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Casa Kolacho y su arte que derrotó al conflicto

Estoy en la parte alta y miro hacia abajo, en San Javier, más conocido como la Comuna Trece de Medellín. Hasta aquí me trajo un bus que parte de San Javier, la última estación del Metro.

Nadie puede creer ahora que el lugar de los conflictos, en donde floreció la muerte, hoy el arte haya derrotado los conflictos hacia una mejor convivencia.

Para llegar a este apareje alto, el bus toma una carretera angosta y empinada, y al bajarme, toca seguir subiendo...a pie.

Dos de la tarde. Acabo de almorzar bandeja paisa y voy a comenzar el “Graffitour”, un recorrido dirigido por el colectivo Casa Kolacho, en el que se observan en las paredes de la Comuna, grafitis de artistas internacionales y del sector que narran con sus trazos, las realidades de esa comuna.

El plan se torna atlético. Más de dos meses sin actividad deportiva son el presagio de que dolerán las piernas con las dos horas de recorrido, subiendo y bajando escaleras.

Me recibe Ciro, a secas, sin apellidos, un rapero de 26 años que a pesar de haber sufrido un disparo en su pierna derecha, decidió hacer resistencia a la guerra con el arte. Viste una camiseta gris, cachucha amarilla, mochona de overol y unos zapatos “pisa huevo”. Estudia Ciencias políticas.

Habla con autoridad, tiene el don de describir con su tono y palabra, la realidad, y sensibilizar el alma de quienes le escuchan. Es el guía de un recorrido contado desde las víctimas, “los únicos que pueden tener una posición coherente frente a la guerra”, dice.

El cielo está nublado, llueve un poco y tengo frío, pero es normal para Ciro, por eso dice: “arranquemos”.

A cien pasos de donde empezamos está el parque infantil Sergio Céspedes, lleva ese nombre en honor a un niño que murió por una bala pérdida en medio de un enfrentamiento de la policía con grupos armados de la zona, hace tres años. Tiene un sube y baja de diez metros por el que se deslizan las sonrisas de los pequeños.

Alrededor de ese parque y en toda la comuna, las casas están pintadas de amarillo, rojo, azul, verde. Y sobre otras aparecen los grafitis, el primero que veo es el rostro de una mujer con un ojo azul y el otro café, su mirada es imponente, reina en su rostro el azul, negro, verde y rosado. Lo hizo Chotas, uno de los mejores grafiteros que tiene la Comuna. 

Los techos de las casas también están pintados de flores y figuras, hechas por dieciséis artistas de Casa Kolacho, con acrílico donado por la Alcaldía de Medellín.

Apología al micrófono, al aerosol y a la pista de baile
Son las dos y treinta y nos sentamos en un suelo de concreto, en el sector “Plan del Che”, su nombre real es Villa bhhbbhb. Desde ahí se divisa toda la comuna y Ciro vuelve a la historia de la violencia y al cambio que trajo la pasión de muchos por el arte.

“Aclaro, acá cuento nuestras historias, nuestras vivencias. Lo cuento tal como lo siento y como lo viví.

Entre 2001 y 2002, la comuna 13 recibe veintiuna operaciones por parte del Estado colombiano, estoy hablando de operativos militares a sangre y fuego cada vez más fuertes. Algunas operaciones: Amanecer, Contrafuego, Potestad, Otoño 1, Otoño 2. La Orión, por ejemplo, se desarrolla el 16 de octubre de 2002, son cuatro días a sangre y fuego.

La filosofía del Estado: acabar con la plaga guerrillera, sin importarles que en las calles hubiera mujeres embarazadas, niños o jóvenes. No se permitía el ingreso de medios pero desde la distancia, un camarógrafo logra captar cómo dos helicópteros “black hawk” inclinan su cabeza y empiezan a disparar balas calibre cincuenta contra este territorio. Balas capaces de atravesar una barra de hierro, ¿qué haría con uno de estos tejados, en los que a veces llueve más adentro que afuera?, ¿qué harían con el cuerpo de un niño o de un joven?...

Excusa: había trincheras guerrilleras...tres días en los que más de tres mil efectivos del Estado y paramilitares del bloque Cacique Nutibara acabaron con malos, pero también con muchos inocentes. Con esos ataques se va la guerrilla pero queda instalado el paramilitarismo.

Para mí hace catorce años no era extraño salir al colegio y ver hombres con las manos amarradas, con una mirada agonizante y gritando: ‘me van a matar’. O ver a dos hombres jugando fútbol con la cabeza de alguien a quien habían decapitado en plena vía pública…y la fuerza pública sin hacer nada. Repito, el Estado comete cientos de horrores en complicidad con el Paramilitarismo y genera terror entre las personas. Mueren niños, jóvenes, mujeres, hombres, que eran enterrados en una de las fosas comunes más grandes de latinoamérica: la escombrera, que esta acá, diagonal a nosotros (la señala). El Estado habla de ciento veinte, pero de acuerdo al consenso de la comunidad, son unos trescientos”, cuenta Ciro.

-¡Tenaz!- exclama Gabriel Santodomingo, un estudiante que Comunicación social de la Universidad del Norte, quien esta tarde forma parte del recorrido.

-En 2002 no todo era malo-, sigue Ciro, “Solo mes y medio después de la operación Orión, el presidente Uribe permite el paso de Medios a la comuna, pero la gente tiene miedo de hablar.

José Arellano, un habitante de acá, empieza a escuchar hip hop y ve ‘pintas’ de aerosol en las calles. Mientras muchos tenían miedo de hablar, había gente denunciando su dolor en las paredes públicas. José hace una convocatoria a los amantes de hip hop de la trece, a la que asisten más de 66 jóvenes que empiezan a formarse en política, historia y cultura. En ese momento dejan de hacer arte por arte y lo convierten en una herramienta de transformación y resistencia.

En diciembre de ese año hicieron el concierto “Operación hip hop, porque en la 13 la violencia no nos vence”. En 2004 se inició la Red de hip hop la Elite y el concierto empieza a llamarse Operación sin muertos.

Filosofía: mientras el Estado y los actores armados legales e ilegales ofrecían helicópteros, tanques y ametralladoras para la guerra y la muerte, la Elite ofrecería aerosoles, micrófonos y pistas de baile para el arte y la vida.

Soy de la Elite desde 2005 y desde ahí venimos trabajando...no dejándonos caer.

Un destello de colores

San Javier es un Medellín chiquito. Por sus calles se ven restaurantes, locales comerciales, peluquerías, ventas de flores, todo ello resuena en una fiesta citadina de colores resguardada por el colorido rostro de una mujer, firmado por Dexs, grafitero de Bogotá. Las letras son vieja escuela por sus brillos y forma, invadida de realismo, según describe Ciro.

Epílogo
La paz llegó hace catorce años a la 13 cuando en 2002, un grupo de jóvenes que casi vegetan con la guerra y sus estragos, eligieron el arte, el amor y la vida, por encima de abrazar el dolor y la misma guerra.
Ah…y cuando se aprendieron muy bien la lección de Jaime Garzón: “Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvárselo!...nadie”.
El recorrido por la trece termina con un leve sereno y un concierto de hip hop en Casa Kolacho, que se acaba a las 4 de la madrugada. Hay que hacer el Graffitour.

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