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Carlos Ulanovsky: “Los periodistas no somos jueces”

A los 15 años, Carlos Ulanovsky ya sabía que su vocación era el periodismo. A través de la revista Orbe, que fundó, escribió y editó durante tercero, cuarto y quinto bachillerato descubrió la pasión por conocer a las personas a través de la entrevista y por escribir y describir el paisaje de cualquier contexto.

Del colegio pasó sin tregua a una sala de redacción y en ella han transcurrido 53 años de su vida. Ha integrado el cuerpo de periodistas de importantes diarios como El Clarín, La Opinión, Página 12 y La Nación, en Argentina; y El Universal, en México. Ha escrito en las revistas Satiricón, Humor, La Maga, Interviú y Proceso. Hizo televisión en Televisa y es un maestro de la radio; medio al que está dedicado, a través de su programa Reunión Cumbre, que se transmite por Radio Nacional, en Argentina.

Más de medio siglo de experiencia que le ha permitido contar su aprendizaje en esta profesión a través de 23 libros.

Carlos Ulanovsky estuvo en Cartagena hace unos días integrando el grupo de jurados de la categoría de radio del Premio Roche de Periodismo en Salud impulsado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano Gabriel García Márquez. Es un hombre de 72 años, que no se ufana de lo que sabe y que maneja un lenguaje sencillo para hacerse entender, de cabeza cana y mirada tranquila. A la hora del almuerzo, después de una mañana agitada de debate para elegir al ganador, ofreció a eluniversal.com.co unos minutos para reflexionar sobre la “profesión más vieja del mundo”, sobre el antes y el después del Internet y el compromiso de los periodistas frente a la manera como escriben la historia del país en que se desenvuelven.

¿Cómo observa el papel de los medios colombianos en este período de transición del país, de pasar de más de 50 años de conflicto armado con las Farc a la posibilidad de firmar la paz?

-La sensación que le da Colombia al resto del mundo es que está en camino a una cosa buena y frente a eso el papel que le corresponde a los medios es el de informar sin ninguna clase de operaciones, sin deformaciones. El periodismo en algún momento en Argentina (en el período de transición de la dictadura a la democracia) era tan relevante y tan necesario que eso nos hizo confundir a los periodistas y nos convertimos en jueces. Me parece que ese no es el camino, el camino claramente es ir a buscar información, trabajarla, procesarla, sistematizarla, ordenarla, trasmitirla de la manera más entendible posible y ponerla a disposición de la gente. Nada más.

¿Usted ve en Latinoamérica un periodismo independiente o sumiso al poder?

-No creo para nada en la independencia de los medios. Creo haber trabajado en una de las publicaciones más independientes del periodismo argentino que se llamaba La Maga, una revista cultural semanal, y éramos absolutamente dependientes. Dependíamos de los 5 mil lectores que teníamos por semana, dependíamos de que no se olvidaran los jueves de comprarnos, podía ocurrir que ese jueves lloviera muchísimo o ese jueves hiciera muchísimo calor o mucho frío y la gente no saliera a comprarnos o pasara algo en el país que hacía que la gente se distrajera por 24 horas y esas 24 horas para nosotros eran fatales; y también éramos dependientes de los pocos anunciantes que teníamos.

¿Cómo se le hace el quite a esa dependencia?

-Con una sociedad más inteligente, con empresarios más inteligentes; que valoricen la cultura y la diversidad de opiniones.

Existe mucha narrativa sobre los cambios que el Internet ha provocado en el periodismo, ¿usted qué opina?

-Soy un privilegiado, he vivido el antes y el después del periodismo frente a Internet y puedo decir que aunque hace años se está hablando de un período de transición, aún es válido seguir hablando de ello porque esa transición continúa en Latinoamérica y el resto del mundo. De repente ha llegado Internet, que es una bendición para todos por muchas razones, y ha generado que la mayor parte de los diarios impresos entren en crisis. Los diarios escritos no la están pasando bien, se han visto en la necesidad de hacer una edición online, pero creo que todavía Internet no ha llegado al punto que podría llegar. Todavía hacer un diario online no significa como tal hacer un negocio.
Lo que se conocía del periodismo, absolutamente todo hoy está en discusión.

¿Internet le ha sumado o le ha restado al periodismo?

-La producción del contenido ha variado sin duda. Recién una de las compañeras del jurado decía que el tiempo de  atención de la lectura en Internet es de 8 segundos, eso me permite pensar que no hay demasiado tiempo para la crítica, ni para el análisis, ni para la profundización de la noticia.

