Indicadores económicos
2017-08-17

Dólar (TRM)
$2.967,32
Dólar, Venta
$2.898,00
Dólar, Compra
$2.740,00
Café (Libra)
US$1,54
Euro
$3.474,73
UVR, Ayer
$251,76
UVR, Hoy
$251,75
Petróleo
US$46,78

Estado del tiempo
2017-08-17

marea

Marea min.: -12 cms.

Hora: 12:26

Marea max.: -31 cms.

Hora: 20:07

Dirección viento: Variable

Intensidad viento: 7 a 19 kms/h

Temp. superficial del mar: 28 ºC

oleaje

Cartagena-Islas del Rosario: 0.8 a 1.3 metro(s) de altura

Estado

estado
Mín. 27 ºC
Máx. 32 ºC

Pico y placa
2017-08-17

Hoy no salen los vehículos con placa:

Vehículos Particulares

De lunes a viernes 7 a.m a 7 p.m

3 - 4
Taxis
1 - 2
Motos
0 - 2 - 4 - 6 - 8

Crónica del que se disfraza de mujer

Rafael Maza Pájaro  tiene veinte años de estar disfrazándose de mujer en las Fiestas de la Independencia de Cartagena. No encontró otra forma de ganarse la vida, sino así, disfrazándose de mujer y viajando de carnaval en carnaval por todo el Caribe, con un disfraz sencillo, un par de totumas que simulan unas tetas babilónicas que parecen reventar la blusa, una cabellera blanca y unos pantaloncitos cortos, que dejan ver su enorme barriga de cervecero. Pero su gracia no es solo el disfraz, sino su espíritu festivo que irrumpe en cualquier lugar y baila los sones de Gamero, las gaitas de San Jacinto y los porros de Cartagena. Más que un disfraz de mujer, es un espíritu carnavalesco, como lo fue Emil Castellanos, el artífice de María Moñitos en el Carnaval de Barranquilla. El personaje de Rafael Maza Pájaro se llama “Señorita Motosierra: casada, fracasada y un poco manoseada”, me dice riéndose.

Su padre, Rafael Maza Contreras, de Mampuján, murió cuando él era muy pequeño. Se crió en Arjona, donde sus vecinos le dicen El Lobo. Su madre, Ramona Pájaro Muñoz, vive en Venezuela. Cuenta él que cuando vendía mondongo en Cartagena, tuvo un conflicto que lo obligó a salir de la ciudad y regresar a Arjona.

“A mí me sacaron de Cartagena. Vivía bien cuando vendía mondongo. Pero tampoco me quejo al disfrazarme. Vivo de esto hace veinte años. Voy al Carnaval de Barranquilla, a Sincelejo, a Valledupar, a la Jagua de Ibirico, El Paso (Cesar), a la Feria Ganadera de Montería, y allí donde haya fiesta de carnaval. Estoy acostumbrado. Mi mujer, Leonor Canabal, sabe que esto es lo que yo hago, Es un trabajo. En el camino me he encontrado con abogados, doctores, actores y personajes de la farándula: a Silvestre Dangond, a Martín Elías, a Poncho Zuleta, Jorge Oñate, Jorge Celedón. Muchos de ellos me han felicitado por mi personaje”.

El disfraz de mujer
No todo el que se disfraza de mujer, tiene que ser visto con malicia ni calificarse de gay. En las tradiciones festivas del Caribe colombiano y en el folclor ancestral, existen las Farotas de Talaigua, una danza que evoca a los indígenas Farotos que vivieron en los reinos fluviales de la isla de Mompox, junto a los Malibúes y Chimilas.
“La danza de las Farotas la integran trece hombres y un niño disfrazados de mujer, vestidos con atuendos que usaban las españolas de la colonia: faldas amplias con estampados de flores multicolores, un delantal, una camiseta manga larga que vestían los campesinos, llamadas amansalocos; un sombrero decorado con flores en la parte frontal, aretes largos, una gola en el cuello (similar a la de los congos) y un paraguas que mueven en su mano derecha al compás de la música”, contó Etelvina Dávila de Ospino, en uno de sus viajes al Carnaval de Barranquilla buscando que estas danzas se integraran al panorama festivo. Se lo contó al periodista Roberto Llanos Rodado. En aquellos años de los ochenta vi bailar por primera vez la danza de las Farotas en un viaje a Mompox, y en un acto convocado por Colcultura y la antropóloga Gloria Triana, quien fue la primera en divulgar estas danzas en el programa Yuruparí.

