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Cuando lavar platos ayuda a combatir el estrés

POR: KATHERINE LOAIZA MARTÍNEZ

Supe que tenía que hacer algo cuando me quedé mirando el balcón -piso 18- y consideré seriamente la posibilidad de acabar con todo el estrés acumulado, el cansancio, la falta de sueño, la angustia, dejándome caer. No puedo decir que me siento orgullosa de ese momento, pero ahora sé que llegar tan bajo, o haber pensado en un proceder tan bajo, me resucitó.

Al día siguiente busqué ayuda.

Entendí que mi cabeza era un trancón: muchas personas hablando al tiempo, enfurecidas, algunos pitan, otros quieren abandonar su carro y largarse para siempre, otros pelean contra el panorámico.

Mi cabeza, en un esfuerzo por sobrevivir, estaba haciendo muchas cosas a la vez, pensando en muchos problemas al tiempo. La pesadilla del ‘multitask’. A ese ritmo yo ya era incapaz de disfrutar un café con un amigo, porque mientras estaba ahí sentada, todavía sentía estrés por la reunión de la mañana, iba y venía en el informe de las tres, en el grifo dañado de la cocina, en el sofá que mordió la perra, le daba vueltas a la secretaria que me trató mal cuando quise pedir una cita con mi jefe. “Tienes que aprender a vaciar tu mente”, me dijo el psiquiatra y yo quise mandarlo a contar más chistes a Sábados Felices, antes de que me dijera “una sola tarea a la vez”. ¡Imposible! -le dije-.

Incrédula como soy, llegué a un curso de meditación tipo ‘mindfulness’, en el que de sopetón me dijeron que las clases serían exitosas si yo aprendía, por ejemplo, a disfrutar de lavar platos. Más cuentachistes.
¿En serio lavar platos me va a quitar todo este estrés acumulado? No quiero arruinar el final de la historia pero sí, sí lo hizo. Lavar los platos me ayudó a controlar mi respuesta ante el estrés y, de paso, disfrutar de las cosas simples de la vida. Parece tarjetica con mensaje de superación, pero nada refleja mejor la realidad que eso.

Este sencillísimo tipo de meditación fue inventado por Jon Kabat-Zinn hace más de 30 años. Pero el método de este profesor emérito de medicina no se había popularizado tanto como hasta esta década, en la que la gente está tan conectada que no es capaz de desconectarse. Está tan estresada y tratando de cumplir tantas expectativas que siente, como yo, ganas de lanzarse del piso 18. Nadie es capaz de vivir en el presente, pensando en lo mal que salió el pasado y lo pésimo que se avecina el futuro.

“Mindfulness es conciencia, una conciencia que se desarrolla prestando atención concreta, sostenida, deliberada y sin juzgar al momento presente”, explica Kabat-Zinn en uno de sus libros más populares, ‘Mindfulness para principiantes’.

Esta meditación busca que cualquier persona pueda enfocarse en una única actividad a la vez, prestarle atención. Parece imposible pero puedo decir que he logrado disfrutar cosas tan insignificantes como hacer una fila, comer un mango o arreglar las matas. Pero no solo eso: calmar mi mente, vaciarla, sin necesidad subir al monte más alto en absoluto silencio, actividad por demás imposible con mi tren de vida.

El primer ejercicio que me dejaron fue el de respirar pensando en mi respiración durante un minuto. Si vienen más pensamientos a la cabeza o si me acuerdo de la reunión de mañana simplemente acepto que llegó el pensamiento pero lo aplazo, ahora estoy pensando en respirar.

Parece sencillo, pero mi cabeza funciona más o menos así: inhalo, se me hincha la barriga, barriga la que tiene la muchacha esta que se dejó engordar. Perdón. Iba en que inhalo, mantengo, ¡mantengo! Yo me mantengo y no he pagado la luz, me la van a cortar. Perdón ahora exhalo, mi cuerpo se calma despacio, despacio, des-pa-ci-to quiero respirar tu cuello despacito.

Ha sido un reto tan alto que a veces parece que mis ganas de tener una vida tranquila no alcanzan, pero ese es el ejercicio más difícil. Los otros han tenido un efecto calmante poderoso sobre mí y son mucho más sencillos. Hay uno que solo consiste en estar agradecida por todo y verle el lado positivo a cada cosa, ver todo con amor. Por ejemplo, si alguien me empuja en el transporte público, en lugar de pensar que tengo una vida desgraciada por andar en bus, pienso que me siento feliz de ser una persona con menos problemas que esa que me empujó. Hola, soy osito cariñosito.

Hay otro, mi favorito, que consiste en lavar los platos pensando en lavar los platos. Ni siquiera lavarlos para que estén limpios, sino lavarlos por lavarlos, pensando en cada cosa que implica lavarlos. Concentración absoluta, como si fuera una cirugía de cerebro, pero con esponja y jabón, sobre un plato sucio. La mente se enfoca tanto en lavar los platos que termina tranquila, calmada, despejada, lista para afrontar problemas, trancones, niños llorando, un novio hormonal. Todo lo supera.

Pero hay más: tengo la tarea de caminar 10 minutos al día sintiendo el piso y sin juzgar. No importa si escojo carretera destapada, avenida, andén, la sala de mi casa. Solo necesito concentrarme en caminar 10 minutos, sentir lo que sienten mis dedos, pensar en la forma del piso, mi pie contra el zapato, contra la media, el pie desnudo contra la baldosa helada. Sin juzgar, que es más difícil: nada de qué flor tan bonita, qué piso tan sucio, qué andén tan dañado. Solo sentir y no juzgar. Al final: el mismo efecto placentero de la cabeza vacía de pensamientos dañinos, innecesarios.

Todavía estoy lejos de ser una monje budista del ‘mindfulness’, me cuesta meditar en silencio, no puedo tener atención plena en todas las cosas que hago y tampoco puedo decir que nada me estresa, ni que nada me ofende. Lo que sí es cierto, y lo digo a riesgo de que se lea como otra línea de un libro de autoayuda, es que estoy más tranquila. Lo estoy logrando.
Aprendí a elegir mejor mis problemas, duermo largo y profundo y peleo menos, mucho menos. Al balcón me acerco solo con la intención de tomar una buena bocanada de aire fresco.

DICEN LOS EXPERTOS:
“En el manejo del estrés las técnicas de respiración pueden funcionar mucho. También en el manejo de la ansiedad leve, como coadyuvante con medicamentos en algunas personas puede funcionar”.
Paola Flórez Uyabán. Psiquiatra.                       

Los beneficios del ‘mindfulness’ han sido probados científicamente en pacientes con problemas de estrés, depresión y ansiedad. Existe el ‘Center for Mindfulness in Medicine, Health Care, and Society’, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts.

“Para mí la utilidad del ‘mindfulness’ para disminuir el estrés se basa en que proporciona una serie de experiencias profundas de tranquilidad y control mental inducidas por su propia voluntad”. Ariel Alarcón. Psiquiatra y psicoanalista.



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