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El astro de la sintonía en San Cayetano

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Es invidente, pero su alma le permite ver todo cuanto es posible. Su voz contrasta con la ternura de sus gestos.

No necesita ver la luz del sol, los colores de la naturaleza o la forma de los árboles para saber cómo son. Tampoco necesita ver para manipular a su antojo la consola de la emisora comunitaria de su pueblo ni para ser el anfitrión de un reducido recinto, de escaso metro cuadrado, en la iglesia católica de la población.

Es Oswaldo Castro Rivera, de 45 años, el director de San Cayetano Stereo, 99.7, “la emisora que se escucha nítida, claritica como el agua cristalina, hasta en los radios apaga’os”.

Es dueño de una recia voz que se escucha en cada rincón y con la que entretiene a la gente de San Cayetano.

“Tengo 11 años de estar en la emisora comunitaria, en donde aportamos al desarrollo del pueblo y a cuidar el medio ambiente, o sea, explicarle a la gente las cosas que se deben hacer y las que no”, cuenta.

Los versos brotan de su alma como la sonrisa espontánea que nace de su rostro. Camina o maneja su bicicleta por las calles de ese corregimiento de San Juan Nepomuceno (Bolívar), en los Montes de María, y todos: vecinos, amigos y conocidos, lo saludan con cariño y le juegan bromas solo para escucharlo.

“Empecé a versear siendo un muchachito. En las parrandas me ponían a versear y me daban 200 pesos. Me decían que tenía carisma pero yo no le tenía amor a eso, solo lo hacía para que los amigos se divirtieran, pero resulta y pasa que lo puse a prueba en tarima y me di cuenta que sí tenía talento porque fui ganando festivales. He ganado 37: en Chinú (Córdoba), en el Guamo, Las Piedras, Turbaco y fui finalista en Arjona”.

Aunque no le ha sido posible viajar a Valledupar para participar en el festival, tiene la ilusión de asistir el próximo año y enfrentarse a ritmo de vallenato con los más grandes contendores del país. Por ahora, se conforma con cantar versos a aquello que lo inspira: las mujeres, sus amigos y ese paisaje que aunque no lo ha visto, ha construido en su mente.

“Mi talento viene de mi mamá, ella componía, pero solo cantaba en la casa. Esos son dones que Dios da a cada persona para que se defienda. Porque usted sabe que cuando a una persona le hace falta un sentido, otro se le desarrolla mucho más”.

Primera vez en tarima

Empezó en el primer Festival del Ñame de San Cayetano. Esa vez no ganó, ocupó el segundo lugar, pero al año siguiente se enfrentó al mismo rival y salió victorioso. Esa fue su revancha.

“La verdad hay que publicarla, yo era una persona que hacía el verso incompleto. Cuando me montaba en la tarima sentía que me faltaba algo, hasta que un día me encontré con el maestro Alcides Manjarrez,  que también es invidente como yo, él es de Fonseca Guajira. Me dijo: Oswaldo a usted le falta una cosita, me enseñó y yo le cogí la onda. Después de eso yo comencé a ganar y después que me explicó estaba apura’o”, dice y se ríe.

“José Bornacelli me ganó una vez pero después me recuperé de lo que me había hecho. Una vez me echó un verso que yo ya conocía... En la piqueria habemos verseadores -me incluyo aunque no lo hago- que tenemos un verso hecho y eso no se puede hacer. Por algo se le llama el repentismo, porque se debe improvisar el verso a lo que se está hablando en el momento. Él me trajo un verso viejo que decía:
Llegaron los verseadores/hace rato los conté/de ellos son cinco chambones/que vinieron fue a comé.
Y le respondí:
Yo no sufro de complejos/mi mente te lo adelanta/porque ese verso es más viejo/que icotea en Semana Santa”.

Trabaja en lo que le toque

Oswaldo también sabe tocar la caja y la guacharaca. Con eso y lo que gana en los festivales se “rebusca” lo poco que puede dar a sus hijos, pues el trabajo que tiene en la emisora “es por amor, por gusto”, como él mismo refiere.

Lo que le interesa lo aprende. Quiso entrar a la emisora y hoy es el jefe de los controles. Comenzó a programar canciones con una grabadora y un DVD y ahora se acomoda con lo que tenga.

“En un tiempo trabajé en Radio Vigía, con el difunto Remberto Muñoz López en un programa que se llamaba Vallenatos del Ayer, de 7 a 9 de la mañana, todos los domingos. Después estuve con Amín Segundo Pájaro, de Arjona, en el programa Acordeones de mi Costa buscando talentos nuevos en los pueblos. En las calles vendí agua, lotería. Después me dediqué a la piqueria y me ha ido muy bien. Nunca he estudiado, pero aprendo muy rápido. Tuve la oportunidad de ir a una escuela para ciegos en Cartagena pero por no tener donde quedarme no pude seguir. Me estaban enseñando a leer pero duré poquitos días”.

Enamorador estratega

Mientras vendía lotería empleaba las estrategias menos evidentes para conquistar. Lo que lo enamoraba de una mujer era la voz, eso le gustó de la mamá de su primera hija, que ya tiene 17 años.

“Yo llegué a su casa y al escuchar su voz me pareció que era bonita, entonces siempre llegaba a vender para que ella invitara a sentarme, pero me decía que no compraba. Después llegaba con huevos criollos y también me decía que no compraba, que fuera a la casa del lado. Todo eso lo hacía para enamorarla, hasta que se dieron las cosas y le hice la niña. Tuve que hacerme amigo del hermano, que le gustaba el trago, y decirle que nos tomáramos un trago en su casa. Yo lo mandaba a comprar las cervezas a la cantina mientras enamoraba acá. Hasta que se dieron las cosas. Con la otra muchacha (la mamá de su segundo hijo, de 9 años) fue en San Juan. Es prima de ella”, suelta una carcajada con un poco de pena.

***
En la emisora, a eso de las cinco de la tarde, Oswaldo escucha la hora en un celular para reproducirla al pueblo de San Cayetano.
Sus manos organizan los pocos CD con solo acariciarlos e identifica cuáles  necesita para este momento. Los reconoce gracias a la memoria de la yema de sus dedos.

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