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El ‘Al Capone’ de la salsa

La caseta ardía.

El público bailaba y entonaba una y otra vez el nombre del Joe Arroyo. Las personas esperaban ver a su ídolo, mientras la noche daba paso a la madrugada y el licor fluía. Los bailadores se preparaban y las mujeres se ajustaban las faldas: el show que tanto se había anunciado en Riohacha (La Guajira), iba a empezar.

Los miembros de la incipiente orquesta La Verdad subieron a la tarima y empezaron a preparar los instrumentos. Y entre los músicos estaba Jorge Elías Gómez Castillo, el trombonista cartagenero que se crió en el barrio El Toril, al que todos llamaban ‘Al Capone’. Así lo bautizó un profesor en su época de estudiante, cuando armaba monumentales peleas con jóvenes de otros colegios en pleno Centro Histórico de Cartagena. Su maestro decía que era el líder de la “cuadrilla” y que le recordaba al famoso mafioso italo-estadounidense. El sobrenombre se lo puso en plena hora de clases, y sus compañeros no dudaron en seguir llamando ‘Al Capone’ a Jorge.

Apenas empezaban los años 80 y de repente el Joe irrumpió en el escenario. Jorge preparaba su trombón, mientras que el animador del evento presentó al cantante y repetía una y otra vez que lo aplaudieran.

Pero, pese a la presencia del cantante, la masa ardiente que gritaba y bailaba, se volvió un cubo de hielo. El silencio duró varios segundos, pero fue devastado rápidamente por el murmullo de algunos que decían que el hombre que estaba parado en la tarima no era más que un remedo tétrico de su ídolo. Decían que ese no era el Joe, que se trataba de un farsante.

Entonces, pasó lo acostumbrado en esos principios de los años 80. Ante el descontento de los asistentes, empezaron las exigencias y después vino una “lluvia” de banquillos de madera. Rápidamente, Jorge bajó del escenario, evitando que le dieran un “banquetazo” o una pedrada, y lo mismo hicieron los demás músicos y el Joe.

El animador intentaba calmar el barullo, pero luego el mismo Joe subió a la tarima y pidió calma.

“Estaba flaco, esquelético, como los niños que pasan hambrunas en África. Estaba irreconocible porque acababa de salir del hospital, donde estuvo internado por sus problemas con las drogas, estuvo muy mal. El Joe tomó el micrófono y le pidió a la gente que se calmara, que lo disculparan pero que acababa de salir del hospital. La gente bajó los ánimos y entonces el Joe soltó ese cañón de voz que tenía, y empezó a cantar. Entonces lo reconocieron y el público empezó a aclamarlo. Subí al escenario junto a todos los músicos y pudimos tocar. Fue una de las experiencias que me ha dejado la música”, recordó el trombonista cartagenero.

Y es que son muchas anécdotas que Jorge tiene en los casi 50 años que lleva en el mundo de la música. A sus 72 años hace parte de Clan Latino, una de las orquestas pioneras en interpretar salsa, alternando con orquestas como Grupo Niche, Guayacán, la Nueva Fuerza de Aruba, Gran Combo de Puerto Rico, Joe Arroyo, Los Inéditos, entre otros. Actualmente, con Klam Latino busca difundir su más reciente sencillo “Soy latino”, en compañía de su hijo Jorge Gómez Junior, quien toca el piano.

Música en las venas
Pero el gusto del trombonista por la música le corre por las venas: su padre cantaba boleros. Jorge Elías nació en 1945 y se crió en las calles de El Toril. “Era una época de grandes músicos que nacieron y se criaron en El Toril, por allá en el año 65. Esa era una época distinguida por el romanticismo, por el bolero. Se vivía el auge de Los Panchos, Los tres reyes y la orquesta Matamoros. Víctor ‘el Nene’ Del Real también nació allá en El Toril, también ‘el Mono’ Martínez, en el barrio había grandes saxofonistas, trompetistas y guitarristas, era una calle con esa particularidad”, explicó ‘Al Capone’.

