Cuando el Castillo San Felipe tuvo 'dueño'

04 de marzo de 2018 12:09 AM

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Casi medio siglo antes de que Carlos Crismatt Esquivia emprendiera la reconstrucción del entonces arruinado Castillo San Felipe (1928), esta fortaleza estuvo prácticamente en manos de un particular que compró los terrenos donde estaba construida la joya de la Corona española. ¿Cómo pasó?

A finales del siglo XIX, varios años después de la Independencia, cuando las fortalezas de la ciudad ya no eran útiles como sistema defensivo y el Castillo se convirtió en un maloliente “trasto viejo” rodeado de maleza, y ante la crisis económica que se vivía en aquella época, el presidente Manuel Murillo Toro autorizó vender los bienes de la Nación para subsanar algunas necesidades.

“En esa época no se le daba importancia a las fortalezas, ni siquiera en aspectos estratégicos. Fueron importantes hasta el momento de la Independencia (1811), cuando estuvo en auge todo ese sistema defensivo, después no, porque las necesidades defensivas de la ciudad cambiaron.

Ya no vinieron asaltos, ocurrieron otros sitios (asedios) a la ciudad, pero la amenaza de piratas, por ejemplo, había desaparecido. Entonces ese sistema quedó obsoleto y en la década de 1820 ya no tenía la misma utilidad de 20 años atrás”, explica el historiador Moisés Álvarez, director del Museo Histórico de Cartagena.

Cuentan los historiadores que así no solo fueron vendidos los terrenos del Castillo sino también los cañones y otros inmuebles. De esta manera fue como un señor llamado Antonio Gulfo se convirtió en propietario de los terrenos donde está construido el San Felipe.

El arquitecto e investigador Javier Rodríguez De Ávila, dice en su libro “La llave de la ciudad, fuerte de San Felipe de Barajas”, que “el estado soberano de Bolívar, empobrecido y endeudado, había heredado por la Constitución de 1863 la propiedad de muchos solares baldíos colindantes a la ciudad. En busca de recursos y a cambio de bonos de deuda, se sacaron a remate. Así se adjudicó al señor Gulfo, sin deslindar, la fortaleza de San Felipe de Barajas, y gran parte de los suburbios”.

Rodríguez De Ávila recoge en su ejemplar un apunte de las investigaciones de Arturo Matson Figueroa, publicadas en el volumen número 73 del “Boletín historial” de la Academia de Historia, donde dice que “los terrenos que iban desde la puerta de la capilla del Convento de la Popa hasta la puerta de la Media Luna quedaban en manos de Gulfo y su hermana Rita Gulfo de Morales”.

Entonces Gulfo empezó a ser denunciado por un ciudadano en el periódico El Porvenir, que lo acusó de utilizar el Cerro como cantera y de extraer material de las bases del mismo para su beneficio.

¿Quién era ese hombre?
Era un súbdito italiano que se dedicó a la alfarería, y cuenta el historiador Álvarez que llegó a Cartagena “entre las décadas de 1870 y 1880, cuando arribaron muchos emigrantes a la ciudad. Llegaron italianos, ingleses, alemanes, franceses. Aquí entraron muchos europeos, como el señor (Juan Bautista) Mainero, por ejemplo, que también era italiano, y muchos se dedican al negocio inmobiliario. Tanto las construcciones como las tierras eran sus principales tipos de negocio”.

No aguantó la presión
Tanta fue la presión que ejercieron sobre él las denuncias en El Porvenir que decidió “donar” las tierras al Estado, como consta en la escritura pública 290 de 1987. “El señor Antonio B. Gulfo: que conocedor de sus derechos y de lo que le compete hacer, de su libre y espontánea voluntad, hace cesión gratuita, incondicional e irrevocable a favor de la República de Colombia de los terrenos de El Espinal, toda la parte del Cerro que sirve de base a la fortaleza o Castillo nombrado San Felipe de Barajas, cuyos terrenos le pertenecen en propiedad, dominio y señorío, porque los hubo y compró al Señor Don Manuel Núñez Ripoll, por medio de su apoderado el Señor Don Lázaro Ramos, por Escritura Pública otorgada a su favor el veinte de mayo del año de mil ochocientos ochenta y seis, bajo el número 125 y por el Notario Público Principal que lo fue de esta Provincia, Doctor Juan N. Pombo”, dice la escritura.

Álvarez explica que “él (Gulfo) hace una donación graciosa, absoluta, sin pedir nada a cambio, una cesión gratuita, pero lo que se sabe por la historia, es que fue la forma de detener el escándalo que se le venía para encima”.

En dicha escritura, Antonio Gulfo se refiere a las publicaciones y a las denuncias de El Porvenir y se justifica. “Según aparece de los títulos de propiedad y plano que poseo, la fortaleza de San Felipe, construida sobre un Cerro de barro, se halla comprendida dentro de los terrenos de mi propiedad; y bien es cierto que yo no me he considerado ni he pretendido creerme dueño de la citada fortaleza, sí creo que me pertenece el terreno en que está, pudiendo disponer de toda aquella parte que no tenga que ver con los cimientos de ella. Sin embargo de todo esto, si bien es cierto que a veces he cobrado un mínimo derecho cuando las carretas han extraído barro de ese Cerro y he podido verlos, también lo es que yo jamás he autorizado para extraerlo de dicho lugar. En mis terrenos existían muchísimos lugares de donde se extraen y pueden extraerse incalculables cantidades de barro, principiando por el enorme Cerro llamado ‘Pelado’, que está cerca del de San Felipe”.

Y agrega: “Como yo no quiero que se pueda llegar a atribuir el derrumbe de una fortaleza totalmente destruida y arruinada (sin que de ello haya sido causa la extracción insignificante de barro de la falda del Cerro), he resuelto ceder a título gratuito a favor de la Nación, todos y cualquier derecho que por la compra de los terrenos del Espinal pueda yo haber adquirido en el Cerro que sirve de base al Castillo de San Felipe”.

Si tuviéramos que ponerle un precio, ¿cuánto costaría el terreno donde está el Castillo? ¿No es increíble que alguna vez haya tenido precio y que haya sido tan fácil venderlo?

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