Luego, supe que había una historia singular detrás de estas danzas, y era que los indígenas se disfrazaban de mujeres en las fiestas para atrapar a los españoles que abusaban de las suyas.

Eso ocurrió en año 1610, según el relato de Etelvina a Llanos Rodado:  “los caciques Mompox y Taligua, cansados de tantos atropellos, formaron una alianza para vengar las afrentas.Vistieron a doce de los más bravos guerreros con ropas similares a las de las mujeres españolas, y los escondieron en sus bohíos. Cuando los españoles llegaron a la comunidad a lo acostumbrado con las mujeres, se encontraron con los aborígenes vestidos de mujer que los ajusticiaron a lanzazos”. A los doce guerreros se integró el cacique Talaigua. Por eso hoy la Danza de las Farotas son trece bailarines disfrazados de mujer.

Volviendo a Cartagena
No me extraña que uno de los incontables disfraces solitarios y colectivos en las Fiestas de Cartagena, sea el de disfrazarse de mujer.

Para Rafael Maza Pájaro ese es su trabajo cotidiano y su mujer lo sabe y no le reprocha nada.

“Algunos de mis amigos de infancia se me retiraron de la vista cuando me disfracé por primera vez”, dice.

“Detrás de mi disfraz, lo que hay es un desplazado. Una vez me confundieron con otro tipo y me hicieron varios tiros.

“¿Qué gano yo con esto? Arrancarle una sonrisa a la gente, y recibir a cambio unas monedas, algo para sobrevivir.

“Cuando pienso que esta es mi manera de vivir, me digo que soy libre como el viento. Otra cosa es que me quieran cortar las alas. Soy feliz en Arjona”.

Rafael irrumpe en el bar La Playa con su bailoteo de cumbia y suelta besos a los muchachos que están bebiendo. Todos saben que cada noviembre verán a Rafael en las mismas, pero él recibirá la moneda que quieran darle por su disfraz, pero no atosiga a nadie, aunque a veces, al más desprevenido le da un beso en la mejilla, como el difunto Emil Castellanos, que no solo llenó de besos al Carnaval de Barranquilla, sino que estiró su mano a los transeúntes desprevenidos como yo en pleno carnaval y me agarró los genitales.  Ahora él se pregunta que el 14 de enero de 2017 cumplirá cincuenta años, y la fiesta continúa. Tiene que llevar la comida a la casa.

Mientras habla se acomoda las dos totumas del pecho y se equilibra la peluca blanca, y habla con tristeza de su casa  a la que la lluvia le ha ido desbarantando las tejas. “Esto es una diversión pero es la vida también”, dice riéndose. El momento más difícil ocurre en la madrugada al regresar a casa en plenas Fiestas de la Independencia. Y volverse a encontrar en el espejo con la realidad de Rafael Arnulfo, un hombre agigantado y descomunal capaz de tumbar a un caballo con una trompada.

Epílogo
El hombre que durante el día y la noche ha bailado todos los ritmos de noviembre en las Fiestas de la Independencia, el antiguo vendedor de mondongo en Manga, solo quiere descansar. Lo más difícil es hacer reír aunque haya motivos para la tristeza. Poco antes de llegar a su casa de Arjona, se quita la peluca blanca y los dos totumos que son sus senos y el disfraz efímero de sus últimos veinte años. La mujer lo ve llegar como un fantasma feliz.

Ranking de noticias

DE INTERÉS

Exprese su opinión, participe enviando sus comentarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de www.eluniversal.com.co. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos que se consideren no pertinentes. Consulte los términos y condiciones de uso.

Para enviar comentarios Inicie sesión o regístrese