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Colombia y Estados Unidos tienen una relación madura

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El 7 de mayo pasado, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, envió al Senado el nombre de Peter Michael McKinley como embajador en Colombia, y en el comunicado de prensa que anunció la nominación, lo describe como “individuo de talento y dedicación”.

En el perfil biográfico publicado en la página web del Departamento de Estado, dice que McKinley nació en Venezuela, empezó su carrera diplomática en 1982, y desde entonces ha trabajado en las embajadas de Bolivia, Inglaterra, Mozambique, Uganda y Bélgica. Además, ha sido secretario asistente en el Departamento de Población, Refugiados y Migración, jefe de misión y encargado de negocios ante la Unión Europea y embajador en Perú, su anterior cargo.
Parte de su infancia y adolescencia la pasó en Brasil, México y España, hizo estudios universitarios en Inglaterra y obtuvo un doctorado en Oxford University.
Ese contacto con América Latina le ha permitido hablar perfectamente el español y conocer la idiosincrasia de nuestra región.
La Universidad de Cambridge publicó su investigación sobre Venezuela antes de la Independencia, títulado “Pre-revolucionary Caracas”, en la que sostiene que el vacío de poder en las colonias españolas de América fue lo que precipitó los movimientos independistas y no la insatisfacción de los criollos con su situación social.
Pero ahora no quiere hablar sobre ese tema, excepto en una conversación que no tenga fines periodísticos, y por eso afirma que sus días como historiador y académico quedaron atrás, aunque confiesa que se sintió a gusto entre viejos los documentos de la Colonia.
Para William McKinley, América Latina ha sufrido una enorme transformación en los últimos años y se ha vuelto un competidor global, gracias al despegue económico de algunos de sus países.
Su agenda en Colombia está centrada en tres prioridades: la promoción del respeto a los derechos humanos y los derechos de las minorías, la lucha contre el narcotráfico y el terrorismo y el fortalecimiento de las relaciones económicas.
Sobre este último aspecto, comenzamos a conversar con el Embajador, aprovechando su visita a Cartagena, la primera de carácter oficial que realiza.

¿Cuál es el enfoque económico de su gestión diplomática en Colombia?
—Quiero trabajar para contribuir a que aumente la inversión estadounidense en Colombia y para que exista un mayor intercambio comercial entre los dos países. En general, que la relación económica entre los dos sea mucho más fuerte.

¿Siguen las relaciones de Estados Unidos y Colombia marcadas por el tema de la seguridad y el narcotráfico?
—Más allá de la seguridad, Colombia y Estados Unidos tienen un gran potencial para desarrollar lazos económicos, políticos y culturales. De hecho, comercialmente, ese vínculo es fuerte, si se tiene en cuenta que somos el principal socio comercial de Colombia. En el futuro, y aprovechando la inclusión de Colombia en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidos, trabajaremos conjuntamente en temas políticos globales. El próximo 25 de octubre habrá una reunión de alto nivel para discutir asuntos de ciencia, tecnología y medio ambiente.

¿Cómo definiría la relación entre Colombia y Estados Unidos?
—Es una relación madura, y así lo ha reconocido hasta el propio presidente Obama, quien fue uno de los primeros que habló oficialmente con el presidente Santos, dijo que los dos países eran “socios”, y eso es un reflejo de los éxitos de Colombia en muchos campos.

¿Usted cree que las relaciones serán “e tú a tú”, como dijo el presidente Santos después de reunirse con su colega Obama?
—Me gustó mucho esa frase, porque ciertamente refleja el itinerario de las relaciones entre los dos países, cuyo balance poco a poco se irá inclinando hacia la ayuda al desarrollo y a la promoción de la democracia.

¿A propósito del respeto a los derechos humanos, usted cree que en Colombia se ha avanzado bastante en este campo?
—Hay un mejoramiento en la seguridad del país y se ha mejorado también el respeto a los derechos humanos, pero todavía falta mucho por hacer, hay que trabajar muchos aspectos. Pero sí se ha avanzado.

¿Hay algún énfasis de la ayuda estadounidense en programas dirigidos a las minorías étnicas de Colombia?
—En los programas de ayuda, respetamos las prioridades del gobierno colombiano, que es quien establece hacia dónde van enfocados los programas de ayuda.

¿Qué pasa con la aprobación del TLC?
—El TLC es importante para nosotros y sigue nuestro gobierno interesando en suscribirlo, pero es un proceso que debe superar las etapas necesarias para que sea eficaz, hay temas que todavía están pendientes de discutir, como el tema laboral y el de los derechos humanos, pero en los demás temas comerciales creo que se ha avanzado. Sin embargo, no me gustaría poner fechas para su firma. Además, el comercio bilateral sigue creciendo, aunque no hay TLC y hemos logrado avances congruentes con la iniciativa de exportaciones estadounidenses, llamada NEI.

¿Qué esperanzas pueden tener los colombianos de que se suavice la política de inmigración de Estados Unidos? ¿Todavía los especialistas y profesionales excelentes en las áreas de tecnología y ciencia pueden ir a trabajar allá sin problemas?
—Siguen vigentes los programas para que trabajadores altamente capacitados vengan a los Estados Unidos. Los mejores profesionales en ramas de la tecnología tienen una oportunidad aquí. Cada año, se permite la entrada legal de unas 800 mil personas de todo el mundo a nuestro país. La inmigración ilegal es lo que nos preocupa y seguirá la política que ha venido cumpliendo el presidente Obama.

El embajador McKinley es afable, y al hablar no se tensiona ni adopta una actitud de funcionario diplomático típico. Su sencillez rompe el hielo enseguida. Lo invitamos a visitar la sede del El Universal en su próximo viaje, y nos responde:
—Seguro que nos veremos en mi próxima visita, ojalá también en un ámbito más social.

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