El día que dos rayos tocaron a Arenal

09 de julio de 2017 12:00 AM

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El padre Víctor estaba cenando. Los hermanos Arellano De Las Aguas caminaban por el campo. Eran las cinco y media de la tarde, dos rayos cayeron sobre San Estanislao de Kostka y el 5 de julio de 2017 será inolvidable para el pueblo: pasará a la historia como el miércoles de los rayos…El primero mató a dos campesinos. El segundo destrozó una torre de la iglesia.

El primero: mortal
“Los tres iban adelante de mí, cuando escuché el centellazo, ese trueno fue en seco. Cuando cayó ese impacto, caminé un poco más y los encontré tirados con sus animales. Nunca nos había pasado algo así. Gracias a Dios yo estoy vivo”, dice un campesino que está al pie de los ataúdes y saca de su bolsillo un reloj Casio, sin manillas, para señalar la hora exacta del nefasto impacto: “Fue a las 5 de la tarde”. Los muertos son Eugenio y Julio, el tercer hermano es Carlos y él sí sobrevivió.

La iglesia está cerrada y en la calle Girardot hay un altar improvisado. En plena vía, bajo la sombra de una carpa roja, reposan los cadáveres. En esta calle  se respira dolor. Hay caras tristes, rostros decaídos, llenos de lágrimas y no es para menos. La pérdida ha sido doble y tiene con el corazón arrugado a la familia Arellano De Las Aguas. Sentada en una mecedora, está apacible una anciana madre que acaba de perder a dos hijos: Se aferra a sus fuerzas y al aliento que le dan sus seres queridos.

No importa el sofoco del sol ni que la sombra de la carpa roja no los arrope, los curiosos llenan la calle Girardot y los comentarios de lo que pasó en el pueblo la tarde anterior van desde la suspicacia injustificada por algún tipo de superstición, hasta el simple poder de la naturaleza. Se aproxima la hora de decir adiós y con ella más y más gente se acerca a los ataúdes para ver los rostros de Eugenio y Julio, a quienes describen como seres bondadosos y llenos de virtudes. Todo el pueblo está consternado por la tragedia que llega a pocos días de sus Fiestas Patronales.

El padre Víctor Antonio Bustamante Torres oficia la misa en memoria a los difuntos por fuera del templo. El cementerio está a unos cuantos metros del velorio. Sin embargo, el cortejo fúnebre recorre varias calles antes de llegar al camposanto para despedir al par de hermanos.
“Se durmió en la paz del señor bendiciendo a los que dejaba sobre la tierra y sonriendo a los que le esperaban en el cielo”, se leía en uno de los mensajes que acompañaba los féretros, sepultados casi a la misma hora de la tragedia del día anterior.

El segundo, en la iglesia
Cuando cayó el segundo rayo, y la naturaleza descargó toda su furia sobre una torre de la iglesia, el cura estaba cenando. El padre Víctor pasó rápido el último bocado y corrió asustado al templo. Se encontró a unos pobres mortales pálidos del pánico: los obreros. Estaban pintando la iglesia, “vistiéndola” para las Fiestas Patronales de San Estanislao de Kostka, o Arenal.

“Yo tenía la brocha en la mano y sentí el candelazo”, recuerda José Barrios, uno de los obreros. Pintaba el altar y solo hace unos días había subido a la parte alta para hacer lo mismo con las torres. “En la otra torre hay un pararrayos, pero el rayo cayó en la derecha, hizo migas dos columnas del campanario... Los ladrillos cayeron a la calle, al techo de la iglesia y a casas vecinas. Había candela y humo”, explica Julio Flórez, maestro de obra.

En el pueblo hay quienes dicen que el rayo es solo eso: una manifestación ruda de la naturaleza… Otros, en cambio, aseguran que es un mensaje divino y que Dios estaba molesto porque apenas hasta ahora se dignaban a pintar la iglesia completa…

Tantos años pasaron hasta que la Gobernación se decidió a terminar de embellecerla, que cuando comenzaron a pintar la parroquia San Estanislao de Kostka, reinaba el escepticismo: ¿Será que esta vez si alcanza la pintura para las torres principales? ¿Otra vez quedará a medias? Es que nunca alcanzaba la plata, o nadie se atrevía a desafiar las alturas para darle brocha a la parte más alta de la fachada, que siempre lucía más vieja.  La iglesia tiene la falda, pero le falta la blusa, dijo más de un arenalero al pasar por la plaza principal del pueblo.

Esta vez la pintura, financiada por la Gobernación de Bolívar, sí alcanzó, pero cuando la iglesia estuvo vestida de un resplandeciente amarillo llegó el rayo.

La torre incompleta...
En 1905, cuando el sacerdote jesuita Julio Vázquez Vélez llegó desde Antioquia a Arenal se encontró con un templo de palma y barro, así que se propuso construir una joya arquitectónica imponente y empezó una campaña maratónica de la que participaron ganaderos, comerciantes y campesinos. Los más acaudalados donaban dinero, otros cabezas de ganado para ser rifadas. En el pueblo había más de 30 fábricas de ladrillos, de donde salieron gratis los bloques que eran arriados por estudiantes para la construcción. “Doña Petrona Ballestas, otra arenalera, se ganó la lotería y aportó una partida grande de ese premio para construir precisamente la torre derecha, la que destrozó el rayo. La historia de la iglesia la hemos recreado en poemas para que se conozcan los personajes que contribuyeron a darnos esa joya tan preciosa”, comenta Rodolfo Ramos Jiménez, historiador de Arenal.

Entonces, la iglesia San Estanislao de Kostka, es mucho más que el emblema del catolicismo: es el recuerdo tangible de aquella época de bonanza cuando el ferrocarril pasaba por el pueblo y los pobladores unidos lograron ponerla en pie como la joya arquitectónica más preciada… Aunque nunca hubiera sido terminada. Tardaron 35 años en construirla, pero nunca estuvo del todo lista: su cúpula tenía “faltantes” y “un desnivel”.

“No se terminó su torre derecha. A esa torre le faltaron dos pisos que le dan fortaleza, unas escaleras y el repello por dentro. No estoy diciendo que por eso colapsó una parte, el impacto del rayo fue potente. En la historia de Arenal creo que no existe un rayo más poderoso que el que tuvimos el 5 de julio de 2017. El rayo dio una voz de alerta para que nos toquemos el corazón y veamos que esa torre derecha nos está diciendo que ella no fue terminada y que podemos terminarla, creo que ningún arenalero se negaría a colaborar con eso”, dice Ramos.

Epílogo
De los Arellano De Las Aguas solo queda el recuerdo. La parroquia San Estanislao de Kostka, sin embargo, guarda historias que hablan del pueblo mismo. Cuentan de un alcalde de apellido Camacho, que “fue preso” por pintar la parroquia con dineros del erario cuando no había sido declarada patrimonio cultural. O el mito sobre una imagen de la Virgen de Fátima que, en tiempos del ferrocarril, llegó acompañada de unas palomas adiestradas, las cuales fueron cazadas para un sancocho por unos pobladores que después fueron muriendo uno a uno.

“La iglesia tiene un valor sentimental incalculable. El rayo del 5 de julio nos decepcionó mucho. Todos queríamos ver a la iglesia bien pintada el día de la Virgen del Carmen, pero es una cosa que se nos sale de las manos. Son cosas del cielo”, dice el historiador Ramos.

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