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¿Cuánto pides por el celular?

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Fui a vender mi antiguo celular a los alrededores de Centro Uno.

La sensación de estar ahí es extraña, y como hablo más de la cuenta, lo comento.

“Extraña no”, dice el que sujeta mi equipo, como si pensara que por extraña dijera “ilegal”.

Lo revisa por todos lados.

Nerviosa, miro a mi viejo compañero, plateado y bonito aún. Por suerte no le di muchos suelazos y es que hace poco más de un año cuando lo adquirí, supe que lo pondría revender por algo menos de la mitad de lo que me costó. Pero ahora tiene el display dañado. (Qué tristeza)
Luego de pensar unos minutos la oferta que me hace, decido dárselo, pero pienso que es poco. Adiós música, adiós fotos, adiós íconos a mi gusto, adiós a todo. Me siento en un banquito.  

                                                                               (…)

Detrás del centro comercial Centro Uno, está el epicentro de la tecnología en Cartagena, destacándose la de los celulares.

¿Se te apaga el celular? Llévalo a Centro Uno. ¿Se te dañó el computador? Llévalo a Centro Uno. ¿No te lee la sim? Llévalo a Centro Uno. ¿Te duele el codo? Llévalo a Centro Uno.

Jóvenes que no alcanzan los 20 años ofrecen en puestos que más bien parecen de venta de minutos: “Asesoría técnica en celulares”, mientras que otros hombres y mujeres van de aquí para allá, cargando accesorios, plásticos, vidrios templados, tarjetas de memoria… 

El tiempo sí que es dinero aquí. Y es que cuando trato de hablar con alguno de estos técnicos, aparecen tres personas solicitando su servicio. No sé si es que tengo “buena espalda” o qué, pero la frase del día es: “espérate mi vida, ya te atiendo”.

Casi frustrada logro hablar a retazos con varios de ellos.

Pedro* por fin saca un tiempito. Me cuenta que mensualmente, se hace cinco millones de pesos comprando “chatarra de celular”, como la llama.
Enfatiza en que lo más importante para este oficio es “la seriedad”.

“Yo no compro celulares robados”, empieza. “Porque eso es adquirir problemas. Hablo con las personas, que me tienen que responder por el celular en caso de que algo pase. Y me tienen que responder”, asegura.

Me dice que no todos son como él. Muchos compran teléfonos de los que no se sabe la procedencia.

Una mujer que se nota desesperada interrumpe la entrevista. “Es que así no me resulta”, dice. Él le contesta. “Bueno pa’l sábado”. 

A los alrededores de Centro Uno llegan a vender teléfonos robados a diario. Algunos, explican los técnicos,“llegan con muertos”.  “Tú sabes que ahora están matando por celulares de alta gama y si uno compra uno  de esos, qué tal que vaya a venir la Sijin”.

¿Los equipos más apetecidos? En primer lugar los iPhone, seguidos de los Samsung, los Moto G y los Moto X. Para cuando hay un interesado, se le convence de que es un buen equipo, y a veces, sólo a veces, se le da una factura. Comerciantes como Pedro aseguran registrar con el nombre de la persona el celular, para que no se “caiga” o quede bloqueado, sin acceso a la red móvil de Colombia. 

“Como el celular es legal, lo pongo a nombre de otra persona. Le hago todo el procedimiento. Yo sé que la persona se va a ir alegre y va a venir a comprarme otro porque sabe que el ‘cel’ no es robado. Si yo no le hago eso, ¿cómo quedo? Como un embustero y comprador del teléfonos robados”.

Un mundo de competencia

Dentro de este sistema, todos se ‘tiran’. Hay pocos amigos, refiere Pedro, con una visión muy pesimista. Hay molestias porque el otro vende menos, porque el otro vende más.

“Antes te facilitaban las piezas que te faltaban, pero ya hay mucha desconfianza”, cuenta este hombre, de aspecto pulcro y deportivo. “Yo una vez peleé por un iPhone”.

La mayoría de estos “técnicos”, son empíricos. Estudian por sí mismos, gracias a las piezas que les llegan, y con las que empiezan a ensamblar. “Con la chatarra de celulares tú aprendes todos los días, y además uno ve tutoriales en YouTube. Claro, sí se me han dañado celulares ajenos, que los voy a limpiar y los limpio con el líquido que no es, o que les echo lo que no es y les daño la cámara, o el sonido. Cuando eso pasa me toca conseguir otro celular igualito”.

Algunos también, me explica el entrevistado, cambian piezas buenas por malas.  “Le cambian la tarjeta, es decir si la tarjeta tuya está buena, entonces le ponen una mala. La tarjeta es el corazón del teléfono. También, si el display tuyo está bueno pero el celular está apagado, entonces te quitan el display y le ponen uno malo”.

Termino de escuchar a Pedro y mientras me alejo del bullicio, miro que tras los mostradores, muchos tienen el entrecejo arrugado todo el tiempo.

Sigo teniendo una extraña sensación.

*Nombre cambiado.

Dato:

Aunque muchos locales prefieren la legalidad, otros siguen delinquiendo, así que con regularidad, se hacen operativos en los alrededores. El último “gran golpe” contra comerciantes de celulares robados en La Matuna,  a finales del año pasado a cargo de la Policía Metropolitana, dejó 23 detenidos.
Algunos trataron de deshacerse de los equipos.

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