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El cuerpo es sacro

El cuerpo había sido despojado de su dimensión sacra. Tal vez muy pocos sabían que era sagrado, o quizá sí lo sabían, pero en 2001 parecía no interesar mucho: ese año Colombia padeció más de 20 masacres. Apenas en Chengue (Ovejas-Sucre) -por ejemplo- mataron a 27 personas. 27 seres humanos. 27 cuerpos exterminados.

Y hablo de 2001 porque precisamente ese año comenzaron a cambiar las vidas de los dos protagonistas de esta página. Eran dos muchachitos de barrios pobres de Cartagena, que ni siquiera sabían mucho lo que significaba la palabra sacro, pero que comenzaron a aprenderlo en El Colegio del Cuerpo.

Johan:
Se llama Johan Fernando Gutiérrez Padilla, nació el 5 de junio de 1991 en El Bagre, Antioquia, y sabe bien lo que es la violencia. Le tocó salir de allá huyéndole a las balas y a las amenazas, y llegó a Cartagena con su mamá, su papá y sus dos hermanos mayores para vivir en Nelson Mandela. Su papá murió diez años después, por culpa del desarraigo. Nunca se acostumbró a esta ciudad, ni a pasar de tenerlo todo a tener que hacer cualquier cosa para subsistir en un lugar que no era suyo. No conseguía trabajo. Vivía angustiado porque había sido desterrado tan injustamente y murió de pura tristeza.

Johan empezó a estudiar en el Colegio Jesús Maestro, Sueños y Oportunidades, y hasta allá llegó El Colegio del Cuerpo a hacer una demostración de danzas contemporáneas. El pequeño Johan, que entonces tenía 9 años, no entendía muy bien los movimientos, pero al final preguntaron quién quería inscribirse para formar parte de aquellos grupos y él levantó la mano. ¿Por qué? Por simple inercia.
“No sabía qué era, ni qué me esperaba, pero alcé la mano y me inscribí, y ahí empezó todo”, me dice sereno. Y continúa: “La danza, para mí, es la vida. Es lo que ocurre desde que me levanto hasta que me duermo”.

Quizá, al principio, no todos los entendían. ¿Cómo podía uno dedicarse a bailar, y ya? ¿No era más seguro y prestigioso ser abogado, contador o médico? Bueno, Johan intentó estudiar medicina en la Universidad de Cartagena, pero “afortunadamente” -dice él- no pasó, así que se puso a bailar y a bailar, y decidió que su vida sería un baile. Sigue en El Colegio del Cuerpo, más consciente que nunca de que la danza ayuda a cumplir sueños y a conocer otros mundos. A materializar sueños porque desde niño soñaba con ser profesor y ahora enseña todo lo que ha aprendido en El Colegio a otros niños. Y a conocer otros mundos porque ha viajado por Estados Unidos, Perú, Francia, México y España. ¿Pero cómo así que otros mundos, si no ha salido del planeta Tierra? Pues, cada cultura es un mundo, entonces...

Alexis:
Cuando Alexis nació ya su papá lo había negado. El señor se rehusó a reconocer que el muchachito fuese sangre de su sangre, por eso lo registraron con los apellidos maternos: Alexis Marimón Muñoz, vino al mundo el 28 de febrero del 89 y creció en Olaya Herrera, cerquita de la Ciénaga de La Virgen, vecino de la pobreza extrema, del hambre y la violencia.

Estudió en la Institución Educativa San Felipe Nery, y allá llegó El Colegio del Cuerpo. Le pareció tan extraño pero tan fascinante ese baile, que también decidió levantar la mano. “Venía huyendo un poco de la bulla que perturba mi vida. Me gustaba la lectura, estar en silencio, concentrarme y en el barrio donde yo vivía eso era muy difícil, llegué a El Colegio del Cuerpo buscando ese espacio. No llegué a la danza porque me gustara, sino a través del silencio”, me cuenta.

“Al principio fue caótico, la sociedad no acepta a un bailarín en una zona tan convulsionada como Cartagena. Me tocó enfrentar a mi familia, a mis compañeros de clases que me decían ‘marica’. Esa era mi gran crisis y es una lucha que todavía libro”.
A Alexis también le decían que los bailarines se mueren de hambre y que él debía ayudar a su mamá y a sus cinco hermanos a salir adelante, así que fuera buscando otro camino, porque la vida no era un baile. Intentó ser comunicador social, estudió licenciatura en educación básica y psicología, pero no se hallaba, así que siguió con la danza, y no se arrepiente.

“El Colegio del Cuerpo cambió mi vida radicalmente porque me descubrí como artista, más que como bailarín. Para mí se ha abierto un gran mundo artístico, ha sido fundamental porque he podido conocerme, conocer otros mundos, otras culturas y transmitir a otras personas y otros niños el valor del cuerpo, el valor de la danza y el arte, y eso transforma las sociedades”, concluye.

***
Álvaro Restrepo, el director de la compañía, me dijo: “Lo que hicimos (con Alexis y Johan, y miles de chicos más) fue ayudarles a conseguir una mirada diferente, que ellos pudieran escoger entre varios caminos. Ofrecerles la oportunidad de ver el mundo, conocer otras culturas, y yo creo que eso ha sido extraordinario”.
Yo simplemente digo que El Colegio del Cuerpo les cambió la vida.

Cifras

12
de noviembre, en el Centro de Convenciones, El Colegio del Cuerpo celebrará los 20 años de su fundación. Viene la compañía de danza más importante de Japón: Sankai Juku.

Más de 8.500 niños y jóvenes han pasado por los diferentes proyectos y programas de eCdC.

Muchísimos colegios de la ciudad han conocido el trabajo de eCdC. Solamente con el proyecto MA: Mi Cuerpo, Mi Casa (2008-2012). apoyado por el Gobierno de Japón y Banco Mundial, han trabajado con 18 Colegios de las zonas más vulnerables de la ciudad.



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