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Danilsa es una buena mujer

Danilsa está viva de milagro. Ella no conoce la malicia, dice su hermana Nazly. Sobrevivió a dos tiros que le propinó en la cara, su ex marido dentro de un bus de Ternera, el miércoles 4 de abril, a las 7 y 30 de la mañana.

La fatalidad madrugó aquel día. Ella salió temprano, a las 6 30 de la madrugada, rumbo a su trabajo como auxiliar de cocina en el restaurante interno del diario El Universal, donde trabaja hace seis meses. No intuyó que la seguía su ex marido Damián Julio Quintana, de 51 años, con quien se había separado el 25 de diciembre de 2017, luego de 11 años de convivencia. Al subirse al bus, vio entrar a Damián que colgaba del hombro una mochila. Allí traía un revólver de cañón largo. Se sentó a su lado.

Danilsa Niño Leal (Cartagena, abril 17 de 1969), quiere olvidar de su vida ese día macabro. Él insistía en que volviera con ella. Pero, ante la negativa de Danilsa, le dijo que se bajara no en el mismo punto de todos los días, cerca al Castillo de San Felipe, sino un poco más adelante, en una franja solitaria del Espíritu del Manglar, “donde te voy a matar y luego me mataré yo”. La temeridad de aquella amenaza había llegado a su extremo, y aunque él vivía diciéndole “si no eres para mí, no serás para nadie”, ella no lo creía capaz de semejante locura, pero la amenaza de ese miércoles tenía algo sobrecoger.

“Aquí en la mochila tengo una pistola”.

Se la insinuó debajo de la tela de la mochila. Y ella alcanzó a intuir el arma. “Si te bajas en la esquina, te dispararé”.
Ella oró en segundos de tortura, y pidió la parada de todas las mañanas, y Damián sacó intempestivamente el revólver y le disparó dos  tiros en la cara. Uno de los tiros, en la mejilla izquierda, salió. El segundo, en la mandíbula derecha, le quebró el hueso, le afectó el maxilar superior izquierdo y se alojó en la base del cráneo.

Danilsa cayó dentro del bus, y un hombre, al que nadie había visto hasta ese entonces, le puso la mano en el rostro, evitando que se desangrara. Damián bajo del bus creyendo que la había matado, y luego, se disparó en la cabeza. El conductor del bus con todos los pasajeros, llevó a Danilsa a la Clínica Cartagena de Mar. El señor que no se identificó y luego desapareció, la llevó a emergencia, sin desprender su mano del rostro de Danilsa.

“Era un ángel”, dice Nazly, quien considera a su hermana Danilsa como “una mujer que no conoce la malicia”. Danilsa acaba de salir del hospital, luego de una semana de la tragedia, en la que le hicieron una cirugía maxilofacial.

Dos días antes de que su ex marido le disparara a la cara, su amiga y compañera de trabajo Angélica Matorel Figueroa, soñó que la venían persiguiendo en un día perturbado de mar de leva. Las aguas se desbordaban en la avenida y arrastraban basuras. Las calles estaban partidas y corría mucha agua.

“Te cuento el sueño para que te cuides amiga”, le dijo Angélica, quien fue testigo del asedio amenazante y enfermizo de Damián, quien desde diciembre llegaba todas las tardes y esperaba que saliera, sentado en las bancas del viejo parque del Reloj Floral, cerca al periódico. Ella no se atrevía a salir ya por ninguna de las dos puertas del diario. Ni por la de entrada, ni por la del parqueadero. Muchas veces, salía de incógnito escondida en un vehículo de algún periodista para escapar de Damián. El amor posesivo y delirante de su ex marido, esquivó los protocolos para entrar a la zona de trabajo de Danilsa, un día llevando unas flores rojas, como si trabajara en una floristería. Pero el asedio se volvió demencial, cuando una tarde la persiguió en una mototaxi y le arrebató el bolso, y  no le quiso devolver la cédula.  Ella dejó de ir al Centro Internacional de Jesús, donde asistía, porque allá también se tropezaba con Damián, quien la vigilaba a la salida de su casa y a la salida del trabajo. Y la seguía por todas partes.

“No contaba la pesadilla que estaba viviendo. Solo ahora empezamos a saber todo”, dice su hermana Nazly.
“Mi madre es tan humilde que jamás ha celebrado sus cumpleaños”, dice su hijo Kenin, de 19 años.

“Cuando ella consiguió el trabajo en Santo Paladar en El Universal, Damián se opuso al trabajo de ella. Era como una sombra. Celaba a Danilsa con todo el mundo. La relación se resquebrajó cuando mi hermana descubrió una relación de Damián con otra mujer”.
“Cuando mi mamá le dijo que ya no quería vivir más con él,  se tiró de la escalera, de un segundo piso, y se golpeó fuertemente la espalda. Desde ese día, su salud empeoró”, cuenta Kevin.

Antes de echar de su casa de Ternera a Danilsa y sus hijos, había atentado con su vida, dejándola encerrada y con llave, con el gas abierto, en 2012. Tuvo su hijo Kevin que romper las rejas para evitar una tragedia. El martes antes del atentado, Danilsa estaba intranquila y nerviosa, diciéndole a sus compañeras de cocina, a Katia vidal Caraballo y a Angélica Matorel Figueroa, que quería salir huyendo a las 4 de tarde, porque sabía, que él estaba esperándola afuera. Ya no se atrevía a salir sola. Esperaba salir con sus compañeras, desviando el rumbo acostumbrado antes de tomar la buseta. “Danilsa es una buena mujer que no se mete con nadie, dice Katia Vidal Caraballo.

“Nosotras ya sabíamos la pesadilla que vivía con su ex marido con sus celos enfermizos. “El no le permitía que se maquillara, usara aretes, pulseras ni cadenas”, dice Angélica. “Pero Danilsa nos decía que ella no creía que Damián fuera capaz de hacerle daño. Pero echó a Danilsa y a sus hijos a la calle. Y no le permitió que se llevara nada. Nosotras le decíamos que lo denunciara a la Fiscalía, pero nunca fue, y cuando quiso hacerlo, siempre llegaba tarde”. “Ella tenía mucho miedo de salir sola”, cuenta Mónica Lugo Arroyo. “Un día me dijo que quería coger un avión y huir. “La frase de Damián era una amenaza constante: Si no vives conmigo, no vivirás con nadie”.

“La imagen que yo tengo de Danilsa es que es una gran persona, humilde y humanitaria”, dice Mirta Aguilera.

La madrugada antes de la tragedia, dicen los que vieron a Damian, estaba muy nervioso, impaciente, fumando desesperado, sacando de su mochila, uno y otro cigarrillo.

Epílogo

Danilsa regresó al apartamento  de San José de los Campanos, en la tarde del miércoles 12 de abril.

Su deseo es reanudar su existencia, junto a sus hijos Kevin, de 23 años, Keiber, de 18 años, y Kenin David Meza Niño, de 19 años.

Y seguir trabajando como auxiliar de cocina, en donde su manjar predilecto es un éscado frito en zumo de coco.

La hermana Nazly y la madre Cleotilde Leal, creen que solo un milagro de Dios pudo salvarla.

El conductor del bus de Ternera que llevó a Danilsa al hospital dijo que “no soy muy creyente, pero lo que pasó dentro del bus, me ha dejado convencido de que hay un Dios.

Nunca supe quién fue ese hombre misterioso que apareció y le puso la mano en la cara y entró con ella al hospital.

No sabemos en qué momento, desapareció cuando los médicos recibieron a Danilsa”.



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