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El Juglar del Sinú está despierto

La música resonó en el auditorio del Teatro Adolfo Mejía y algo del atardecer caliente del Sinú vino con el soplo de la música de Pablito Flórez.

Un poco de la historia de más de setenta años está contada y cantada por Pablito Flórez (Ciénaga de Oro 1926-Montería 2011). Uno puede conocer personajes, episodios, costumbres, saberes  y sabores del paisaje con solo escuchar sus canciones. Escucho “La aventurera”, para regresar a mi infancia en Sahagún y sentir el sabor del casabe desmigajado en el café con leche que nosotros llamábamos con una sola sílaba caliente: Tecciao.

Ninfa del Valle Corcho Ruiz, la muchacha que iba de festival en festival, recorriendo los pueblos y dejando una estela de pasión, entre el Sinú y Cartagena, fue un amor fugaz de Pablito e  inspiradora de su célebre canción “La aventurera”.

Hace poco vino a Cartagena una delegación de Ciénaga de Oro, a lanzar en el Teatro Adolfo Mejía, el Festival Pablo Flórez Camargo, que en agosto de 2016 celebrará las Bodas de Oro de la Banda 19 de Marzo de Laguneta.

Marco Flórez Causil, hijo del juglar Pablo Flórez, contó que su padre  manejaba un gran sentido del humor, pero a la vez, era obsesivo y temperamental con su arte musical. Le pedía a su hijo que le grabara las melodías que se le ocurrían con solo ver una escena cotidiana en su pueblo. El dinero de los conciertos los metía en la guitarra y al regresar a casa, le recordaba a sus hijos que sacudieran la guitarra. Y una vez vio que no salía el billete. Y descubrió que uno de sus hijos se había ingeniado para que los billetes quedaran pegados dentro.

Mientras el hijo contaba anécdotas, recordaba que en marzo  de  2007, en los ochenta años de García Márquez, toqué la puerta de la casa del escritor en la Calle del Curato, en San Diego, para dejar una selección de las canciones de Pablito Flórez y una grabación personal del mismo músico dirigida a García Márquez, en donde le pedía que aguantara y no se dejara morir, porque quería tomarse un trago de ron con él. El mensaje hablado y cantado se logró gracias a mi amigo Édgar Cortés Uparela. Supe que días después, el mismo García Márquez llamó a Pablito Flórez para que viniera a su casa en Cartagena. El encuentro con el Juglar del Sinú y el Premio Nobel de Literatura, se cumplió el 25 de marzo de  2007, en compañía del músico Joaquín Solano. De ese encuentro se conserva una foto.

Un festival para Pablito
Un año antes de morir Pablito Flórez, sus coterráneos le propusieron que se creara un festival que perpetuara su nombre, pero él fue reacio al principio, pero aceptó finalmente. El Festival Pablo Flórez Camargo no solo ha fortalecido el conocimiento y celebración de la obra del músico, sino que se ha convertido en un semillero musical en Ciénaga de Oro. Así lo cree Dayler Lenes Pacheco, presidenta de la Fundación Pablo Flórez, quien destaca que “dentro de poco Ciénaga de Oro será la cuna del porro en guitarra. En seis años de festivales se han logrado 240 composiciones que aún no se han grabado y abarcan porros, fandangos y paseos. La otra tarea a largo plazo es consolidar la creación de la Casa Museo Pablito Flórez que sirva de referente cultural en toda la región sinuana”.

Pablito Flórez compuso cerca de un millar de canciones, muchas de ellas, aún permanecen sin grabar. Compuso boleros y tangos.

El juglar en Cartagena
“Lo que he compuesto son porros, cumbias, paseos, boleros, tangos, bambucos”, me dijo Pablito en Cartagena.

“Tengo cuarenta boleros inéditos. Compuse un bolero en 1946, uno que inicialmente se llamaba “Alma en los labios”, y terminó llamándose “Edita”, en homenaje a Edita González, la esposa de Toño Usta. Hay un verso en ese bolero que dice: “sendero embriagador que cubre mi dolor”. Hay otro bolero que le compuse al Ingenio Berástegui, se llama “Ingenio viejo”, en los años sesenta. Y es sobre la zafra, un triste lamento sobre lo que quedó de una ilusión. Cuando yo compongo, llevo siempre una grabadora en el bolsillo y a mi mujer en el corazón. La melodía me llega sorpresivamente como la letra y le retengo el ritmo hasta pulirla en casa. Puede nacer de cualquier cosa, como cuando una muchacha me mostró un retrato y me preguntó qué me parecía y yo le dije que era una foto muy bonita que me recordaba a alguien, y ella me preguntó: ¿A quién? Y yo le dije: A usted. Hice de eso un bolero: “Retrato”. Hay allí un verso que dice: “Tibio paraíso que cubre mi sufrir”. Hay una canción mía que me gusta muchísimo: “Sinú caliente”, en donde hablo del paisaje y del yacabó, pájaro feo que con la muerte tiene cita. La música hay que sentirla y vivirla. Pero ahora con tanta depredación y desarborización, hasta los pájaros de mal agüero se han ido. Es curioso y triste ver a un hombre sofocado tumbando un árbol y buscando a la vez una de sus ramas para huir del calor.

Lo que más recuerdo de mi infancia y de Ciénaga de Oro, mi tierra, es mi gente y las costumbres que se han perdido: aquellos viejos vendiendo empanadas, aquellas señoras sentadas en su taburete fumándose una calilla con la candela al revés, pero lo que más extraño es el respeto hacia los mayores”.

El sabor musical
“Los sabores del porro” le ha dado la vuelta al mundo en la bella interpretación de Totó la Momposina. Escucharla es como paladear un banquete de tradición: “el bollo poloco esmigao en celele y a minguí con coco”, “el queso bien amasado con panela ´e coco de Colomboy”, “la yuca harinosa asá mojá en asiento de chicharrón”, la viuda de pescao, “la leche esperá en corrá”, y el otro sabor del paisaje: “la china esparascá en fandango”, el sabor de los mangos, la totuma de guarapo con hielo y limón “bajo un higo sato sentao en un cajón”.

Epílogo
El Cuarteto Orense, que dirige su hijo Tayro Flórez, deleitó a los asistentes en el Teatro Adolfo Mejía, con la música del inolvidable Pablito Flórez.
“La aventurera”, interpretada por Boris García, me sacudió el alma. El grito de Pablito: ¡Gózalo Mono Mendoza!, dedicado al padre de Germán Mendoza Diago, me regresó a las aguas del Sinú y a la mejor crónica cantada de mi tierra.
 



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