Con ranas salvarían millones de vidas

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El mundo está lleno de amenazas, pero también de herramientas para combatirlas, las que, por suerte, están en la naturaleza.

La rana mono está entre las seis especies que desde hace dos años se estudian desde la Maestría en Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias y Biotecnología de la Universidad CES, debido a sus cualidades y es que ¡puede salvar a la humanidad de la resistencia antimicrobiana!

Para hacernos una idea, la Organización Mundial de la Salud, OMS, define la resistencia a los antimicrobianos “como la capacidad que tienen los microorganismos (como bacterias, virus y algunos parásitos) de impedir que los antimicrobianos (como antibióticos, antivíricos y antipalúdicos) actúen contra ellos, debido en parte a que cuando tomamos un antibiótico que no necesitamos, aceleramos la resistencia a los mismos”. En conclusión, podemos morir porque los antibióticos no nos servirán.

Los docentes Luis Esteban Alzate Basto, Julie Fernanda Benavides Arévalo y Paola Andrea Zapata Ocampo, y las estudiantes Laura Mejía y María Clara Núñez, hacen parte de esta importante investigación.

En entrevista con El Universal, Luis Esteban Alzate explica en detalle:

¿Qué es lo que hace especial a las ranas?

- Resulta que es que las ranas viven en dos ecosistemas: en la tierra como adultas pero cuando se van a reproducir tienen que ir a los charcos, caños o ríos, y en esas aguas existe una gran cantidad de patógenos y de bacterias, hongos, y elementos que las pueden enfermar. De forma natural ellas tienen sustancias que las protegen, que son antibióticas contra esos patógenos. Han evolucionado durante millones de años, protegiéndose exclusivamente contra bacterias. La pregunta ahora es si nosotros los humanos podemos utilizar esos químicos.

¿Por qué emprendieron la investigación?

- La investigación surgió por un interés personal, debido a unas investigaciones que se han realizado en muchas otras partes del mundo, buscando antibióticos, pero se han hecho muy pocas investigaciones aquí en Colombia, donde tenemos una altísima diversidad de especies. Entones era hacer la evaluación con algunas de las especies colombianas. En el mundo, hay muchos medicamentos que ya están en fase tres, es decir que ya están en ensayos clínicos en pacientes humanos para el desarrollo de nuevos medicamentos a partir del veneno de las ranas.

Falta mucho en Colombia para poder hacer investigación básica, se destinan muy pocos recursos. Tenemos una deficiencia de conocimiento en cuáles son las especies, todos los años se describen muchísimas especies nuevas.

Por otro lado, Colciencias y los entes gubernamentales, piden investigaciones mucho más profundas que no podemos hacer, sin conocer primero qué tenemos. Es como una coyuntura algo triste. Nos comparan al nivel de Estados Unidos para conocimiento de ciencia aplicada.

¿Cómo se iniciaron en el mundo estas investigaciones y cuál es su importancia hoy?

- Hace 15 o 20 años, muchos investigadores trabajaron muy fuertemente en universidades de Arabia Saudita buscando nuevas propiedades a partir del veneno de las ranas. El problema principal es que se dejaron de lado las propiedades antibióticas, pues también se descubrió que las ranas tenían propiedades anticancerígenas. Los laboratorios que trabajaban con estos animales tomaron estas moléculas y desarrollaron tratamientos para el cáncer y no para tratar bacterias.

En estos anfibios hay unas sustancias que se llaman péptidos (el espectro de actividad de los péptidos antimicrobianos es amplio. Se encuentra actividad antiviral, antifúngica, antibacteriana e, incluso, en algunos casos, antitumoral) y este descubrimiento data tal vez de 1950. Se descartaron a los anfibios como fuentes de antibióticos.

Hoy, lo que nos indican las bibliografías y la OMS es que el mayor riesgo que tenemos de aquí a unos 20 años es la resistencia antimicrobiana. Van a morir más personas por enfermedades relacionadas a la resistencia de bacterias, que por cáncer. Por eso se han hecho comunicados de urgencia para crear nuevos medicamentos.

Hace unos dos años se descubrió que un nuevo mecanismo que tienen las bacterias es compartirse entre ellas la información de cómo tener resistencia a los antibióticos.

Ni siquiera tienen que ser de la misma especie de bacteria, simplemente si existe una con resistencia a la meticilina y deja su maquinaria en un paquete por ahí, llega otra bacteria a ese paquete y ya obtiene la misma resistencia. ¡Nos vamos a morir de eso!

¿En qué parte de Colombia están estas ranas?

- Las zonas con más especies están en el Magdalena medio Antioqueño, pero también están ampliamente distribuídas por todo el río Magdalena incluso en el departamento de Sucre, y por los lados de Montes de María. En principio trabajamos con 17 especies. Hicimos un tamizaje previo para ver cuál podría tener algún tipo de actividad y con esas pruebas seleccionamos unas que sí tenían una muy alta actividad antibiótica. Quedaron seis especies, entre las que están la rana venenosa de rayas amarillas, el sapo común, la llamada rana silbadora y una rana verde de ojos rojos llamada rana mono.

Cuantificamos cuál era su poder antibiótico en el laboratorio, y nos dimos cuenta de que la rana mono tiene una capacidad antibiótica mucho más alta incluso que los antibióticos comerciales actuales como la ampicilina y el ciprofloxacino.

¿En qué fase está

la investigación?

- Por ahora nos falta hacer otros estudios. Trabajamos con algo que se llama la muestra cruda o completa. Desarrollamos una nueva técnica para que la rana no sufriera mucho y poder obtener el veneno de una forma no tan agresiva. Si bien no obtenemos mucho veneno, la rana puede ser liberada minutos después, antes había que matarlas.

Tenemos esta muestra cruda y entonces algo que tenemos que hacer es identificar qué es lo que hay en la muestra. El problema es que para eso necesitamos unos recursos y permisos del Gobierno, pero esos permisos son algo que nos puede tomar entre uno y dos años conseguirlos. En el país algunas veces no permiten avanzar la ciencia como quisiéramos.

Lo otro que hay que hacer es con esas muestras evaluar la toxicidad que tienen estas sustancias, debemos hacer una línea de cultivos celulares y evaluar si estas sustancias no dañan los tejidos celulares de humanos. Ahí salen muchas posibles sustancias que son antibióticas pero que como son tóxicas no pueden ser usadas, se deben seguir evaluando y estudiando.

El próximo paso es evaluar la inocuidad para el ser humano, para los tejidos de mamíferos y después de eso encontrar cuál es la molécula que les da esa propiedad.

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