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Al Olímpico una mujer lo llevó a la lona

Para hablar con Alfonso Pérez, mejor conocido como “El Olímpico”, no es necesario hacer cita previa. Al ex boxeador se le ve todas las mañanas en el Coliseo Bernardo Caraballo entrenando, con el mismo entusiasmo de hace 40 años, a las nuevas promesas del boxeo colombiano.

A Alfonso desde muy niño le gustaba la pelea. En su antiguo de la Sociedad de  Amor a Cartagena, sus compañeros de clase tenían por costumbre lanzarle ‘bolitas’ de papel y eso encendía los ánimos del ex boxeador, que no dudaba en esperarlos a la salida del plantel para propinarles lo que él llama “unos  merecidos golpes”.

La que más sufría con esas riñas callejeras era Mercilia Peralta, la que hoy es su esposa. Ella, con tan sólo 12 años, le pedía que no comprara las peleas y que lo mejor era ignorar a aquellos niños, pero Alfonso hacía caso omiso a sus súplicas y la pelea siempre se daba.

Para esa misma época se realizó en Cartagena un combate de gran cartel como el de Bernardo Caraballo en contra del venezolano “Ramoncito” Arias, en el que éste primero resultó ganador. La ovación que recibió Caraballo fue lo que motivó Alfonso a decidirse por practicar el boxeo.

Alfonso recuerda que no podía borrar de su mente a Bernardo Caraballo saliendo del estadio en  brazos de sus seguidores y pese a que nunca le interesó el dinero, sí soñaba con que las personas lo reconocieran y vieran en él a un gran boxeador.

Tenía 12 años y ya sabía lo que iba a ser en la vida: sería un gran boxeador y contaba con el respaldo de sus padres, Juan Manuel Pérez y Dominga Torres, pero sin lugar a dudas el más emocionado de todos era su papá porque era un aficionado a las peleas, no precisamente a las profesionales.

“Mi papá era muy ‘peleonero’, él salía a tomar todos los sábados y en la calle se peleaba con todo el que se metiera con él, cuando se enteró que quería ser boxeador me felicitó tantas veces que ya no me acuerdo, además se encargó de que mi alimentación fuera la adecuada”.

Mientras don Juan Manuel le compraba las verduras y los ojos de vacas, que según él le daban mucha fuerza a su hijo, la madre de Alfonso se encargaba de prepararle todos los días esos alimentos junto con un plato de sopas.

“Cuando Caraballo ganó lo sacaron del estadio 11 de Noviembre cargado y entonces yo me propuse que algún día me tenían que alzar del mismo modo, y así sucedió cuando vine de los Juegos Olímpicos, me cargaron desde el aeropuerto Rafael Nuñez hasta la Alcaldía, lo logré”, expresó, emocionado, Pérez.

La fama le gustaba muchísimo, y era feliz cuando la gente en la calle lo saludaba con el pretexto de hablar con él, de saber quién era en realidad.

Y es que ser medallista en los Juegos Olímpicos de Munich en 1972 marcó la carrera del destacado boxeador, el cual no sólo logró su sueño de ser reconocido por todos sino que se dio el lujo de que Juan C. Arango, alcalde de la ciudad en ese momento, le diera una generosa suma de dinero y la posibilidad de tener un chofer y un carro a su disposición las 24 horas del día.

De la mano de Chico de Hierro, su entrenador, logró hacer una gran carrera, ya había hecho 200 peleas que lo llevaron a conseguir múltiples títulos como ser 10 veces campeón mundial y 2 veces Bolivariano; otras dos veces ganador en los Juegos Centroamericanos y del Caribe; en una ocasión logró el Panamericano y su último triunfo fue el Olímpico.



Hoy a sus 61 años de edad no se ha retirado totalmente de esta disciplina y es que el amor y la gratitud que siente hacia este deporte no le ha permitido abandonarlo por eso entrena y orienta a las jóvenes promesas del boxeo todos los días en el Coliseo Bernardo Caraballo.

“Olímpico” se ha ganado el respeto de estos muchachos que ven en él un modelo a seguir y un gran ejemplo que con la mayor pasión les enseña sus mejores trucos para boxear.

De todos los combates que enfrentó el que más recuerda fue el último que hizo en los Juegos Olímpicos, pues luego de haberle ganado a un cubano y a un norteamericano, le quitaron, según él, por intereses particulares, la última pelea que le daría la medalla de plata o de oro.

“Yo me merecía el triunfo y se lo dieron al búlgaro porque mandaba la ‘Cortina de hierro’ y no dejaban que un país desconocido para ellos como Colombia tuviera una medalla de plata o de oro, entonces yo ya le había ganado al cubano y al gringo, yo iba a ser el campeón olímpico y cómo es que me quitan la pelea para darme la medalla de bronce”, se cuestiona el 10 veces campeón mundial.



Todo por culpa de una mujer...

Pero sin lugar a dudas de todas las derrotas hay una que no ha logrado superar, fue en Panamá, ya había noqueado en tres round a Eusebio Pedroza y su próximo oponente era ‘Hormiguita Hidalgo’. Cuenta que mientras estaba entrenando en el gimnasio se le acercó una mujer muy atractiva supuestamente para conocerlo.

La joven se mostró desde el principio muy interesada en él y comenzaron a salir, y la noche anterior a la pelea con Hidalgo tuvo relaciones con la muchacha y estuvo tan débil para el combate que lo perdió por decisión.

“Eso fue planeado, como ya sabían que me tocaba pelear con ‘Hormiguita’ me echaron a una muchacha para que yo estuviera con ella y así fue... antes de la pelea tuve relaciones con ella, eso me debilitó, no veía casi, las piernas me temblaban y por eso perdí la oportunidad en ese momento de ser campeón del mundo”, expresa, visiblemente desanimado.

Afirma que si bien a ninguna mujer se debe rechazar y, por el contrario hay que tratarlas muy bien a todas, sí guarda resentimiento con aquella joven por lo que pasó.

Aunque fueron en total 262 peleas las que hizo, asegura que nunca consiguió tener grandes sumas de dinero y que hoy por hoy sus hijos le critican esa actitud conformista que lo caracterizó. Sin embargo, Alfonso afirma que es feliz con lo que tiene y que el boxeo para él es una disciplina que trasciende lo económico.

Vive en una amplia casa en el barrio Blas de Lezo, con la misma mujer de hace 46 años, Mercilia Peralta. Es padre de 11 jóvenes, 3 mujeres y 8 hombres, y ninguno de ellos está interesado en el boxeo, lo que le agrada pues no soportaría ver alguno de sus hijos recibiendo golpes en un ring.

El ex boxeador es de los que considera que en Colombia y muy puntualmente en Cartagena sí hay talento para exportar y por eso tiene puestas sus esperanzas en estas nuevas generaciones que con un poco más de apoyo pueden llegar tan alto como Pambelé, Rocky Valdez, él mismo y otras glorias del boxeo colombiano.

Asegura que se retirará plenamente del boxeo cuando el cuerpo y las manos no le den para hacer guantes, cuando sienta que ha perdido las energías y esté lo suficientemente viejo como para quedarse en su casa de brazos cruzados, aunque la sola idea de envejecer lo asusta.



“Yo amo el boxeo, de aquí me sacarán muerto. Le pido a Dios sólo dos cosas, primero que tenga a mis 11 hijos sanos y en segundo lugar que me regale la suerte para hacer a los mejores campeones mundiales”, concluye El Olímpico Pérez



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