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El David Arango, un buque incendiado

El señor Antonio Botero Palacio, frente a la albarrada de Magangué, despachaba en aquel 19 de enero de 1961, en su almacén Comisariato, la mercancía para el barco David Arango, cuando la gente empezó a gritar que el barco se estaba incendiando.

Eran como las seis de la tarde. Una mujer que había planchado su ropa al mediodía, se le había olvidado la plancha ardiente en el camarote, y salió de compras, y el fuego devoró el más bello y lujoso de los barcos a vapor que había surcado las aguas del río Magdalena.

El barco de tres pisos era de una madera finísima del Oriente, y sus aspas iban salpicando música de viento de la orquesta de planta del barco, cuya llegada se anunciaba con un sordo silbato que parecía el lamento de una ballena, y luego, la música invadía el aire caliente bajo el sosiego de las ceibas. Fuimos a Magangué a buscar al señor Antonio Botero Palacio y lo encontramos muy cerca del lugar donde despachaba hace 58 años cuando ocurrió el desastre, y lo volvimos a ver, a sus 91 años, aún despachando en su almacén, y escribiéndole poemas al río, cuyas aguas arrastran la memoria de sus días y noches vividos en Magangué, desde que salió a pie y descalzo desde el corregimiento de Mesopotamia, en La Unión, Antioquia, y se quedó para siempre entre los nativos, inventando razones para no volver, mientras el río se convertía en su puntual confidente de los amaneceres. Así es.

“El capitán del barco soltó las amarras de su bote cuando supo que ya no había nada que hacer ante aquel incendio, y vio aquel enorme  esqueleto del barco, a la deriva, sumergiéndose en llamas, como un animal sobrecogido ante su propia destrucción”, dice con eufórica poesía, Antonio Botero Palacio, que conserva la memoria intacta, y guarda en su almacén una colección de réplicas del barco que era parte del paisaje de Magangué y en el  que soñó viajar alguna vez,  “pero es que el David Arango era un barco a vapor demasiado fino y elegante, muy sofisticado. Y su arribo al puerto era una verdadera fiesta. Se iluminaba todo con su llegada, como si fuera una orquesta flotante que irrumpía, apenas se divisaba la albarrada.

Yo llegué en un barco pequeño, llamado El Libertador. Ver quemar y hundir el David Arango es una de las tragedias de nuestra vida. Al día siguiente del desastre, al amanecer, descubrí que el barco, como un enorme esqueleto había ido a parar por los lados de Yatí, frente a la hacienda de Leocadio Puerta. Dicen los que se quedaron viendo el final del barco, que escucharon su último lamento al sumergirse en el río Magdalena, como si el espíritu de la orquesta retumbara en el maderamen quemado entre las taruyas”. El barco llegaba al Banco, Plato, Tenerife, Honda, Girardot y La Dorada. Los barcos a vapor surcaron las aguas del río Magdalena, cuando viajar por río o tren, eran dos maneras comunes y corrientes de viajar por el país. En 1929 navegaban por el Magdalena, 121 barcos a vapor, según Priscilla Burcher. El barco David Arango fue la memoria del Caribe y sus aguas. Por allí iba todo el mundo. Lo que llegaba y lo que salía. Por ese barco viajó la ilusión, el amor y el desengaño, la codicia de los viajeros y el espejismo de los aventureros.

Ahora, frente a la Albarrada de Magangué, Antonio Botero Palacio despierta temprano, con el primer sorbo de café, y emprende la aventura poética del día. Es uno de los seres singulares, laboriosos, imaginativos, sensibles y emprendedores que existe en este país. La vida le ha alcanzado para todo lo que ha soñado: es el autor del himno de Magangué y de una monografía histórica; autor de la novela autobiográfica “Al final de la inocencia”; del libro Los lagares del alma, una monografía de Magangué; y un ensayo histórico sobre la ruta de Uribe Uribe; y en la Guerra de Los Mil Días, La Batalla de Magangué; la historia de La Unión (Antioquia); del poemario “Canción para una despedida”, que reúne hermosísimos textos sobre el río Magdalena y su vivencia en Magangué.  Vino descalzo de su pueblo y así a lomo de mula llegó a los corregimientos más recónditos de Bolívar, como maestro de escuelas rurales, luego de graduarse en la Normal de Varones de Manizales.

Su vida ha sido el magisterio encantador de la poesía, el habla iluminada y el servicio desinteresado a los demás. A él se le deben múltiples proyectos e iniciativas culturales en la región como la biblioteca pública, la academia de historia local, el Centro Cultural Casatabla, y obras de infraestructura en barrios, centros hospitalarios, ancianatos, entre otros. Su poesía ha ido al encuentro del río de la memoria, con el ser humano, y ha conjugado con amorosa devoción, la solidaridad entre sus semejantes, celebrando cada día, el milagro inagotable de la belleza del mundo.

