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Desde Cartagena, Simón Bolívar inflamó el patriotismo

En octubre de 1812, pocos días después que fuera detenido el realista Antonio José Caro en Mompox, cuando iba de paso hacia Ocaña para contraer matrimonio con Nicolasa Ibáñez, llegó Simón Bolívar a Cartagena, procedente de Curazao.



Tenía el Libertador 29 años cuando llegó a la ciudad, abatido y desencantado tras la pérdida de la Primera República de Venezuela, de la que salió el 27 de agosto de 1812 en compañía de varios patriotas, para dirigirse primero a Curazao y dos meses después a Cartagena.

Se alojo en una casa de la Calle San Agustín Chiquita, que fue restaurada por el Banco de la República y hoy es uno de los escenarios culturales más activos de Cartagena.

Aquí, Bolívar se reunió con algunos de los expatriados de Venezuela, entre ellos el ex ministro de la Alta Corte de Justicia de Caracas Vicente Tejera, en unión de los cuales se puso al servicio del gobierno de la Nueva Granda, en una carta que escribió el 27 de noviembre.

Y en esta casa del Centro Histórico escribió, el 15 de diciembre, una texto llamado originalmente “Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño” y que se conoce como “Manifiesto de Cartagena”, en el que pretende explicar cuáles fueron las razones por las que se perdió Venezuela, atribuyéndole al sistema federal la debilidad de los gobiernos que, junto con la división de los criollos, la impunidad de los delitos, la mala administración de las rentas públicas, la falta de conciencia ciudadana y la influencia de la Iglesia, contribuyeron a que España recuperara el control y echara por tierra la Primera República.

El Manifiesto, cuya primera edición se publicó con el título original en la imprenta de Diego Espinoza en aquella misma ciudad, a comienzos de 1813, concluye con una exhortación:

“Corramos a romper las cadenas de aquellas víctimas que gimen en las mazmorras, siempre esperando su salvación de vosotros: no burléis su confianza: no seáis insensibles a los lamentos de vuestros hermanos. Id veloces a vengar al muerto, a dar vida al moribundo, soltura al oprimido y libertad a todos.”

A finales de diciembre, Bolívar emprendió, con 200 hombres, una campaña en la cuenca del bajo Magdalena, encomendada por el Estado Soberano de Cartagena, cuyo presidente era Manuel Rodríguez Torices, y el 21 de ese mes ocupó Tenerife, donde dirigió una encendida arenga a sus habitantes.

El 26 de diciembre llegó a Mompox, una población por la que siempre conservaría un cariño inmenso.

Allí, frente a las aguas revueltas del majestuoso Magdalena, conoce a la francesa Anne Lenoit, una preciosa rubia de 17 años, tímida y sensual, que vivía con sus padres emigrados de Europa y dedicados al comercio.

Cuando el gobierno de Manuel Rodríguez Torices ofreció protección y un auxilio económico a los inmigrantes extranjeros para explotar tierras agrícolas en el interior del estado, los padres de Anne llegaron a principios de 1812, huyendo de las agitaciones políticas en Francia.

Fue un breve pero apasionado romance, roto por las necesidades de la guerra, en la localidad de Punta Gorda (Salamina), después del cual Bolívar se apoderó de Guamal, mientras en Cartagena ocurrían grandes acontecimientos, como la salida al exilio del obispo Fray Custodio Días Merino, en cuyo reemplazo, la Junta de Cartagena nombró al presbítero Juan Fernandez de Sotomayor, obispo de Mompox.

Dos años después, Bolívar habría de regresar a Cartagena, en otras circunstancias y con otros propósitos, y ante la falta de apoyo, se propuso incluso someter a la ciudad a un sitio.

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FUENTES:

Bolívar, de Indalecio Liévano Aguirre. Ediciones El Liberal. 1945

El Libertador, de Augusto Mijares. Ediciones de la Presidencia de la República de Venezuela. 1987

Crónica razonada de la guerras de Bolívar, de Vicente Lecuna. Imprenta Nacional de Caracas. 1954

Historia General de Cartagena, de Eduardo Lemaitre. Banco de la República. 1983

Hechos y gentes de la Primera Republica colombiana, de Rodrigo Llano Isaza. Boletín de Historia. 1995

 

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