Antes de querer ser músico, Jorge quiso ser boxeador y dice que no le iba nada mal. Rondaba los 20 años cuando era amateur en este deporte. Recuerda que se la pasaba practicando y que en ese entonces el deporte de las narices chatas era como el fútbol de ahora, pues muchos jóvenes eran aficionados de este, junto al béisbol.

“Melanio Porto Ariza, representante de Rodrigo Valdez, hablaba con mi papá para que le diera la firma para que yo diera el salto al profesionalismo. Practicaba amateur y me decían en ese entonces ‘Kid Bolivitar’. Hice guantes con Bernardo Caraballo, con el cubano Pedro Miranda. Un día este cubano me preguntó que por qué yo no estaba en carteleras, que si quería él me ayudaba y hablaba con el empresario Filimón Cañate, que era el que organizaba las peleas con los de afuera. Pero yo le dije que era amateur y se sorprendió muchísimo. Me dijo que cuando él dio el salto al profesionalismo peleaba menos que yo, que me decidiera a dar el salto al profesionalismo. No sé en qué momento me fui olvidando del boxeo. Fue una indecisión y empecé a tomarme mis primeros tragos y me fui alejando, hasta que lo dejé”, cuenta el veterano músico.

Sin embargo, cuando tenía 22 años, pensó que ya estaba lo bastante “grande” como para ir definiendo qué hacer en la vida. Entonces, en una noche bohemia escuchó el consejo de sus amigos de andanzas. “En el sector Tesca, junto al Foco Rojo de Olaya, había una zona de tolerancia donde tocaban grupos en vivo. Yo a veces me iba a tomar por allá y le cantaba boleros a mis amigos, eso lo veía en mi casa con mi papá y me gustaba. Un amigo me dijo que me metiera a la música, que eso era lo mío. Le dije a mi papá que quería estudiar música, y este me llevó donde el maestro Dámaso Romero.

Aprendí a tocar la tuba y luego, como era un instrumento muy parecido, aprendí a tocar el trombón. Fue así como me presenté en la orquesta de la Armada y me aceptaron. Primero tenía que pasar un año practicando, para hacer el acople. Sin embargo, desde que entré, practicaba todos los días muchas horas. A los tres meses le dije al director que ya quería practicar con los integrantes de la orquesta. Me dijo que yo estaba loco, que cómo iba a ser eso. Le insistí y me dio unas partituras y empecé entonces a practicar con la orquesta. Yo los escuchaba practicar y ya sabía lo que tenía que hacer, y me metieron enseguida a tocar con ellos”, recuerda orgulloso Jorge.

Los años fueron pasando y con ellos vinieron los hijos (tiene tres). Y mientras tocaba con la orquesta de la Armada, Jorge se iba los sábados a Barranquilla a tocar con orquestas como la de Pacho Galán, La Protesta y Los Chicos Malos, en la que también cantó Joe Arroyo en sus inicios, recuerda. Tocaba en la noche y en la madrugada de los domingos se regresaba a Cartagena porque a las 7 de la mañana tenía que estar en la misa donde tocaba la orquesta de la Armada. En Cartagena también hizo parte de la Orquesta Barbacoa. Jorge dice que ha participado en más de 20 festivales de orquestas y recorrido a Colombia. También ha visitado varios países, como Estados Unidos. También tocó con la orquesta de Danny Daniel.Dice que le debe todo a la música.

“A la música le debo todo lo que soy y he sido. He viajado, he conocido, tengo mi casa y me jubilé. He pasado grandes e inolvidables momentos. Me ha dado todo lo que soy. Y todavía estoy guerreándola, a pesar de los años”.



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Comentarios

Que buena crónica

Wilson, que buena crónica, conozco a Al Capone e incluso pude tocar con el , cuando hice música en el pasado.
Existen muchísimos artistas en la ciudad, que no han tenido suficiente reconocimiento entre el público. Gracias a cronistas como usted, se puede hacer homenaje más que merecido a muchos cartageneros que como Al Capone, han hecho parte de la historia musical de la ciudad.