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El paraíso se manchó de rojo

El día que el paraíso se convirtió en un infierno, el cielo estaba lleno de helicópteros. Apenas era de tarde, pero los locales comerciales iban cerrando sus puertas uno a uno, de manera que el sonido de las poderosas aspas se mezclaba con el golpe seco de las cortinas metálicas. A lo lejos, los gritos. El timbre del teléfono. Una terrible sinfonía.

Paula contestó. Era un amigo suyo que le advertía que ni ella ni su esposo, Conrado, salieran del apartamento, que no bajaran por nada en el mundo porque en redes sociales decían que algo extraño y grave estaba pasando abajo. Colgó.

Los helicópteros. Las puertas. Los gritos. Las llamadas. Los celulares vibrando frenéticos con cada mensaje. Las sirenas de las ambulancias. ¿Alguien podría decir qué es esto? ¿El Apocalipsis o...?
Internet, había que revisar lo que decían los periódicos, sí, sí, seguro LaVanguardia.com sabía lo que pasaba, pues no... ni los periodistas tenían certeza. El diario local de Barcelona comenzaba a anunciar tímidamente que el paraíso se había manchado de sangre. Invitaba a no acercarse a La Rambla, era mejor quedarse en casa o resguardarse. Los amigos llamaban a Paula y a Conrado, “¿Ustedes están bien?”, les preguntaban. A esas alturas ni siquiera sabían por qué podían estar mal.

En cambio WhatsApp ardía en información -¿o desinformación?-, minuto a minuto las cadenas, cada una más desalentadora que la anterior, iban robusteciendo los eslabones del caos y el desespero: Hola, este es un mensaje confiable de un amigo de la autoridad, hay hombres armados por toda la ciudad u Hoy habrá atentados en toda Barcelona.

El terrorismo había tocado las puertas de la casa.
Ahora todo estaba claro, no era el Apocalipsis, pero aquella tarde de jueves tenía mucho de catastrófico. Un terrorista atropelló a más de cien personas en La Rambla, así que ‘en nombre de Alá’ murieron 14 personas y muchas más quedaron heridas. Y todo pasó a media cuadra del edificio donde vive Paula, a un minuto caminando. Esa incertidumbre escalofriante que siembra el terror no era desconocida para Paula. Ella ya había sentido esa angustia antes, en Colombia.

Los días 17
Paula nació en el 78 en Medellín. Es empresaria, se mudó un tiempo a París y desde hace seis años vive en Barcelona con su esposo, decidieron darse un año sabático en España luego de trabajo arduo.

Si yo fuese supersticiosa, le diría que el 17 quiere algo con ella: el atentado en Barcelona fue el 17 de agosto de 2017 y el 17 de mayo de 2001 Paula estaba en el Parque Lleras de Medellín cuando explotó un carrobomba.

Aquella noche, un Renault 9 rojo se parqueó en el Parque Lleras, epicentro de la rumba de clase media y alta de la ciudad, lo que no sabía Paula es que estaba cargado con 20 kilos de explosivos. Entonces ella tenía 23 años, vivía en un apartamento vecino con una amiga y había bajado a tomarse unos tragos con un amigo. Vio el carro, pero le pareció un carro rojo normal hasta que, cinco minutos después de pasar a su lado, lo escuchó explotar. Eran las 10:05 de la noche y ella pudo ser una de los ocho muertos o de los cien heridos, pero no. Quedó ilesa y la adrenalina le alcanzó para devolverse corriendo a buscar a su amiga.

“No salí herida pero fueron momentos de verdadero pánico...  Al principio fueron segundos que parecían eternos, como que la vida se congela. Y luego gritos, gente corriendo. Veía los cadáveres”, recuerda.
Esa tarde de jueves en Barcelona sirvió tristemente para que Paula se diera cuenta de que la angustia nunca desapareció, que estaba escondida.

“Te confieso que hace varios meses comentábamos con mi esposo que tristemente el terrorismo que hemos vivido en Colombia y que había relativamente desaparecido hace 50 años en Europa, volvía a tocar las puertas de todos en este continente. Y al ver casos como el de Niza, el de París, como los de Bruselas, nos preguntábamos siempre cuándo sucedería en Barcelona, porque entendíamos que, quienes quieren visibilidad, en una ciudad como ésta, la tendrían asegurada, y tristemente pensábamos todos los días que quizá La Rambla sería el escenario, porque congrega a tantos idiomas, a tantos países y es un punto neurálgico de la ciudad.

“Aquella mañana, habíamos decidido salir a hacer ejercicio temprano, habíamos pensado incluso hacerlo en la tarde, con lo cual pudimos incluso cruzar La Rambla, como lo hacíamos cinco o seis veces cada día, como lo hacíamos por múltiples motivos cotidianos, habíamos entrado a casa hacia el mediodía”.

Creo que Paula prefiere no pensar qué hubiera pasado si ella y su esposo hubieran salido a hacer ejercicio en la tarde en La Rambla, mejor subraya la solidaridad que estas desgracias despiertan en todos. Muchas personas quedaron atrapadas lejos de sus casas, ya era de noche y en Facebook se leían mensajes como: “Si no tienes dónde dormir, te recibo”; había hoteles alojando a quienes no podían atravesar la ciudad porque todo estaba acordonado. También había quienes se acercaban a las carreteras a llevar comida a las personas atrapadas en trancones monumentales. Aunque aún no estaba claro qué había pasado, miles salieron al día siguiente a la Plaza Cataluña a guardar silencio por las víctimas, por los heridos.

“De ese momento a acá, es un reto volver a tener una vida cotidiana, sobre todo para quienes venimos de países que conocen lo que significa la violencia, no tenemos una mirada ingenua. Al salir a la calle se mira de un lado a otro, intentamos evitar ciertas zonas y aglomeraciones, pero Barcelona sigue siendo uno de los mejores lugares del mundo para vivir. Aplaudí y aplaudiré siempre a los musulmanes que dicen: ‘el terrorismo no me representa, el islamismo no es terrorismo’, ellos han sido muy valientes, tienen una carga muy grande que llevar sobre sus hombros”.
Al día siguiente del atentado, Paula y su esposo salieron a recorrer las Ramblas. Apenas empezaban a poner flores y peluches, y vieron que un jovencito de unos 15 años escribía en árabe en uno de los quioscos: “El terrorismo no me representa”.

Ya han pasado muchos días desde esa escena y Paula me explica que los altares y ofrendas florales crecieron tanto que impedían el paso de los transeúntes y las autoridades tuvieron que retirarlos. Nadie nunca podrá recoger todo el dolor sembrado por el terrorismo en La Rambla, tampoco en el Parque Lleras.

CONTEXTO:
El caos se adueñó ese jueves por la tarde de Barcelona y el pánico todavía se respiraba por la noche en el centro de la ciudad. El conductor de una furgoneta de color blanco irrumpió en La Rambla de Barcelona, atropellando deliberadamente a decenas de personas. La ciudad fue acordonada y ahí se contaron 15 muertos, a los que se suma una víctima más en otro atentado en Cambrils, además de 100 heridos, 15 de ellos graves. El Estado Islámico se reivindicó la autoría a través de una nota difundida por su agencia de noticias, Amaq. El autor del atentado fue identificado como Younes Abouyaaqoub, de 22 años. Cuatro días después, Younes fue abatido. 



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