Ahora acaricia la pequeña réplica del barco incendiado. Dice que a lo largo del tiempo ha visto los colores maravillosos, pero también siniestros, del río. Atrás quedó un perfume olvidado: “el perfume de los naranjeros que desparramaban danzas voluptuosas desde las lianas, que se columpiaban en el trapecio de las ceibas vetustas. Hoy el río Grande de La Magdalena, se ha tapizado de coronas náufragas que van flotando… hoy esas aguas tienen un sabor amargo de lágrima proscrita. Un sabor de sudario franciscano”. Siente que el corazón del río está achacoso como él y se está muriendo de pena cómo él. Me señala un punto del paisaje donde el barco se incendió. Muy cerca de él. Y ahora el río fluye aparentemente manso bajo la luz del verano. Y no suena ninguna orquesta. Está en la nostalgia y en la memoria del barco David Arango.



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Comentarios

MUY BUENA HISTORIA

MIS PADRES ME HABLABAN DE ESTE MAJESTUOSO BARCO,MUY LUJOSO Y MANEJABA TRES CATEGORÍA DE PASAJERO,EQUIVALENTE EN LOS TRES ESTRATOS SOCIALES DE LA ÉPOCA(ALTO-MEDIO-BAJO)SIENDO EL ALTO DONDE VIAJABAN LAS FAMILIAS PUDIENTE DE LA ÉPOCA DE TODO EL PAÍS Y LA BAJA POR LO REGULAR ERAN LA GRAN MAYORÍA COMERCIANTES ,PERSONAS ESTAS QUE LLEVABAN Y TRAÍAN SU MERCANCÍA DESDE BARRANQUILLA LO HACÍAN POR ESTE

POR SER RAPIDO Y SEGURO,A PESAR QUE EXISTÍAN OTROS BARCOS YA

DESTINADO PARA CARGA,ENTRE OTRAS COSAS NO ERAN COMERCIANTES DE BAJOS RECURSOS LO CONTRARIO COMERCIANTES PRÓSPEROS Y ADINERADOS.MI PADRE TUVO LA OPORTUNIDAD DE VIAJAR EN ESTE LUJOSO BARCO COMO COMERCIANTE CON MI ABUELO,PERO ME LLAMA LA ATENCIÓN QUE NO NOMBRAN EL PUERTO DE ZAMBRANO QUE PARA LA ÉPOCA ERA JUNTO CON MAGANGUE ERAN LOS DOS PUERTOS DONDE LLEGABA ESTA IMPORTANTE NAVE,COMO TAMPOCO VEO

QUE POR NINGÚN LADO NOMBRAN A LA PROSPERA Y PUJANTE CIUDAD DE

BARRANQUILLA QUE ERA EL DESTINO FINAL DEL BARCO EN SU NAVEGACIÓN.
ESTO ERA UN PALACIO FLOTANTE,LUJOS,BEBIDAS FINAS ,ORQUESTA PROPIA,ERA EL MEDIO DE VIAJE PARA LOS HIJOS DE LAS FAMILIA ACAUDALADAS DE LA ÉPOCA QUE ESTUDIABAN EN EL INTERIOR DEL PAÍS,ESPECIALMENTE EN BOGOTÁ EN FIN EL BARCO CAPITÁN ARANGO COMO SE LE CONOCÍA SEGÚN ME DECÍAN MIS PADRES HIZO PARTE DE LA RICA HISTORIA DE ESTE PAÍS COMO

UN OASIS DE PAZ ENTRE EL CONFLICTO ARMADO QUE HA VIVIDO COLOMBIA

DESDE SUS LUCHAS BIPARTIDISTAS HASTA EL PRESENTE Y ENTRE OTRAS COSAS ESTE BARCO SÍMBOLO DE LA NAVEGACIÓN POR NUESTRO RIÓ DE LA MAGDALENA LO CONSIDERO COMO EL TITANIC CRIOLLO.
MUY BUENA ESTA HISTORIA QUE NOS TRAJO EL UNIVERSAL ESTE DOMINGO Y ESTE BARCO Y EL RÍO ES UNA HISTORIA INTERMINABLE DE CONTAR . FELICITACIONES

Historia Patria

Solo una vez llegó el David Arango a curramba, siempre éra Cartagena al actual muelle de los pegasos, antiguo mercado. Y bastante que viajé en él. mi tio éra el capitán

IMPORTANTE SU APORTE HISTÓRICO,PERO DENTRO DE LA HISTORIA DE

NAVE,NO TENGO CONOCIMIENTO QUE HAYA LLEGADO A CARTAGENA Y SU DESTINO PRINCIPAL ERA BARRANUILLA-LA DORADA ,PRÁCTICAMENTE HACIA EL RECORRIDO COMPLETO DEL RIÓ EN LO NAVEGABLE,HAY QUE RECORDAR QUE POR MUCHOS AÑOS ESTUVO EL FERRI DANCING QUE TENIA ORQUESTA Y VIAJABA ENTRE BOCACHICA Y CARTAGENA,SI MAS NO RECUERDO EL CAPITÁN ERA DEL INTERIOR,LE DECÍAN SILVA ,NO SE SI ERA EL APELLIDO.

Tiempo pasado !

Alli si que es cierta la sentencia "Todo tiempo pasado, fue mejor "