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Cartagena con la lengua suelta

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¿Quién no recuerda las tertulias en el Centro, donde se solía hablar de lo divino y de lo humano, donde no se dejaba títere con cabeza y se intentaba arreglar la ciudad?

De esos años mozos de tertulias en el Centro se acuerda muy bien José Henrique Rizo Pombo, un cartagenero de pura cepa, ex ministro, ex alcalde, arquitecto pero sobre todo consumado tertuliador quien – recuerda- solía sentarse en cualquier esquina cartagenera a “echar” cuento, a arreglar el mundo, a chismosear y a hablar de todo lo que pasaba en el país “porque es que antes no habían celulares, antes la comunicación era personal, ahora uno no se ve ni las caras y no existían los medios de comunicación que hay hoy día”.
Las peluquerías, las esquinas, las tiendas, los cafés y los almacenes de Centro eran los lugares predilectos de cartageneros y cartageneras que se sentaban a hablar informalmente de las historias macondianas que pasan en una ciudad donde la realidad no está muy lejos de la ficción.
Y es que historias como las del ladrón que se quedó dormido mientras robaba y personajes como la negra más elegante de Chambacú que portaba en los bordes de la falda cascabeles de oro, o la de La Carioca, una mujer “temida” por su peculiar forma de cobrar, fueron siempre parte de las tertulias cartageneras. Incluso hoy son recordadas por cartageneros que alguna vez se toparon con ellos, como Álvaro “El Curro” Angulo Bossa, quien una que otra vez –dice- fue “víctima” de esta señora –La Carioca- que vivía en Manga y que tenía por actividad “cobrar y cobrar”.
“El Curro”, conocido personaje de la ciudad y nacido en El Cabrero, recuerda muy bien donde se hacían las tertulias y de qué se hablaba.
“Las tertulias en El Cabrero no funcionaban en un sitio determinado, sino en un bus y el conductor se llamaba tertuliano, ese bus le pitaba a la gente en la mañana y en la tarde. Me acuerdo que le pitaba a Lala Pombo y ella le decía ‘ya va tertuliano que estoy desayunando’.
“El tertuliano hablaba de todo el mundo y de todos los temas, no se le escapaba nada”.
Juan Gutiérrez Magallanes, historiador, escritor y profesor, recuerda también a los personajes de su barrio; al Sargento Aguirre, un militar que vivía en Chambacú pero que imponía el orden en San Diego y que mandaba a más de una a dormir temprano.
“Salía gritando por todo Chambacú, mandando a los jovencitos a dormir porque dizque había redada”.
Igualmente hace memoria de las tertulias en Chambacú, esas que se hacían en el garito de su abuelo y hasta en la bajada del puente donde se reunían con el sacerdote y se ponían a hablar.
Otro de esos personajes, denominado buen contertulio y dueño de la más famosa tienda y tertuliadero de Manga, es Antonio “Toño” Flórez, reconocido por su delicioso jugo de maíz y por ser un tendero singular, que se sabía el nombre de todos sus clientes y que siempre tenía un dulce para los niños que iban a su tienda “Donde Toño” a comprarle.
Más de un personaje de la ciudad, típico “manguero” recuerda el jugo de maíz y la amabilidad de este sandiegano, también reconocido por sus cuentos de tertulia.

AQUELLOS TIEMPOS
Francisco Pinaud Bustamante, economista, diseñador gráfico, profesor universitario y propietario de la Editorial Bolívar, añora esos tiempos en los que podían sentarse a tertuliar en los cafés, almacenes y hasta en las peluquerías.
“Antes no había ningún problema en sentarse a hablar en las esquinas, en los cafés y en las peluquerías, de deportes, mujeres, de los sucesos del día y de los problemas de las personas. Pero es que ahora también la ciudad se ha vuelto impersonal y como el Centro ya no es barrio pues se perdieron esas peluquerías y sitios para tertuliar”.
Pinaud dice que el tertuliadero por excelencia en la ciudad era el Centro histórico y que su esencia eran las tertulias pero “ya casi no hay espacios públicos donde uno pueda sentarse a hablar, porque lo privado se ha metido en lo público”.
Augusto Martínez, ex alcalde de Cartagena, considera que las tertulias en Cartagena no se han perdido, sólo que “el mundo va cambiando, las generaciones van cambiando, los espacios van cambiando y precisamente lo que se quiere es que esas nuevas generaciones despierten su interés por las tertulias y se reúnan a conversar eses temas que tienen en común”.
En una oportunidad el fallecido poeta, novelista y cronista de El Universal, Héctor Rojas Herazo, dijo que las tertulias en el Portal de los Dulces eran tan buenas e interesantes que se sabía más de la realidad del país y de la ciudad en ese lugar, que lo que se sabía a través de los medios de comunicación.
Y todo porque el Portal de los Dulces era un paso casi obligado en el Centro y porque la gente comentaba, especulaba y solía tener una agudeza única para enterarse de las cosas.
Lo cierto es que esta costumbre de origen español y que se mantuvo arraigada hasta mediados del siglo XX en las colonias independizadas del imperio español no debe dejarse morir, porque es una tradición oral que hace parte de la ciudad, que cuenta su historia y que la revive, cada vez, que los contertulios sueltan la lengua.

TERTULIAS CONOCIDAS
Periodistas como Gabriel García Márquez, Gustavo Ibarra Merlano, Clemente Manuel Zabala, tenían en las instalaciones de El Universal una tertulia, no era académica, era informal, se hablaba de todo y de la sala de redacción se trasladaba al Camellón de los Mártires o a cualquier parte del Centro. Ahí continuaban la tertulia.
Otra tertulia conocida era la de Jorge Artel, José Nieto, Donaldo Bossa Herazo quienes hablaban de literatura y de política.

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Comentarios

En verdad que todo cambia,no

En verdad que todo cambia,no hay ni un comentario,las tertulias dan mucha hambre, y con todo caro es mejor permanecer callado.A barrer las calles de cartagena.COCODRILOS