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Cuando se enferman los artistas

El saxofonista Álvaro Rodríguez sufre un trastorno llamado Distonía de la embocadura o Distonía focal, que le impide tocar las notas aprendidas en veinte años.
Ana Cristina Guzmán investiga un territorio que aún es virgen en Colombia: las enfermedades que sufren los artistas, y particularmente, los músicos.

Nacida en Bogotá, es médica egresada de la Universidad Nacional, especialista en Medicina Física y Rehabilitación. Hija del médico barranquillero Plinio Guzmán Alandete, quien se convirtió en el médico personal del músico Lucho Bermúdez desde que lo conoció en 1943 hasta el día de su muerte, en 1994. Plinio Guzmán, melómano y compositor también, fue compadre de Lucho Bermúdez, el más entrañable de sus amigos, y se eternizó en la gaita “Plinio Guzmán”, que le compuso su compadre.

“A igual que mi papá soy médica, me especialicé en Medicina Física y Rehabilitación (Fisiatría). Siempre laboré en servicios de rehabilitación trabajando en grupos interdisciplinarios. Estoy pensionada hace 2 años y ahora realizo consulta de fisiatría en una IPS.

Participo en un proyecto de Medicina del Arte, disciplina médica que me ha llamado la atención desde hace varios años, la cual es relativamente nueva. Está dirigida a la atención médica de los artistas. Colaboro en el desarrollo de la Fundación Sonidos del Silencio, entidad fundada por el saxofonista colombiano Álvaro Rodríguez hace más de un año, quien personalmente se motivó a iniciar esta labor por presentar él mismo un cuadro de distonía focal.

Lo estoy haciendo de manera voluntaria con otro grupo de profesionales de la salud. Implementar la atención en salud de los artistas es una necesidad sentida por el impacto laboral que les ocasiona.

Una extraña enfermedad
El virtuoso saxofonista paisa Álvaro Rodríguez sintió en 2010 un raro trastorno facial y bucal cuando tocaba su instrumento y la primera nota quedó en suspenso. Pensó que aquella parálisis era momentánea, pero a medida que pasaban los días, las miles de escalas que había aprendido en casi veinte años, salían distorsionadas. Luego supo con terror, que aquel trastorno identificado en 1888 por el médico inglés William Richard Gowers, se llama Distonía de la embocadura o Distonía focal.

En pleno esplendor de su vida musical, aquel trastorno causó en Álvaro Rodríguez, una profunda depresión. El saxofón no volvió a sonar igual desde aquel instante, como si el instrumento y los músculos de la cara y la comisura de los labios, se negaran a seguir la nota grabada o guardada en el pentagrama de su cerebro. El saxofón de Álvaro fue el mismo que en el año 2000 deslumbró a la audiencia del Castillo de San Felipe, en Cartagena, cuando interpretó Summertime junto a Bill Clinton.

La tragedia personal del músico lo llevó a recorrer el mundo en busca de ayuda. En Europa y Estados Unidos, existen especialistas en este trastorno, pero en Colombia, apenas se conforman equipos de científicos. Ana Cristina Guzmán participa en varios de ellos, y particularmente en “Los sonidos del silencio”, que lidera el músico Álvaro Rodríguez.

Las distonías focales

Las distonías focales representan el diagnóstico que más temen los músicos, indica Ana Cristina Guzmán.

“En su inicio pueden ocultarlo, hasta que llega el momento que es imposible tocar el instrumento. Es una patología que ha merecido mucha investigación científica y ensayos de infinidad de tratamientos por la incapacidad funcional que ocasiona. 

En los profesionales de la voz tenemos las disfonías funcionales, nódulos o pólipos de las cuerdas vocales y con menos frecuencia, la disfonía espasmódica. 
En los artistas plásticos el panorama es diferente, tienen enfermedades por intoxicación debidas a las sustancias que manipulan y enfermedad mental (esquizofrenia, trastorno bipolar, depresión, ansiedad, demencias). Desafortunadamente en muchas ocasiones, a pesar de seguir las recomendaciones dadas en la consulta, su sintomatología no mejora. Prontamente inician un peregrinaje por diferentes especialidades médicas relacionadas con el caso: ortopedia, fisiatría, neurología, otorrinolaringología, cirugía de mano, reumatología y siquiatría.

Se someten a distintos tipos de tratamiento: reposo, inmovilizaciones, analgésicos, antiinflamatorios, relajantes musculares, infiltraciones, fisioterapia, terapia ocupacional, terapia del lenguaje, apoyo sicológico, y no dan el resultado esperado.

Esta realidad ha llevado al nacimiento de una nueva especialidad médica, la ‘Medicina del arte’. Es una especialidad muy joven que ha surgido a raíz de la gran importancia que tiene la actividad cultural en todo el mundo. En otros países como España, Francia y Alemania su desarrollo se inicio hace unos veinte años”.
Ana Cristina dice que el camino apenas empieza en Colombia.

“Es común ver que los artistas no tengan una estabilidad laboral que les permita el acceso a una Seguridad Social adecuada. La vinculación a atención en salud muchas veces es temporal así como el aporte regular a un fondo de pensiones y a una Administradora de Riesgos Laborales (ARL). Sus síntomas pueden tener una relación directa con su actividad laboral, lo que llevaría a realizar unos cambios para su adecuado desempeño.

Existen patologías que por sus características ocasionan un retiro temporal o definitivo de su actividad artística. De otra parte la aparición de enfermedades comunes también interfieren en ocasiones, con su desempeño laboral y deben recibir el tratamiento respectivo. La intervención de los expertos en medicina del trabajo es indispensable para la atención adecuada de estos pacientes”.

Epílogo
Ana Cristina Guzmán cultiva otras disciplinas paralelas a la medicina y a su vocación científica. Como su abuela Nicolasa, se dedica a la pintura en seda, desde  hace más de 15 años, “además hace 2 años retomé la pintura en porcelana, técnica que había aprendido hace más de 30 años. Las labores manuales han sido también parte importante en mi vida”.

La otra música de los silencios me devuelve al drama del saxofonista.
 

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