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El doctor Lucena y Diana, la primera bebé 'probeta' de Latinoamérica

Por: Sofía Flórez Mendoza

Era la habitación 506. Ese jueves no nacería cualquier Diana Carolina en cualquier cesárea. Ese jueves, 10 de enero de 1985, nació en una clínica de Bogotá a la primera bebé probeta de Latinoamérica: Dianita, Diani, Diana Caro o Diana Carolina, a secas, quién sabe cómo le dirán sus padres, lo cierto es que el artífice de esa proeza se llama Elkin Lucena, el doctor Lucena, le dice todo el mundo.

“Sí, era la habitación 506, eso no se me olvida –dice Lucena, ahora ríe–. No recuerdo tantos detalles de ese día, lo que sí tengo claro es que nos pegamos una borrachera ni la hijue..., de eso sí me acuerdo –ríe a carcajadas–”.

Diana no era una simple Diana. Era un hito de la historia de la medicina en Colombia, y en Latinoamérica. Era la primera y única victoria de Lucena después de más de 40 intentos fallidos, de muchos fracasos, porque en esto de la fertilización in-vitro el mínimo error echa a perder todo el proceso, que puede durar hasta cinco años.
El doctor Lucena se ha dedicado, desde 1978, a tratar pacientes con problemas de fertilidad y dar esperanza a personas que años atrás solo tenían dos opciones para ser padres: adoptar o simplemente aceptar su suerte. Lucena es la salida cuando definitivamente la naturaleza parece estar en contra.

Más allá del médico

Cinéfilo y devorador de periódicos por afición, a sus 79 años, el origen del doctor Elkin Lucena Quevedo sigue siendo motivo de disputa entre antioqueños y tolimenses.

“Yo nací en Medellín y como que de un mes, más o menos, me llevaron a Ibagué, entonces siempre hay esa pelea de si soy paisa o ibaguereño, a mí me da igual, donde me pongan está bien”, dice con aquella franqueza que lo caracteriza, aunque finalmente él y su familia terminaron desplazados a Bogotá, los perseguían por su inclinación política.

“Somos una familia muy liberal y en aquel entonces gaitanistas, lo que determinó una persecución muy grande del partido Conservador contra nosotros, específicamente contra mi papá, por eso salimos de Tolima a Bogotá. Más o menos desde 1949 estamos radicados allá”, me dice desde su consultorio en Cartagena. En la capital comenzaron una nueva vida y por un instante dudó ser médico, pero su vocación obedeció al legado de sus familiares.

“Tuve un poquito de duda con respecto al Derecho, porque mi papá era abogado, pero definitivamente nací para médico, además yo vengo de una tradición larga de médicos por parte del apellido Quevedo”. Su bisabuelo, José Ignacio Quevedo, médico de cabecera del general Santander, realizó la primera cesárea exitosa en América Latina, así fueron llegando más de veinte médicos y muchas primeras veces. Cuando acabó sus estudios en la Pontificia Universidad Javeriana tuvo dos opciones, pero siempre enfocado en la reproducción: “o me dedicaba a la urología o a la ginecología y la verdad no sé por qué resolví escoger la ginecología, pero aquí estamos”.

Ejerció como ginecólogo durante unos diez años y llegó un momento en que pensó que estudiar tanto para atender partos no tenía sentido. “Me entró la goma de la infertilidad y comencé. Fue un momento de crisis en el que pensé que el conocimiento tenía que dar para más, la vocación la tengo desde chiquito, la curiosidad de investigar”.

Cuando los otros médicos se preocupaban por controlar la natalidad, Elkin Lucena no tuvo más alternativa que atender sus impulsos, rebeldía natural o la intuición profunda de los pioneros y en 1978 abrió las puertas de Cecolfes, Centro Colombiano de Fertilidad y Esterilidad, el primer centro médico en Colombia especializado en estos asuntos.

Las miradas se volcaron sobre su trabajo, las críticas no se hicieron esperar, el nacimiento de Diana Carolina, las inseminaciones con donantes y la congelación de óvulos suscitaron un debate que amenazaba su labor. Los dos sectores que más presionaron fueron sus propios colegas (aseguraban que la fertilización in-vitro era imposible en Colombia) y la Iglesia católica, que catalogaba de aberrante la posibilidad de concebir seres humanos ‘en una probeta’.

Y, efectivamente, Diana Carolina no es una simple Diana. Tan grande como la proeza de Lucena fue el escándalo que nació con ella.
Tanto se escandalizó la parte más recalcitrante de la Iglesia católica, que Diana Carolina tuvo que ser bautizada por un familiar sacerdote, porque su ‘creación’ agredía los designios de Dios.

“Se me vinieron encima todos los colegas, la Iglesia; que Lucena está poniéndole semen de otros hombres a las mujeres, decían. Eso fue un escándalo tremendo, pero aguantamos y aquí seguimos”, toda la polémica solo sirvió para estimular sus esfuerzos y demostrar que en Colombia sí se podía, se puede y se podrá. La prueba es que van cuarenta años ‘pariendo’ bebés probeta… ¡Y ya lleva más de diez mil!



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