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Del polvo lunar al vino boyacense

-¿Sueños por cumplir?
-Ninguno. Creo los he cumplido todos.

Incluido uno que no estaba planeado: Ser el científico colombiano encargado de estudiar las partículas de la Luna de la misión Apolo. Incluido eso que soñó a los 11 años, cuando su papá le dio un sorbo de Chateau D’yquem, uno de los vinos más famosos del mundo.
A esa edad se propuso crear en su tierra una magnífica bebida, como esa que embriagaba sus labios. Para concretar su ferviente sueño, en la vida de Marco Antonio Quijano Rico han transcurrido décadas y muchos, muchísimos acontecimientos. Hoy, dice, ha logrado su cometido.

***
Su papá, un agricultor de Sogamoso, Boyacá, invirtió sus cultivos de peras, ciruelas y duraznos, en la universidad de Marco, que, deslumbrado por la química de las plantas, quiso estudiar química.

De los Andes colombianos aterrizó a los 18 años en los Alpes del viejo continente, en Lausana, Suiza. Ahí, ese joven del campo colombiano, conoció unos hermanos cartageneros, hijos de Vicente Martínez Martelo, que se convirtieron en sus compañeros de andanzas y a quienes recuerda con afecto.

Al terminar su carrera regresaría a Colombia, pero los planes cambiarían. “Me fui a Alemania, trabajé como asistente científico e hice mi doctorado en un instituto muy famoso que se llama el Instituto Max Planck para la Química, en la división de química cósmica. Es una de las instituciones con mayor número de premios Nobel en el mundo”, recuerda.

Allí tuvo una de las dos experiencias fascinantes de su vida. “Precisamente trabajé en algo muy interesante que me apasionó, lo que tiene que ver con el análisis químico de la primeras muestras traídas de la Luna por los astronautas en el proyecto Apolo. Supimos que la luna no es tan ajena a la Tierra, parece que es una parte de la Tierra”, explica.

El hijo pródigo
Era un científico colombiano en la cúspide de una prestigiosa carrera en Europa, inclusive desarrolló su propio método para analizar elementos como el boro o el litio. Pudo seguir investigando y convertirse incluso en uno de los premios Nobel de su instituto. Entonces, ¿por qué regresar?

Fue en la Navidad de 1969 que lo decidió. Si bien enorgullecía a su familia, siempre le reclamaban por no haber vuelto a su natal Boyacá. “Asistí a una conferencia mundial sobre ciencias de la Luna en Houston, Texas, y aproveché para visitar a mis papás en Colombia. Ellos pensaban que yo me iba a quedar por fuera (...) Yo tenía miedo de dejar mi puesto en Alemania”, narra.

Entonces, una buena oferta le ayudó a decidirse. “Regresé traído por la Federación Nacional de Cafeteros. Fundé y dirigí por 22 años el laboratorio de investigaciones sobre química del café. El café descafeinado tiene un mercado interesante en el mundo, ese fue el tema que más trabajé, se hicieron tres patentes internacionales y eso hace que en el año 1988 me dieran el Premio al Primer Inventor Nacional, por parte de una firma de abogados expertos en patentes de Colombia”, sostiene.

***

El cultivo de peras, ciruelas y duraznos se dio en Boyacá hacia el año de 1927, de la mano de un personaje del departamento, que convencido de que el clima era similar al de Alsacia, una próspera región francesa, importó árboles frutales de Europa y logró adaptarlos a las condiciones de ese pedazo del país.

En 1930, el padre de Marco Antonio fue el tercero en cultivar este tipo de frutas en esa región y el pequeño boyacense nació y creció entre esos cultivos en el campo. “En 1944 mi padre me invitó a un pueblo en la región que se llama Firavitoba. Se compró una botella de Chatteau D’yquem. Frente a una mata de uva descendiente de matas coloniales traídas por jesuitas, me dijo: ‘prueba esto tan bueno, sale de esa mata’. Yo me dije, increíble que teniendo aquí esta mata, nosotros no hagamos el vino, así nació mi idea de ese cultivo en esta región”, añade.

El Valle del Sol
Marco Antonio nunca abandonó la idea de hacer un vino colombiano competitivo con los mejores del extranjero. Mientras se convertía en un exitoso científico en Europa, visitaba campos de viticultura de Francia, Portugal, España e Italia, y al volver persiguió su sueño. “Aquí me tienes con esa quijotada. Se me había olvidado el trabajo de agricultura y tenía que reaprender de nuevo del campo”, me comenta ahora, a sus 84 años.

“Compré esta loma, que se llama Puntalarga, en el año de 1982. En 1984 sembré las primeras plantas de Alemania, en 1987 producimos el primer vino, en 1989 hicimos la primera fiesta de la vid en la región. En 1995 empezamos nuestro proyecto de extensión avícola. Tenemos 33 campesinos que producen uvas que están entre las mejores a nivel mundial”, agrega.

Entonces vinieron más reconocimientos. En 1994, una de sus bebidas fue considerada como el mejor vino tropical en Bremen, Alemania. Luego, en Montreal, Canadá, tuvo una participación destacada en un concurso de vinos de prestigio internacional. También, en 2007, en Mendoza, Argentina, ganaron medallas de plata en otro concurso.

Hace dos años, en una cata mundial, uno de sus vinos fue seleccionado por un comité para participar en el evento, en Bourdeos, Francia. “A raíz de ese evento quedamos invitados para estar presentes en la Ciudad de la Civilizaciones del Vino en Burdeos, donde nuestro vino está a la vista. Es una especie de centro cultural mundial del vino, tiene vinos selectos, escogidos a nivel internacional. Es el único vino colombiano que está en ese lugar tan importante”, comenta.

Se trata del vino Riesling Valle del Sol. “Así era llamada esta zona por nuestros antepasados precolombinos. Es un vino que tiene todas las características típicas del riesling más las contribuciones que le da un clima de una región como la nuestra y que están dominadas por la calidad de la luz, lo que lo hace prestigioso es la calidad de los rayos ultravioletas, que hacen que la mata se vea obligada a producir sustancia particular”, explica.

¿Cuál fue esa otra gran experiencia de su vida?

-Yo creo que las dos más grandes emociones que he tenido en mi vida han sido las de recibir las muestras lunares en la mano, pesarlas, mirarlas, y muchos años después venir a cosechar la primeras uvas riesling y pinot negro en esta región de Colombia, para producir el vino.



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