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El mercado de las promesas rotas

Con el nombre Pedro A. Salazar abrió sus puertas, en 1970, el que hoy conocemos como Mercado de Santa Rita. Se construyó en terrenos donados a la Iglesia católica, que a su vez los destinó para este fin, siendo alcalde de Cartagena Álvaro De Zubiría. Las Empresas Públicas Municipales, dirigidas en ese entonces por Alberto Araújo Merlano, se encargaron de edificar la plaza de mercado y, en los años posteriores, de administrarla. El fin era el bien común de los barrios aledaños, brilló por la concurrencia de clientes y, por supuesto, por sus ganancias.

“Yo llegué de muy niña. Venía gente de todos los sectores vecinos, hasta de Crespo. Ahí llegó a existir un Banco Popular, para los pagos. Nos iba muy bien”, me cuenta una veterana comerciante. Definitivamente era un digno mercado sectorial, de un solo piso y 150 locales. Años después, bajo otra administración, las Empresas Públicas fueron liquidadas y esto dejó al Santa Rita bajo el mando de sus propios comerciantes, según cuentan ellos mismos.

“Más o menos para 1989, las Empresas Públicas recogieron todo lo que tenían ahí y se fueron, nos dejaron a la deriva. Fue un momento de crisis, éramos alrededor de 120 comerciantes y nos turnábamos dos personas todas las noches para cuidarlo, así duramos un tiempo. Ya después nos organizamos y tomamos ese rol de administrarlo. Así sobrevivimos cerca de 30 años, hasta el 31 de diciembre de 2013, el día que a nosotros nos sacaron”, me explica Asdrúbal José García, otro vendedor veterano. Él obtuvo su puesto en la plaza luego de una tragedia.

“Nunca había trabajado vendiendo algo y menos de carnicero. Al dueño de ese local lo mataron, entonces quedó ese espacio y hubo una persona que me ofreció que lo ocupara. Me ayudó con dinero y me enseñó un poco del oficio”, recuerda. Además de carnes, se adquirían abarrotes, dulces, frutas y verduras. Así pues, dicen los vendedores que, organizados en una junta, tomaron las riendas de aquel centro de comercio. “En el año 2006, por falta de recursos, el Mercado comenzó a deteriorarse y una nueva junta asumió la administración para recuperarlo”, recuerda Asdrúbal. Mary Giraldo, dueña de una dulcería, narra haber estado en ese nuevo grupo directivo.

“Debido a un cáncer de cerviz me retiré un tiempo del Mercado pero nunca me ausenté totalmente. Cuando nos tocó asumir la responsabilidad a la junta conformada por Rodrigo Zuleta, Efrén Belosa, Gilberto Belosa y Olga Castro, entre otros, el Mercado tenía una deuda de 100 millones de pesos. Eso lo pagamos haciendo fritos, sancochos y rifas. Yo recogía la plata y la entregaba a la junta. Un día tres tipos me encañonaron en mi negocio para atracarme, pensaban que yo tenía ese dinero conmigo. Yo peleé, el tipo me pedía la plata, que me iba a meter un tiro, salté por un muro, logré escaparme y empecé a gritar por todo el mercado, no llegaron a hacerme nada”, recuerda Mary. Los comerciantes afirman haber puesto al día las deudas de electricidad, agua y recolección de basuras, pero la infraestructura de más de 30 años del mercado estaba deteriorada. Su techo y paredes se desmigajaban.

El nuevo mercado
“En su tiempo, Nicolás Curi prometió reconstruir el techo y así varios gobernantes prometían cosas para el Santa Rita. Varias veces aprobaron dineros en el Concejo, hicimos alianzas, así encontramos fuerzas para conseguir la intervención del mercado”, dice Asdrúbal. Fue cuando Dionisio Vélez era alcalde que, por fin, tumbaron el dañado Mercado de Santa Rita, para construir uno moderno, un modelo para otros sectores de la ciudad. “Cuando salimos de ahí, en diciembre de 2013, teníamos en nuestra mente que era por un año, la demolición comenzó en febrero de 2014 y la obra sería en dos fases, pero al año el Santa Rita no estuvo listo y empezaron los incumplimientos”, dicen hoy los vendedores.

La promesa de tener listo el mercado a tiempo comenzó a romperse una y otra vez. Por tal o cual razón. En ese primer año, el mismo alcalde Vélez anunció que la obra avanzaba bien y culminaría en septiembre de 2014, léase bien: “tres meses antes del plazo”. Primera promesa rota. En abril de 2015 apenas adjudicaron la segunda fase de construcción y, por varios meses, se prometió, una y otra vez, que diciembre de ese año era el mes de entrega. Así fue: Vélez entregó el mercado el 31 de diciembre de 2015, en su último día como alcalde. No fue más que un acto protocolario, pues las puertas del mercado siguieron cerradas y, en ese momento, la obra estaba suspendida por una revisión en los medidores de energía.

En febrero siguiente otra vez se pospuso inaugurarlo. Ya en junio de 2016, Manolo Duque abrió una licitación para varios faltantes en la construcción y se dio el 15 de noviembre como día inaugural. Otra promesa rota. Esa fecha se postergó para diciembre de 2016, después para el 3 de agosto de 2017 y finalmente para el pasado 1 de diciembre, cuando tampoco se abrió.

El nuevo mercado tiene 238 locales, una parte para 89 comerciantes del antiguo Santa Rita y 100 de Bazurto; zona de restaurantes, parqueaderos y área de refrigeración. Hacerlo costó nada más y nada menos que 14.122 mil millones de pesos, pero hasta el sol de hoy sigue cerrado. Para muchos es la evidencia tangible de la corrupción que corroe a Cartagena. ¿Será que este 2018 el Mercado de Santa Rita sí abrirá sus puertas?

 

Diferencias
Ahora, existen diferencias entre los vendedores del mercado y la Alcaldía. Los 89 comerciantes del antiguo mercado, agremiados en la Asociación de Comerciantes del Mercado de Santa Rita (Acodesar), exigen desembolso de mitigación a la que dicen tener derecho por el tiempo que dejaron de laborar y un capital semilla de siete salarios mínimos para empezar sus negocios. También dotación de los cuartos fríos y que las zonas de cargue y descargue estén aptas para funcionar. El Distrito ha dicho que no es posible dicho capital semilla y que los comerciantes son los que no aceptan las condiciones para la apertura del mercado que ya está listo. 

Pesares a la vista
Entre sus pesares, los comerciantes del antiguo mercado, que al comienzo de las obras recibieron más de 3 millones de pesos, cuentan que varios de ellos están en la quiebra,  vendiendo en las calles, que las vendedoras de pescado tienen sus mesas en los alrededores del nuevo mercado. “Hace 30 años el Distrito abandonó a Santa Rita, nos dejó a la deriva, nosotros tuvimos que sostenernos ahí,  ahora estamos en la quiebra porque la misma Alcaldía con sus gobernantes nos están llevando al fracaso”, dicen.



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