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Con el habla en las manos

Con 22 años, Lilibeth Garcés Chimá logró graduarse de Administración Agropecuaria en el programa a distancia de la Universidad de Cartagena; y como esteticista, en la Corporación Tatiana Sierra, dos carreras que estudió al tiempo; Ahora cursa primer semestre de Pedagogía Infantil.

Hasta ahí todo parece normal, lo extraordinario está en que es sordomuda.
La época en la que la sociedad limitaba a los sordomudos a desempeñarse en oficios básicos como la carpintería o la fabricación de traperos, pasó a la historia.
Hoy los encontramos en las aulas de clases con alumnos regulares, en las universidades y hasta en las industrias demostrando que son tan productivos como los oyentes, como en el caso de Dalmiro Blanco Valencia que junto a ocho sordos más trabaja en una fábrica de golosinas en Mamonal.
El camino no les ha sido fácil porque en una sociedad donde la mayoría son oyentes, la cotidianidad se mueve al ritmo vertiginoso de los sonidos, pero en medio de su silencio ellos han avanzado con pasos concretos.
El 11 de octubre de 1996, luego de una marcha de protesta que protagonizaron frente a la Casa de Nariño, en Bogotá, fue sancionada en Colombia la Ley 324 por la cual se crearon algunas normas a favor de la población sorda, entre ellas reconocer su lengua de señas como un idioma más en nuestro país.
Este fue un punto de partida importante para generar integración e igualdad en todas las áreas de desarrollo, en especial en la educación. Doce años después los resultados se están viendo, pero no a la velocidad que ellos quisieran.
“La discriminación se siente más que todo en el desinterés de los oyentes en aprender nuestra lengua de señas. En ningún colegio de oyentes la enseñan a excepción de los institutos donde se promueve la integración, es decir que atienden estudiantes sordos. También la vemos en la televisión. Ningún programa usa intérprete porque a los oyentes les parece feo ver en la pantalla a una persona haciendo ‘morisquetas’ con las manos. Hay gente que todavía nos señala. Cuando nos ven, dicen: mira el mu’o ese”, comenta Lilibeth Garcés a través de la intérprete Desiree Simarra Mena, quien es también la persona que le sirve de conexión con los oyentes en la Universidad de Cartagena.
Desiree aprendió hace once años la lengua de señas por puras casualidades de la vida. Estando de compras en un centro comercial advirtió el desespero de una pareja de sordomudos que querían comprar una blusa blanca de mujer. “Parece mentira, ninguna de las vendedoras quería atenderla, no le entendían su necesidad. Eso me dio tristeza y rabia. Me hice amiga de ellos y les acepté una invitación para vivir con ellos dos meses en los que aprendí la lengua de señas. Eso cambió mi vida por completo porque la lengua de señas se ha convertido en mi profesión, por encima de la pedagogía infantil que fue lo que estudié”.
Actualmente Desiree es maestra en el Instituto de Habilitación para Niños Sordos, (Inhasor), y le sirve de intérprete a un sin número de sordos en la ciudad cuando necesitan ir al médico, a la iglesia o una reunión de cualquier índole; además se desempeña como intérprete para la Universidad de Cartagena.

LAS HISTORIAS
“El sordo que quiera salir adelante, no puede ponerse en el papel de pobrecito, sino de demostrar que es capaz de labrarse un destino próspero”, afirma tajantemente Dalmiro Blanco, quien para ser aceptado en la fábrica de dulces donde trabaja como ‘embolsador’ surtió el proceso como cualquier oyente: presentó entrevista y se sometió a las pruebas sicotécnicas.
Con su trabajo, Dalmiro sostiene a su esposa quien es hipoacústica (escucha mínimamente. Dalmiro es sordo profundo a causa de una meningitis) y su hija Daniela, de 6 años, con quien sostiene una relación excelente.
“La niña le hace más caso a su papá que a mí. Él no habla, pero con los gestos y señas es suficiente para que ella entienda”, comenta su esposa, Gilma Idarriaga.
A pesar de que estudió la primaria en un colegio para sordos, Dalmiro fue realmente consciente de su sordera a los 10 años, su familia nunca aprendió a manejar la lengua de señas y eso lo hacía sentir bastante incómodo. El bachillerato no lo completó, aprendió y ejerció la carpintería hasta que hace cinco meses se le presentó la oportunidad de entrar a la fábrica.
La historia de Lilibeth Garcés es distinta. Quedó sorda a los ocho meses de nacida a causa de un golpe que se dio en la cabeza tras caerse de un mecedor.
Desde el año, sus padres la sometieron a terapias auditivas, pero a los cinco, definitivamente tuvieron que matricularla en el Inhasor que es el único colegio para sordos que hay en Cartagena.
“Me acuerdo perfectamente de eso. Me sentía muy triste. Mi hermana mayor es oyente y yo me sentía diferente en la familia; pero Dios es maravilloso, mi mamá estaba embarazada y resulta que mi hermano, que ahora tiene 19 años, nació sordo. No es que me alegre que eso le haya pasado a él, sino que a esa edad fue demasiado importante porque yo sentí que ya no estaba sola en mi mundo y que, ahora sí, a mis papás les iba a tocar aprender mi lengua. La tristeza se desapareció a medida que sentía que iba a avanzando en el colegio. Cuando aprendí la lengua de señas, un mundo maravilloso se abrió para mi”.
Lilibeth se destacó siempre por ser disciplinada y estudiosa, se graduó de bachiller en el colegio Soledad Román de Núñez y de inmediato entró a la universidad. “El primer día en la U fue estresante. En el colegio había oyentes y sordos como yo, pero esa vez supe lo que era ser minoría, afortunadamente tengo un grupo de estudio que ha sabido valorarme a mi y a Rosaura, otra sorda que estudia conmigo”.
Su propósito es convertirse en maestra para ayudar a otros sordos y conscientizar a los oyentes que sería de gran beneficio para la integración de la sociedad si se interesaran en aprender la lengua de señas como se interesan por aprender el inglés o cualquier otro idioma.

FECHAS
En septiembre se celebra internacionalmente el Mes Internacional de la Persona Sorda con el fin de llamar la atención de los políticos, las autoridades y el público en general sobre los logros de las personas sordas y las preocupaciones de esta comunidad. El 30 de septiembre se celebra en Colombia el Día de la Persona Sorda y el Intérprete.
En 1996, Colombia se convirtió en el primer país latinoaméricano en reconocer los derechos de los sordos y el cuarto en el mundo, después de Canadá, México, España y EE.UU. En la actualidad ya hay más países sumados a la causa.

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