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Edgardo Camacho, sembrador de arte

Desde que llegó a Flamenco hace más de trece años, Edgardo Camacho Pérez escuchó temprano el eco lejano de unos tambores. Fue tras ellos, sin intuir que aquellos sonidos que arrastraba el viento, lo llevarían al color de sus propias pinturas. El profesor de arte y pintor autodidacta cartagenero, aprendió en el camino a afinar su propia sensibilidad, “pintando en todo lo que me regalara el viento, hasta en una hoja de uvero”.

En 2005 se convirtió en el profesor inspirador de arte del Colegio de Flamenco. Más que dictar una clase de 7 de la mañana a 1 de la tarde, era un ejercicio de estimular la vocación estética de sus estudiantes. Pasa toda la semana en Flamenco y los fines de semana en Cartagena. Pero  no descansa un instante, porque de 2 a 5 de la tarde, su casa es un laboratorio gratuito para continuar  con sus propios alumnos en la práctica lo aprendido en la clase en la mañana. Veintidós niños y niñas están en el taller artístico de Edgardo Camacho. Además de pintar sobre hojas de uvero, recicla todo lo que encuentra: botellas, maderas, cartones, integra sus fotografías  a sus instalaciones artísticas, y redescubre en el paisaje y en la gente, similitudes y matices de diferencias con la cultura africana.

Eso fue lo primero que hizo con sus propios estudiantes. Sumergirlos en el estudio de la cultura africana y encontrar puntos de encuentro.  Su proyecto de etnoeducación “Semejanza e identidad”, inició hace años el rastreo investigativo de tradiciones culturales de Flamenco y África,  conociendo e instalaciones artísticas que involucran el paisaje de la ciénaga y el volcán de lodo, los patios, las flores nativas, las hojas de los árboles,  los nidos de pájaros, las cortezas, y los pigmentos naturales en el rostro y en el cuerpo.

En el espejo del tiempo
Descubrieron los estudiantes junto a su profesor que en el río Omo, en Etiopía, sus habitantes se pintan el rostro y se llenan la cabeza de hojas, raíces y flores. 

“Pintarse el rostro con diferentes patrones y símbolos ha sido parte de muchas culturas, incluyendo las de las naciones africanas”, dice Edgardo Camacho Pérez, quien en 2014 ganó el Salón Bat de Arte Popular, con su instalación sobre el Lumbalú en Palenque, y ha sido declarado Fuera de Concurso en 2017 en la misma convocatoria, por  su obra  “Palenque, identidad que permanece viva”,  que integra “El Lumbalú de Graciela” y “La tristeza de Juanita”.

El proyecto cultural Semejanza e identidad ha permitido que los estudiantes de la institución educativa de Flamenco y sus alrededores que participan en la jornada escolar de Comfenalco “reconozcan sus raíces e identifiquen su linaje”.

Los estudiantes son de Flamenco, Ñanguma y Níspero. La institución educativa cuenta con 870 estudiantes. Uno de los aliados de esta iniciativa ha sido el rector Pedro Iglesias.
Flamenco está sobre un brazo del Dique y es un pueblo de sembradores de arroz y maíz, y en todas las casas hay un rastro del avión que se estrelló en la ciénaga. “Ahora el pico del avión  lo cogieron para echar granos de arroz”, cuenta Edgardo.

Peregrinaje a Palenque
Desde hace tres años Edgardo Camacho Pérez carga a San Basilio en la procesión del 14 de junio en Palenque. Lo hace como creyente y como investigador de sus instalaciones. “Todos van cantando y bailando mientras llevan al santo patrón y lo meten de espaldas. Cuando entra a la iglesia de Palenque, la gente lo acaricia, lo toca,  le pasan su pañuelo y luego se lo restriegan por su cara y se secan su sudor con el mismo pañuelo con que han acariciado a San Basilio, el santo tallado en madera”. Edgardo lleva siempre su cámara fotográfica, con la que capta cada instante. Eso hizo cuando estuvo en el funeral de Graciela Salgado “Batata”. Su instalación es una maqueta tridimensional en madera y triplex que integra fotografías. La cara es una foto real pero el vestido es pintado por Edgardo, quien fielmente sigue cada detalle de los vestidos en el lumbalú. Utiliza papel, bisutería, acrílicos y barniz. Un espectador de su hombre le dijo que le daban ganas de “meterse dentro de su obra”.

No hay ningún personaje de sus instalaciones que no haya sido investigado. Edgardo se sentó a conversar con los viejos de la tribu de Palenque, como Emelina Reyes o con la dinastía de Batata, para construir su obra. Está trabajando en una nueva instalación tridimensional sobre Fiestas colombianas.

El sembrador de arte
Edgardo Camacho Pérez dice que el semillero artístico que ha formado en Flamenco, no solo participa en las instalaciones de semejanzas y encuentros con África, sino en la creatividad individual de niños y jóvenes que con su arte, se han alejado de las oscuras y dañinas tentaciones del mundo moderno, como la droga, el alcoholismo o las adicciones tecnológicas no constructivas.

“Algunos de estos talentos de Flamenco, los hemos mostrado en el Museo Histórico de Cartagena”, cuenta Edgardo.

“Eduardo Serrano, crítico de arte del Salón Bat de Arte Popular dice que estas obras pueden presentarse en cualquier museo del país y del mundo. Mi opinón es que el arte popular no requiere de interpretaciones. Es un arte que va directo a todos los públicos”.

Epílogo
La curiosidad creativa de Edgardo Camacho no descansa. Participa en la actualidad en la exposición alterna “Crónicas y Memorias”,  en el Centro de Formación de la Cooperación Española, con obras de  Rodrigo Caballero, ganador del primer premio del V salón BAT, con la obra de la serie Barrio Popular; y Alfredo Piñeres, ganador de esa misma convocatoria. La exposición paralela fue organizada por Norma Uparela.

    Todo le sirve para crear a Edgardo Camacho: las hojas de uvero, las maderas encontradas, las flores y las raíces, el sonido misterioso de aquel tambor que lo sedujo la primera vez, como un lamento remoto en el corazón de Palenque.
 



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