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El niño artista del acordeón

El acordeón invisible ya estaba en sus dedos. Cuando iba a jugar béisbol, la madre descubrió que sus dedos tocaban las teclas de un acordeón imaginario. Todo lo que tenía en sus manos, se convertía en su instrumento soñado desde antes de cumplir los cinco años.

Ese es el retrato de José David Caraballo Aguilar, nacido en Cartagena, el 5 de enero de 2007. Tiene solo 10 años y la mitad de su vida se la ha pasado tocando acordeón. Su fascinación desde que era casi un bebé era ver los conciertos de los juglares vallenatos y sabaneros: Alejo Durán, Leandro Diaz, los Zuleta, Juancho Rois, hasta los más recientes. Estudia 5 Grado en el Colegio Salesiano. Es disciplinado en sus estudios y apasionado en su instrumento.

¿De dónde nació esa pasión por el acordeón? Por los ríos del tiempo pasa un músico, por las aguas de los ancestros, suena un instrumento. Los padres son los primeros sorprendidos, pero el padre recuerda a su abuelo músico Betsabé Caraballo. La madre decidió comprarle el primer acordeón en un Sanandrecito, y lo llevó junto a su padre, a recibir las primeras clases de acordeón en el Camino del Medio.

“Mi primer profesor fue Duván González,  quien me enseñó  a tocar y a querer el acordeón en el año y medio de clases, a mis cuatro años”, dice José David.

“Lo que sé actualmente, en cuanto a técnica, estilo, lo he aprendido de mi segundo profesor, Ramón Burgos”.
“Las escalas son lo más difícil del acordeón”, dice. “Aprender a no soltar los bajos cuando estoy tocando ha sido lo más difícil”.
Las primeras canciones que aprendió a tocar fueron “María Espejo”, “Alicia Adorada”, y las canciones para celebrar los cumpleaños.

En una tarima
“Desde muy pequeño veía los videos de Silvestre Dangond y lo imitaba, para ello cogia las tapas de las cocina y simulaba que estaba grabando. Una vez el abuelo materno le buscó algunos micrófonos de juguete y los colgó en la sala para que el niño se sientiera mejor. Su primera fiesta a los tres años en el parque Flanagán fue con música vallenata y él sonó su acordeón de juguete, lo tenía al revés, pero todos los que estaban allí lo rodearon al ver su talento”, cuenta la madre.

“Compré muchos discos de Celedón, Silvestre, Piter, Diomedes Díaz,y él se sentaba a ver una y otra vez los videos. La primera persona que creyó en én fue José Trespalacios, un señor de gran corazónque conocimos en Pasacaballos y de inmediato se comunicó con su amigo Mincho Paternina, y lo llevó a un concurso del canal Cartagena “Pa Valledupar”. Desde allí, se ha venido presentando en varios programas”.

Han sido claves en este proceso de formación del niño músico, además de Mincho Paternina, René Rodríguez, Edwin Tapias, Luis Dunoyer, el Colegio Salesiano, Maye Sánchez,  Nemer Yesid, los familiares maternos y paternos, entre otros. La madre lloró de emoción cuando lo vio tocar por primera vez en una tarima.

Entre grandes
Ramón Burgos, el maestro formador de José David, dice que la vocación y la pasión se encontraron en su alumno, y a él, entrega todo lo que sabe, para que sea un orgullo regional y nacional de la música. El apostolado de Ramón ve en la música y en cada niño, una reserva invaluable de talentos locales. Cada niño cartagenero que descubre la vocación por la música, es un privilegiado. Ese niño renunciará a lo fácil y poco a poco se convencerá de que aprender un arte requiere de voluntad, disciplina, pasión, compromiso, sin que deje de ser niño.

En el caso de José David, él sigue jugando fútbol con sus amigos, compartiendo  momentos con niños de su edad, aunque tenga a un padrino musical como Iván Ovalle. Este año José David, participó en el Festival Vallenato clasificando entre los primeros 25 en el puesto 17, cuenta el padre. Ha compartido tarima con  Adolfo Pacheco, Iván Ovalle, Poncho Zuleta, Jacobo Fonseca, Yeyo  Núñez,  Kbeto Zuleta, el hijo de Poncho Zuleta, César el Che López, entre otros.

José David ha representado a Cartagena, en el Festival del Frito, Feria Artesanal del Caribe, Cámara de Comercio de Barranquilla, emisora de las Reinas, en el Festival Andrés Landero, Club Unión, Teatro Adolfo Mejía, entre otros.

En familia
El niño va con su acordeón a tocarle serenatas a su abuela Judith Valiente. Siempre va ponerle serenatas a sus abuelos el día de sus cumpleaños. Es tan exigente con su instrumento que hace años descubrió que tocaba un acordeón para aficionados, y le dijo a sus padres:_“Ustedes me han engañado”, “este es un acordeón de juguete. Quiero uno de verdad”. La seriedad del niño los dejó enmudecidos.  Los padres lo sorprendieron  hace años con acordeón profesional marca Honner tres coronas. Ese es el que toca. Daba sentimiento ver al niño con un instrumento al que apenas lo tuvo en sus manos, lo exploró con una inagotable curiosidad.

En tono menor
“Pocas veces he visto a un acordeonero tocar en tonos menores, y un caso excepcional, escuchar a un niño como él interpretando como todo un profesional su instrumento”, dice Rubén Darío Álvarez.
José David siente que lo posee la música en esos bajos. Ese tono sintetiza sentimientos profundos. Se arrugan al tiempo los flejes del acordeón y los pliegues de su corazón. José David cierra los ojos en lo alto de la música para mirar desde adentro. La música brota de adentro hacia afuera.

Epílogo
Cuando no está tocando el acordeón intenta tocar un teclado invisible en el aire,  como si persiguiera el camino de una música. Dice que se aprende una canción en menos de tres días, hasta que suena como la versión original. Interpreta “Mañanitas de invierno”,_“Mi presidio”, “Así fue mi querer”,_“Tardes de verano”, entre otras.
Le gusta mirar el mar desde la muralla, y caminar los domingos.  No se desprende de su acordeón. Duerme con el acordeón a la vista. Como si lo tocara dormido.



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