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Dasso Saldívar descifró a Gabo

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Dasso Saldívar (San Julián, Antioquia, 1951) escribió la primera y magistral biografía de Gabriel García Márquez (1927-2014): “El viaje a la semilla”, que abarca el nacimiento del escritor hasta la escritura de Cien años de soledad (1967).

Con incredulidad el Premio Nobel  de Literatura, dijo al enterarse  de la aparición de este libro: “Estoy vivo  aún”. Tenía setenta años. Pero poco antes de morir, leyó el libro de Saldívar  en tres días de desvelo abrumador, y lo llamó para decirle: “Si hubiera leído antes El viaje a la semilla, no habría escrito mis memorias”. Dasso tenía veinte años de indagación apasionada y rigurosa sobre cada uno de los pasos de García Márquez, y viajó a todos los lugares posibles para descifrar los datos ocultos. Fue él quien reconstruyó la vida escolar de Gabo, y el duelo ficcionado del abuelo Nicolás Márquez Mejía y Medardo Pacheco en 1908. Escribió su biografía con el ritmo narrativo y poético de una  novela, y encontró tonos de su existencia que clarificaron aspectos desconocidos de su personalidad y la gestación de sus novelas.

Juntos fuimos a visitar la casa de los padres de García Márquez en Manga, en los años noventa, y no olvido la perplejidad de Luisa Santiaga Márquez, la madre del escritor, contrariando una fecha que ya el biógrafo sabía con la obstinación de un cazador de milagros. Un dato impreciso afecta el ritmo de un libro e incluso el tono musical que deben tener  las palabras precisas. Lo que comprobó con su libro Saldívar es que la vida de García Márquez es la suma de muchos hombres  y pueblos a la vez, un coro polifónico de sus ancestros que susurran en cada una de sus palabras. Descifrar al escritor era ir a la esencia de Caribe y al embrujo de un mundo que requería ser nombrado con el aliento mítico y mágico de un escritor clarividente.

Dasso esperó salir del laberinto crucial de su biografía traducida a doce idiomas, para iniciar la públicación de su obra personal que se inició con la edición de su novela

Los soles de Amalfi, un viaje personal a su propia infancia. Más allá de su biografía sigue descifrando ya no la vida de Gabo, sino cada texto de su obra periodística y literaria.

Este es el comienzo de una intensa e inagotable conversación.
 

¿Cuál fue el aspecto de la vida de Gabo que más le costó trabajo descifrar en su investigación para su biografía?
-No fue propiamente un aspecto de su vida, sino ciertos momentos del proceso, como su infancia, su adolescencia, su estancia en Zipaquirá y todo el capítulo de México. Pero los momentos que más trabajo me exigieron tienen que ver con la vida de su abuelo el coronel Nicolás Márquez: la documentación y reconstrucción de su participación en la guerra de los Mil Días y su duelo en Barrancas con Medardo Pacheco Romero.
 

Frente al espejo del tiempo, cómo le pareció Gabo como ser humano, qué matices descubrió en su personalidad?
-Gabo era un ser complejo, muy rico en su complejidad, pero cuando vivía el momento, cuando estaba con un amigo, con un familiar, con un periodista, o cuando trabaja en sus textos, era un hombre relajado y entregado con toda humildad en ese momento. Dos rasgos de su personalidad me parecieron especialmente llamativos: su capacidad de escuchar al otro (especialmente en su caso, pues muy pocos hombres gloriosos y célebres saben escuchar) y su empecinamiento sin tregua cuando se proponía escribir algo o llevar a cabo un proyecto.
 

Cuando murió Gabo se dijo en los medios que era el mejor escritor de los últimos cuatro siglos después de Cervantes. ¿Por qué solemos comparar a dos genios de dos tiempos?
-Si comparamos a dos genios de dos tiempos diferentes, como Cervantes y García Márquez, es porque tienen algo en común: la grandeza y la creatividad fuera de lo común. De hecho, sin subestimar a otros grandes clásicos de nuestra lengua, ellos han sido los dos escritores, los dos fabuladores de nuestra lengua que volvieron a inventar el mundo de una manera tan autosuficiente y verosímil, que sus historias y personajes han llegado a parecernos mucho más reales, y sobre todo mucho más verdaderos, que los de la realidad.
 

¿Cuáles cree son los personajes que más se parecen a él?
-Todo personaje de ficción es autobiográfico. Muchos personajes tienen alma contradictoria porque, entre otras razones, se alimentan con parte de lo que es o fue su creador y también con parte de sus sueños, de lo que éste  hubiera querido ser. Aureliano Buendía tiene mucho de García Márquez pero también es todo lo contrario de su creador. Aunque otros de sus personajes tienen mucho de él, como Úrsula Iguarán (Gabo hubiera podido decir también, al modo de Flaubert, “Úrsula soy yo”), creo que su  personaje más alter ego es Melquíades. Sin ninguna duda. Melquíades no solo es personaje visible en Cien años de soledad, sino que está al otro lado o dentro de la novela sosteniéndola con su imaginación, su poesía y su escritura en sánscrito. Por eso es el personaje ubicuo de la novela. Pero esto no sólo ocurre en Cien años de soledad: Melquíades está detrás de todos los libros de García Márquez.
 

¿Qué episodios mágicos le han ocurrido con su biografía en la mirada de los lectores del mundo?
-Muchos. Sobre esto podría escribir un libro entero. Te cuento solo tres casos. Tengo una lectora de Miami, que con el tiempo ha sido una amiga, que leyó El viaje a la semilla en el hospital durante una convalecencia de una operación de cáncer, y le atribuye su recuperación total al hecho de haber leído mi libro, pues su lectura le dio tanto ánimo y tantas ganas de vivir que volvió a leer a Gabo, y eso, dice, fue definitivo. La casa donde vivo en Madrid la compré gracias a un préstamo hipotecario personal que me concedió la directora de un banco que estaba muy agradecida de que yo hubiera escrito ese libro, que ella leyó tomando notas en una semana, en horarios de cinco a siete la mañana. Y la directora de la sección de Cultura de el diario El Pueblo, de Pekín, me pide de pronto colaboraciones porque leyó ese libro en mandarín. Como puedes ver, perece ser que las mujeres son las más entusiasmadas lectoras de El viaje a la semilla.

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