate dibuja ahora el rostro de un niñito. Quizá amanezca pintando, sin pretender borrar sus errores.



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Comentarios

EXCELENTE

Esta sin son noticias que queremos leer y escuchar; buena esa...