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El cuento de Luis Carlos Betancourt

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Luis Carlos Betancourt tiene una habilidad poco común: en su cuerpo habitan dos hombres. Por un lado está el mismo Luis Carlos, amante de la literatura, de los libros, poesía, teatro y la narración oral. Y en la contraparte está Lucas: aficionado a la champeta y el reguetón. Un tipo que se sube a una buseta a cantar sin miedos ni reparos con dos objetivos: contar lo que pasa en la esquina, en la “lleca” (calle) y llamar la atención de los jóvenes y todos los actores del conflicto que por cuenta de las pandillas vive Cartagena. El mes pasado, por ejemplo, mataron a TANTAS personas en medio de reyertas.

No es que Betancourt esté loco o tenga doble personalidad. Es cuentero y Lucas es su personaje estrella y un "gancho" para atrapar a su público en la Fundación Cultural Máscaras que busca rescatar los valores y la cultura ciudadana a través del arte.

***

Luis Carlos es el hombre que entra en escena, pero apenas comienza a echar cuentos se transforma en Lucas. Pocas personas lo reconocen como Luis Carlos Betancourt. Como Lucas es más identificado este cuentero y actor cartagenero por su público, incluso por amigos y familiares que olvidan por ratos su verdadero nombre. Es alto y fornido, tiene el cabello largo, pero recogido. "Echa” cuentos y se desenvuelve como si estuviera actuando en una obra de teatro. Sus pausas, gestos, movimientos, además de la historia que narra, hacen parte de su espectáculo. Esa es su particularidad.

Desde el parque del conjunto residencial donde vive junto a su esposa e hija, habla de él, de su trabajo, de sus proyectos. Su voz y la expresión de su rostro, su ceño fruncido, su mirada penetrante, hacen pensar que es una persona poco amigable, pero a medida que avanza el diálogo, se va olvidando que está en medio de una entrevista y conversa como seguramente lo hace con cualquier conocido, o con su público. Resultaría paradójico que un hombre que trabaja con humor tuviera un genio contrario.

“No hay cosa más seria que el humor, y Lucas hace un humor serio porque parte de la condición humana, de la propia realidad, de lo cotidiano, de lo que se vive día a día en los barrios. Este personaje es un espejo de la vida cotidiana, un chico que estuvo en el mundo de las pandillas, en drogas, alcohol, salió adelante y muestra la problemática social en barrios populares de la ciudad. Cuando él dice que en los barrios 'están repartiendo pan y queso', o sea, 'pam pam' (lo que sería el sonido de los disparos) y que eso te sirva de experiencia, busca ese lado amable a eso tan maluco que sucede, pero no haciendo apología a la violencia, sino mostrando como un espejo”, dice Luis Carlos.

A diferencia del cuentachistes, que a través de un relato rápido, cotidiano y burlesco, tiene la intención de hacer reír, los cuenteros narran historias con un principio, un nudo, un desenlace e invitan a reflexionar, a los valores, a los principios. “Eso es lo que buscamos los cuenteros, aunque en el camino haya una serie de apuntes y de situaciones cotidianas que producen la hilaridad, la risa, pero no es la búsqueda del cuentero”, dice.

Dice que desde niño siempre fue un “payaso” y que en su barrio los adultos lo ponían a contar cualquier hecho ocurrido. Esa chispa y exageración que le agregaba, el “teatro que montaba”, era lo que le gustaba a sus vecinos.

Siempre le ha gustado “hablar porquería”, como le decía su abuela, María López Cárdenas, “la vieja Mayo”, una vieja “deslenguada” que nació en Lorica, Córdoba.

“De ella recibí todo este legado. Ella era la verdadera cuentera, sin quererlo porque no sabía leer ni escribir, simplemente contaba historias y a través de estas nos enseñaba tanto a sus hijos como a sus nietos. Con eso crecimos, con esas historias que nos invitaban a la reflexión, que nos llevaban un mensaje, que nos hacían pellizcar frente a diferentes situaciones. Ella falleció... El maestro David Sánchez Juliao la menciona en uno de sus libros porque tenía muchos dichos... Esa era su forma de hablar, de contar sus propias realidades y las realidades de los demás. Chismosa al fin y al cabo”, dice y se ríe.

*Luis Carlos estudió artes escénicas en la Universidad de Arte de Medellín y luego actuación para cine y televisión en la Fundación Teatral Barajas, en Bogotá, y ha trabajado en producciones cinematográficas como Dolores, y El amor en los tiempos del cólera; y en televisión, en La viuda de la mafia, Las noches de Luciana y El Joe.

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