En Argentina se han desarrollado mucho las señales de cable informativas y tienen un elemento que es el “zócalo”, esa franja que aparece en la parte de abajo de los monitores, y ha tenido tanto acogimiento que se le llama irónicamente la “Patria Zocalera”. Imagínese hay miles de televisores funcionando en los bares, las confiterías, en los restaurantes, en muchos lugares. Son monitores de televisión, pero mudos, no se escucha lo que se dice, pero sí se lee lo que sale en el “zócalo”, eso es lo que está marcando hoy, parece que es la nueva gráfica y responde a una estrategia de los medios por hacerse escuchar en medio de la excesiva oferta de información que hay en el ambiente, gracias a los múltiples terminales tecnológicos que existen.

En consecuencia, desde su punto de vista: ¿Cuál es la ventaja y la desventaja del periodismo frente a Internet?

-La desventaja es la falta de profundización, la imposibilidad de analizar más.

La ventaja: es evidente que se puede trabajar muchísimo mejor. Para personas que no nos quedamos con la única versión de las cosas sino que nos gusta trabajarlas, corregirlas y reescribirlas, Internet es un lugar ideal. Los nombres no son inocentes, a la computadora se le llama ordenador y entonces la computadora ha originado un periodismo más ordenado, pero mucho menos loco, mucho menos creativo, mucho menos disparatado. Hace pocas décadas, el periodismo era más lanzado, mucho más inquieto y por lo tanto mucho más inquietante.

En la Argentina ocurre una cosa parecida a lo que está pasando en muchos países, y lo empecé a notar en los años 90. Por razones de economía, los cronistas, los periodistas, los reporteros no salen a la calle sino que hablan por teléfono y consiguen las notas a través del teléfono, y eso tiene que ver con que las empresas dejaron de pagar viáticos, dejaron de pagar el vehículo, el taxi, el remis (vehículo de transporte especial), y eso ha traído la precarización de la información. 

El periodismo es llamado el cuarto poder, es una herramienta eficaz para crear masivamente opinión y también para manipularla; aun así quienes ejercen la profesión son mal pagos. Los salarios de los periodistas están en el rango más bajo entre todas las profesiones, en Latinoamérica. ¿Qué opina de ello?

-Me da la sensación que es una temática universal, también en la Argentina están mal pagos, hay condiciones de trabajo deficientes. En las redacciones hay muchísimas computadoras, pero pocos puestos de trabajo para los periodistas. La tarea de producción se debilita, se devalúa. Desde la década de los 90, buena parte de las empresas periodísticas se convirtieron en multimedia y hoy un diario o un canal de televisión, o una radio a.m., son para un multimedio pequeñas unidades de negocio, son parte pequeña de un negocio muy general.

¿Cuándo escribe en qué piensa?

-Primero que nada pienso en mí, en lo que me interesa, en lo que quiero contar, en lo que quiero narrar, en lo que quiero relatar, en lo que quiero transmitir, y eso sí, primero que nada, tiene que gustarme a mí para que le guste a los demás.

¿Para qué sirve el periodismo?

-El periodismo sirve para gran cantidad de cosas, pero básicamente sirve para enterarnos a la mañana siguiente que el mundo continúa en el lugar donde lo dejamos cuando nos fuimos a dormir. A veces sirve para interpelar al poder, a veces sirve para divertirse uno. Ahora en los últimos años se ha desarrollado una tendencia que no me gusta que es la de atacar a la gente y se ve mucho en televisión, parece que hay un periodismo muy enojoso que no hace bien a nadie.

¿Qué le diría a los periodistas jóvenes?

-Le daría la misma recomendación que me hicieron a mi cuando yo empecé. Que lean libros, eso abre la cabeza, amplía el lenguaje, renueva los contenidos, mejora la imaginación. Les diría también que le den mucha importancia a lo vocacional, a lo del corazón. El periodismo no solamente es una forma linda de ganarse la vida, sino también es una forma de responder desde el corazón a las vocaciones.

¿Volvería a ser periodista?

-Claro. Hay un dicho irónico que dice que el periodismo es lindo porque se conoce gente y la verdad es que es así. El periodismo, en especial el que se hace a diario, te deposita cada día en lugares inexplorados, inesperados. Yo que no soy un graduado en ninguna carrera tuve como principal fuente de conocimiento al periodismo.
 



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