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El corroncho más feliz del mundo

El corroncho más feliz del mundo es el sanjacintero Hernán Villa, que le mandó una canción al papa Francisco, prometiéndole que llegaría al Vaticano a  cantársela, y llevarle como manjares yuca, suero y una hamaca. La corronchada le resultó porque el papa le respondió en dos cartas para que fuera a cantársela. Durante más de treinta años, ha pregonado que el mundo sería feliz si todos fuéramos corronchos. Compuso la canción ‘El corroncho’, interpretada por Alfredo Gutiérrez, propuso la cátedra del corronchismo en las escuelas para proteger la identidad cultural, y ahora es él el sorprendido porque su corronchada es parte de la agenda de clausura del Hay Festival Cartagena 2018, donde ha sido invitado a hablar del corroncho, junto a Juan Gossaín y Daniel Samper Pizano, dos corronchólogos mayores.

Un corroncho se delata porque tiene una manera particular de medir el tiempo y el espacio. La distancia entre un pueblo a otro puede estar a tres calillas, dos días en burro, o lo que duran siete canciones montunas de Alejo Durán. El más puro de los corronchos, un sabio natural que yo conozco, es casi un ángel en la llanura: el señor Abraham Devoz, que adivina adónde hay ríos subterráneos y agua que fluye debajo de los árboles, y lo contratan en las fincas de Santa Catalina de Alejandría o Bayunca, para que adivine dónde hay agua en tierras atormentadas por la sed del verano.

Corronchos perdidos y extraviados fueron los gaiteros de San Jacinto cuando fueron a Pekín y París, en el primer viaje que promovió Manuel Zapata Olivella, en 1954, y se perdió en el metro uno de los Lara. Y el resto de los gaiteros lo regañó  diciéndole que no podía separarse del grupo, y debían ir juntos como huevos de iguana, o como gajos de mamones. Los gaiteros encontraron a José Lara llorando y con el sombrero lleno de monedas. La gente que no sabía qué le había ocurrido, llegó a pensar que era un corroncho desamparado e indigente en el primer mundo, y solo se le ocurría llenarle el sombrero de monedas.

Corronchos  fueron todos los gaiteros, cuando se vieron de cuerpo entero en un espejo, y uno de ellos creyó que había alguien parecido que caminaba frente a ellos. Corroncho el compadre Herazo, que llevaba en su maleta de viaje una bacinilla para vaciarla por las madrugadas. Corroncho yo, que llevé un par de abarcas tres puntá a Bogotá y se me reventaron bajo la lluvia. Corroncho yo, que creí que alguien había mojado la almohada o que algún niño había orinado la cama. Y pedí una cerveza helada en pleno frío. Corroncho mi amigo poeta bogotano, que pidió malteada en La Boquilla. Corronchos los que llegaron por primera vez al aeropuerto El Dorado, y le preguntaron al primer agente de policía si conocía a la familia Basanta de Talaigua. Corroncho sabio Abrahan Devoz, que ya no necesita andar con una varita de limón para adivinar dónde hay agua en las fincas, y solo le basta mirar las ceibas para saber adónde  la hay.  Corroncho, mi amigo Beltrán de Santa Cruz, que entierra su ron clandestino para bebérselo con los amigos el día de su cumpleaños. Corroncho, mi compadre que conserva su musengue de corozo para espantar los mosquitos del invierno. Corroncho, mi compadre, que aún usa mosquitero y duerme en cama de viento o tijera. Corroncha mi gente, que cree que es más rica la sopa servida en chocha de totumo y con cuchara de palo. Corroncha mi gente de El Carito, que le canta a las vacas para que la leche sea más dulce. Corronchos todos los que le  tienen miedo a las escaleras automáticas y los ascensores, y tienen que meterse un buche de ron para encaramarse en los aviones. Corroncha bella mi tía, que decidió morirse después de comerse un plato de mote de guandul. Corroncho iluminado mi amigo Numas Armando Gil, que luego de conocer al filósofo Fernando Savater, lo invitó a comer un mote de queso. Corroncho el primo de David Sánchez Juliao, que le pidió que le llevara en avión a Bogotá una caja  de cangrejos vivos para el arroz del domingo. Corroncha mi amiga, que para encontrar la señal de Internet se sube en un palo de mango. Corroncho, el más grande de los colombianos que prefirió vestirse de liquiliqui para recibir el Premio Nobel de Literatura. Corroncho el músico barranquillero en Estocolmo que mientras caía la nieve le dieron ganas de orinar y se espantó al creer que el frío le había disminuido una parte de su cuerpo. Corroncho, el gaitero que oyó ladrar los perros en la China y se preguntó por qué los perros de la China ladraban igual a los perros de San Jacinto. Corroncho, el alcalde que inauguró el primer bloque de hielo que llegó en una caja llena de aserrín, en los años veinte del siglo XX, y creyó que el hielo era el mejor invento del mundo. Corroncho el que va a las tiendas y pide una ñapa, o va a las fiestas y pide un barato.

Corroncho el amigo de Sincelejo que llegó al mercado y pidió una hora de mondongo. Corroncho, el que vio los cuatro números de la lotería entre las escamas del bocachico y fue corriendo a comprar la lotería. Corroncho, el que soñó que una hamaca podía mecerse desde el cerro de Maco hasta el Valle de Upar, para juntar a los vallenatos y a los sabaneros en una sola parranda. Corroncha la estirpe de los Batata en Palenque, que despiden a sus muertos tocando tambores y cantando el amor amor, cuando estoy en la parranda no me acuerdo de la muerte. Corroncho el que compra su ataúd a tiempo y lo encarama en un zarzo de su casa, o compra a plazos un terreno en el cementerio. O pide en su testamento que le hagan una parranda,o que tiren sus cenizas al río  o al mar, o como la corroncha europea, que le lancen las cenizas en el centro comercial. Corroncha la ciudad que tiene letreros de salida donde entran todos y letreros de entrada donde salen todos.  Corronchas las hermanitas que se alquilaban para llorar en los entierros de los años treinta en Cartagena. Corroncho Alejo, que podía darle un dolor de estómago si no decía “apa, oa” en cada canción. Corroncho el mantero que se creía invisible en las notas largas del porro tocado por la banda 19 de Marzo de Laguneta. Corroncho Hernán Villa, que invita a un mote de queso dietético.



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