Publicidad
Publicidad

Indicadores económicos
2016-12-03

Dólar (TRM)
$3.061,04
Dólar, Venta
$2.900,00
Dólar, Compra
$2.800,00
Café (Libra)
US$1,60
Euro
$3.257,55
UVR, Ayer
$242,37
UVR, Hoy
$242,37
Petróleo
US$51,68

Estado del tiempo
2016-12-03

marea

Marea min.: -13 cms.

Hora: 23:02

Marea max.: 19 cms.

Hora: 13:37

Dirección viento: Variable

Intensidad viento: 1.8 a 9 kms/h

Temp. superficial del mar: 25 ºC

oleaje

Cartagena-Islas del Rosario: 0.5 a 0.8 metro(s) de altura

Estado

estado
Mín. 25 ºC
Máx. 30 ºC

Pico y placa
2016-12-03

Hoy no salen los vehículos con placa:

Vehículos Particulares

De lunes a viernes 7 a.m a 7 p.m- Sábados de 7 a.m a 3 p.m

7 - 8
Taxis
N/A - N/A
Motos
N/A - N/A - N/A - [object Object] - N/A

Contar en versos, otra historia

-A A +A
 

No parece ser algo agradable el enterarse, por medio de una canción, de la muerte de un pariente.

Y mucho menos agradable aún si quien está escuchando esa canción ha bajado de la montaña para tomarse unos tragos y olvidarse por unos instantes de los vaivenes laborales y de las soledades que encierran las jornadas campesinas monte adentro.

Así comienza el libro “Versos que cuentan: narrativas en la música de acordeón del Caribe colombiano”, del lingüista cordobés, Juan Carlos Urango Ospina, mismo que fue lanzado recientemente en la Universidad de Cartagena, establecimiento al cual el autor está adscrito desde hace años como docente de tiempo completo.

Urango, además, es un ferviente admirador de la música del acordeón del Caribe colombiano —como bien podría percibirlo quien lea su libro—, expresión que promociona todas los fines de semana en la emisora UDC Radio, dirigiendo el programa “Música del patio”.

Pero fue precisamente en  Valencia (Córdoba), fungiendo como disc jockey de la cantina de su familia, cuando empezó a nutrirse de la música de acordeón que ahora analiza mediante el ensayo que acaba de publicarle la “Editorial Pluma de Mompox”.

Fue allí en donde presenció la consternación del campesino que recibió la noticia cantada sobre el hermano muerto en el siniestro de las corralejas de Sincelejo en 1.980. Un preludio, un aviso de lo que vendría después. Un presentimiento de algo que años después se convertiría en certeza: la música popular también es un libro que informa e instruye.



Para contar en versos



—Hablemos de una frase que está en su libro: “...muchos cantos populares antecedieron a los libros de historia...”

—Eso es eminentemente cierto. Tengo la idea de que, a través de los cantos populares, de la música sustentada en la tradición oral, se puede hacer una reconstrucción de la historia.

Cuando uno escucha hablar de una canción como “Mi mujer se ha vuelto loca” —que también se conoce como “Santa Marta tiene tren”—, del maestro Chico Bolaños, se da cuenta de que, a través de canciones como esa, podría descubrirse en qué momento comenzó a desarrollarse lo que hoy se conoce como “modernismo” en el Caribe colombiano. Se puede hacer el rastreo de en qué momento llegó el primer tren, el avión, el carro, el telégrafo, etc. Todo eso, mediante la música popular.

Mucho antes de que lo dijeran los libros de historia, ya los músicos populares hablaban de esos términos o inclusiones. Entonces, creo que las canciones populares se pueden convertir en sustento para la historia; incluso, también han servido como sustento para la literatura.

—¿Qué podríamos encontrar de nuevo en este ensayo, tomando en cuenta la cantidad que existe respecto a música de acordeón?

—Primero, se plantea, de manera muy amplia, la diferencia entre música vallenata y música de acordeón. Aunque la gente puede pensar que son muy parecidas, en realidad tienen una diferencia, empezando porque si hablamos de género, éste sería la música de acordeón; mientras que vallenato sería un subgénero, como también lo serían la música sabanera y la magdalenense.

Lo otro, es una discusión que parte de un texto que alguna vez escribió Jacques Gilard, según el cual en la música vallenata no había tradición narrativa. El texto se llama “Vallenato: ¿cuál tradición narrativa?”. Pero yo creo que sí hay esa tradición, pues las primeras épocas de la música de acordeón tienen mucho sustento en las estructuras narrativas. Y eso se explica, simplemente, porque la mayoría de los cantores y compositores eran campesinos, la mayoría de las veces analfabetos, y sus estructuras narrativas corresponden a personas de ese tipo.

