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De Yuca Asá, Pollerita Alzá y otros nombres de barrios

Rabo Largo, Marica el Último, Cara e’ Perro, Arroz Barato, Pata e’ Gallo, Zapatico en Mano y Barriga Pelá parecen simples frases o expresiones de la jerga popular del Caribe colombiano, pero no. Son célebres nombres de calles, sectores y barrios de muchos de nuestros pueblos o ciudades de la Costa.

Algunos más vulgares que otros, pero son una realidad innegable de la que muchos se ríen y otros se avergüenzan. Tal es el caso de Huevo Pelúo y Chucha Sola, en Turbaco; Pollerita Alzá y Entra si quieres y sal si puedes, en Arjona; y Yuca Asá, en San Jacinto.

En Turbaco, le dicen Huevo Pelúo al barrio La Victoria “porque cuando comenzaron a construir la urbanización había pocas casas y desde un altillo se veían solo las casitas en medio del monte. Supuestamente, una residente de un lugar cercano se subió al altillo y al divisar dijo que esas casitas en medio de ese monte parecían un Huevo [Güevo] Pelúo. En un tiempo, para que no sonara vulgar, la gente que iba a alguna cita médica y le tocaba llenar el formulario de dirección decía: ‘Yo vivo en la Mala palabra’. Hoy se llama La Victoria, pero todo el mundo sabe cuál fue su nombre originario y hay gente que ni sabe que ya el barrio cambió de nombre y lo sigue llamando Huevo Pelúo”, cuenta un habitante de Turbaco.

A Villa Campo le dicen Chucha Sola “porque fue una urbanización hecha para madres cabeza de hogar y lo nombraron así porque la mayoría de habitantes eran mujeres”, agrega.

Por los amantes...
Cuentan los arjoneros que hace varios años, una zona oscura y poco habitada de este pueblo se convirtió en el sitio predilecto de parejas enamoradas para consumar su amor. Tenían la compañía de los mosquitos y la incertidumbre de que una persona pasara por el lugar a interrumpir, pero igual se lanzaban en su aventura. El sitio se fue poblando y sus habitantes no estaban dispuestos a compartir sus territorios con aquellos traviesos amantes, por eso, cada vez que los veían los correteaban... Las mujeres salían despavoridas con sus vestidos levantados ante la persecución y el hecho se convertía en motivo de burlas y risas entre los pobladores.

De esas anécdotas repetitivas se le denominó Pollerita Alzá (alzada) a aquel barrio, que apenas empezaba erigirse. Hoy se llama San Jorge pero la gente lo sigue identificando con su nombre inicial.

Dicen que en el barrio El Recreo, de Arjona, cuando comenzaron a levantar las casas, algunas calles no quedaron bien planificadas y diseñadas. La gente se metía por un lado y después no encontraba por dónde salir, de ahí su mote: Entra si quieres y sal si puedes.

En un barrio de San Jacinto, donde, según sus residentes, hubo una época de recesión económica en la que la gente del barrio solo comía yuca asada porque, a falta de sistema de acueducto en el pueblo, debían comprar agua para cocinarla y la situación no daba para ese “privilegio”, desde entonces el barrio se llama Yuca Asá o Yucasá, como aparece en las facturas de servicios públicos.

En este pueblo de los Montes de María también encontramos Gallo Bueno, El Botón del Jopo, Cagaguao, El Sobaco y La Calle Mocha, que no son los verdaderos nombres pero así los reconoce la comunidad. Estos nombres no salen de la nada, todos están relacionados con una anécdota o una condición social, ambiental o económica.

En su blog ‘Se sufre pero se aprende’, en El Universal, el investigador cultural Ricardo Chica publicó la entrada ‘Si nos dejan’, en la que explica que el poder sirve para “excluir, para marginar, para apartar” y que una manifestación de los efectos excluyentes del poder está en el nombre de algunos barrios.

“Me acuerdo de uno en Sincelejo que se llama Chucha Fría, pues, sufrían muchas inundaciones de manera que la gente permanecía con el agua a la cintura. Ese referente me hizo recordar otro nombre de barrio que existió en Cartagena en los años setenta: Güevo Pelúo. No encuentro justificación aparente para tal nominación, pero, sin duda es un rótulo marginal. En Barranquilla encontramos el barrio Me Quejo: un nombre que narra, que relata, que dice algo de la situación de los habitantes respecto al poder y su naturaleza excluyente: nos quejamos. Pero, el nombre de barrio con el que me identifico es Si nos dejan, también en Barranquilla. Creo que es la nominación más pertinente con la realidad de la inmensa mayoría de los cincuenta millones de colombianos”, señala el docente.

Por su parte, el lingüista Andrés Vásquez, quien desarrolla una investigación sobre los nombres de los locales comerciales en Cartagena, manifiesta que podría obedecer al carácter sociocultural en el que se desenvuelven los hablantes. “Esa es la primera impresión que tengo con mi tesis de trabajo, pero no podría afirmarlo hasta tanto termine la investigación”.

Vásquez comparó el caso de los nombres de los barrios con una ferretería en Zaragocilla a la que el dueño le asignó Ferretería Remedia pobres, “porque las personas que compraban allí no tenían mucho dinero para comprar y él tenía que venderles un kilo de cemento, 50 centímetros de varilla y así”.

La lista de nombres o remoquetes de barrios, solo en Bolívar, es larga: en Bayunca, La Revuelta del Güevo; en San Cristóbal, Vaca Pelá; en San Estanislao de Kostka (Arenal), La Chucha y Rempujo; en Magangué, La Pala y Chupundún; en Marialabaja, Pela El Ojo; en Las Palmas (San Jacinto), La Pezuña del Diablo; en San Cayetano, Mata Puerca, Boca e’ Chivo, Palo Negro y Quita Orgullo; en Santa Rosa de Lima, Cara Sucia; en Soplaviento, El Chispón...

Muchos de esos nombres fueron asignados por sus mismos habitantes cuando apenas empezaban a fundarlos, otros se ganaban el remoquete debido a alguna situación curiosa que sucedía en el barrio, pero lo cierto es que, aunque tengan otra denominación, la gente los sigue reconociendo por su forma más pintoresca.

HAY MÁS

- El Zoológico, en Arjona, es el barrio Nuevo Paraíso. Lo conocen de esa manera porque allí viven varias personas que tienen apodos de animales.

- Marica el Último, también en Arjona, se llama José María Córdoba. Su nombre jocoso se debe a que cuando sus habitantes fundaron el barrio, indicaron que comenzaran a construir, y expresaron esa frase popular.

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