Es decir,  la narrativa es quizás una de las estructuras más primarias que tiene el ser humano, puesto que él nace casi con una conciencia narrativa. Es posible que nunca llegue a desarrollar la conciencia argumentativa o la enunciativa, pero la narrativa siempre está allí. Y en tanto son campesinos analfabetos, por supuesto que esas canciones se sustentan en anécdotas, autobiografías, hechos que ocurren a los amigos, etc.

En fin, creo que, por lo menos, intento hacer una buena distinción entre lo que se conoce como narrativa vallenata frente a las manifestaciones posteriores de la música, que son la descripción y la argumentación.

—¿Por qué delimitar el libro sólo a la música de acordeón y no a todo el espectro de la música costeña, en donde también hay versos que cuentan?

—Por cuestiones metodológicas. Desafortunadamente, cuando uno está investigando siempre se impone la delimitación, lo cual es absolutamente arbitrario, porque uno puede pensar que el fenómeno de las narrativas pueda darse únicamente en la música de acordeón.

De hecho, algunas de las canciones que incluí en el libro son originalmente cumbias y porros, que mucho tiempo después se ejecutaron con acordeón. Pero, por supuesto, no sólo la música de acordeón del Caribe colombiano, sino toda la música popular en general se sustenta fundamentalmente en sus inicios en las estructuras narrativas.

Ahora, yo asumo que la narrativa se da en una doble dimensión: muchas de las composiciones se estructuran como textos narrativos. Es decir, cuentan una historia de las canciones. Eso por un lado.

La otra (ya lo decíamos al principio) es la dimensión historiográfica: en últimas, la historia de las canciones se convierte en una historiografía que nos permite encontrar cuáles fueron las maneras como se desarrollaron los pueblos de la región.  

También para mí esa es una narrativa, porque nos está contando cómo los pueblos fueron creciendo y desarrollándose.

—Normalmente se cree que los juglares son los dueños del folclor narrativo, pero el libro analiza  un buen número de canciones del vallenato moderno o romántico, que llaman...

—Efectivamente, hay un listado de canciones que pertenecen a épocas recientes, porque no nos llegaron canciones enteras de los primeros juglares, que mostraran las evidencias narrativas.

Por supuesto, hablo ahí de los maestros Chico Bolaños, Andrés Landero, Pacho Rada, José María “Chema” Gómez, quienes son los iniciadores de esa tradición folclórica. Pero sí estoy consciente de que, al final, el listado de canciones corresponde en su mayoría a las que se compusieron desde finales de los años 60 en adelante.

Eso sí, en el cuerpo del libro procuro hacer una recreación de cómo la música vallenata se desarrolla en los primeros tiempos. Hago, además, una división entre lo que se llama las tres generaciones de la música vallenata y los tres espacios fundamentales, que son: el rural,  el pueblo y la ciudad. En cada uno de esos espacios siempre hay una transición.

—¿Es posible encontrar canciones en música de acordeón que puedan clasificarse como crónicas, cuentos, novelas?

—Dentro de la crónica encontramos canciones como “La custodia de Badillo”, de Rafael Escalona, que ilustra muy bien lo que es ese formato de narración.

En un término medio estaría una canción como “La aventurera”, de Pablito Flórez, porque en últimas es un cuento con final abierto, no tiene resolución, pues uno no se sabe si la muchacha protagonista del relato regresa o no.

Hay canciones que no incluí en el libro, pero que sí pueden estructurarse como novelas. Por ejemplo, algunas canciones de Rafael Manjarrez, que tienen ese espíritu. Sin embargo, creo que al margen de esa clasificación (crónica, cuento, novela) prevalece en ellos una estructura narrativa, que es la estructura que subyace a cada uno de los textos que hemos mencionado.

—Por su estructura ensayística y académica, es posible que el libro no esté tan al alcance de cualquier amante de la música de acordeón...

—He intentado (lo que no quiere decir que lo haya logrado) que el texto pueda ser leído por cualquier persona. Pero la verdad es que fue concebido como parte de mi investigación doctoral en la Universidad de Salamanca (España). Sin embargo, intenté darle unas características literarias, aunque sé que el lenguaje académico termina siendo una talanquera para la comprensión general del libro.

Notas recomendadas
Publicidad
Publicidad
2322 fotos
63892 seguidores
Exprese su opinión, participe enviando sus comentarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de www.eluniversal.com.co. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos que se consideren no pertinentes. Consulte los términos y condiciones de uso.

Para enviar comentarios Inicie sesión o regístrese