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“El periodista hace de su vida una aventura”: Hollman Morris

Parece que ningún movimiento queda inadvertido ante su mirada.
Y no es para menos. Dos exilios, múltiples amenazas de muerte y todo tipo de intimidaciones, desde finales de los noventa, por parte de los grupos armados del conflicto colombiano y, según él, del propio Estado, lo mantienen en un estado de alerta permanente.
Pero también esas circunstancias eran previsibles en su vida.
Ser periodista en Colombia y dedicarse de lleno a desenmarañar la madeja de barbarie, dudas, corrupción y narcotráfico que ha desangrado al país desde hace más de 70 años, no resulta una profesión de bajo riesgo. Eso lo sabe por experiencia propia Hollman Morris.
Tampoco es un secreto que el bogotano de 44 años, defensor de los derechos humanos y actual director del Canal Capital, fue objeto de interceptaciones y seguimientos ilegales perpetrados por el DAS, escándalo del 2009 que provocó debates en torno a la pertinencia y reforma de ese organismo de control, ‘chuzadas’ que aún generan demasiadas incertidumbres.
Por las venas de su programa de televisión Contravía, habitan, hace más de diez años, crónicas desgarradoras del desplazamiento forzado, denuncias de crímenes y asesinatos en las regiones más abandonadas, relatos entrañables de indígenas y campesinos víctimas de acosos.
Esas historias pueblan el universo de su profesión. Resisten ante el silencio y la impunidad. Y pareciera que sólo otorgándoles a las víctimas un papel protagónico, se puede hacer frente a una absurda guerra de desolaciones y olvidos.
Esta entrevista trató de arrancarle algo de su verdad a uno de los periodistas más militantes del país, pero también de aproximarse a su vida familiar para comprobar que uno de los requisitos para ser un buen reportero ha sido, es y será tener un alma bondadosa y sensibilidad al trato humano.
¿Por qué es periodista?
- Desde muy pequeño, cuando tenía unos 12 años, tuve la claridad de que la figura del periodista combinaba a Tom Sawyer y Huckleberry Finn, personajes de las historias de Mark Twain que yo leía. Me parecían llenos de aventuras y el periodista es la persona que hace de su vida una aventura. También me leí un libro de Germán Castro Caycedo, Perdidos en el Amazonas. Entonces, en ese universo todavía de niño, fue creciendo la figura del periodista como el aventurero.
Usted vivió en la Isla de San Andrés y además casi lo mata un camión...
- Sí. Varias veces he estado apunto de matarme y de que me maten. En San Andrés ocurrió una lección de vida. Fue valorar que familia y casa sólo hay una. Tenía 15 años. Estaba en esa etapa de la adolescencia en la que uno critica mucho a sus padres.
Viví un año con la familia de mi mejor amigo y fue la mejor experiencia, uno de los mejores años de mi vida. Empecé a darme cuenta de otros placeres de la vida: un recreo tumbando mango, o subido en el palo de mamón, o cogiendo tamarindo, o salir a nadar en el mar. Me atropelló una volqueta de basura, no me mató de milagro. Me partió toda la pierna y tuve que regresar a Bogotá.
¿Pero también vivió Barranquilla?
- Al año siguiente mi padre es trasladado a vivir en Barranquilla y me quedo allí tres años. Digo que soy cachaco de nacimiento, pero me salva de ser cachaco el haber vivido en la Costa. Aquí aprendo a jugar bola de trapo y disfruto cosas como jugar dominó o hablar durante horas en el bordillo.
Entre los trabajos que tuvo antes de ser reportero figuran mesero y docente de radio.
- Esto nunca lo he contado:en un momento difícil de mi casa hasta repartí leche. Eso fue antes de San Andrés, yo tendría 14 años. He sido mesero, he lavado platos. Después en la (Universidad) Javeriana me pagaba las fotocopias siendo mesero. Luego tuve la oportunidad de ser profesor en la Cátedra Galán de Radio, gracias a un premio que me gané muy joven en Radio Santa Fe. Tanto mi hermano como yo, ayudamos en casa. También he sido mensajero, cajero. He tenido calle.
A nivel narrativo sus audiovisuales suelen ser diferentes del estilo acartonado y común.
- Le digo a mi equipo de trabajo que iniciar un buen reportaje en televisión es como la estructura de un libro: inicio, nudo y desenlace. Pero en televisión tienes que priorizar el relato audiovisual. Las palabras se convierten en conectores. Hay reporteros que desechan el lenguaje del campesino, yo lo asumo y lo pongo en los relatos. Es así en una nota de tres minutos como en una de 30 y hasta en grandes documentales.
También hay un esfuerzo que se logra con los años y con la humildad: lograr que los testimonios sean frescos y auténticos. Eso es un trabajo con el camarógrafo, con la técnica de la cámara, con la pose en que entrevistas. Porque en el momento en que aparece una cámara la gente y la realidad cambia. La magia para mí, en la construcción audiovisual, está siempre en que ese mismo tono y frescura se mantenga cuando se prenda la cámara, y saber cómo enlazar las historias con sus vocabularios y sus gestos.
Hablemos de lo peligroso que es ejercer el periodismo en Colombia.
- Sí es peligroso, pero no se aplica a todos los periodistas. Cuando tú eres periodista colombiano, en Colombia, sabes que uno de los grandes temas de este país es el conflicto. Pero los periodistas optan por cubrirlo o no. En este país, lo digo con mucho respeto, lo que puede generar una formación mayor es tratar de descifrar esas venas del conflicto, tratar de mostrar al resto de colombianos toda la barbarie y todas las lecturas de un conflicto tan arduo y tan largo. Entonces los periodistas que nos metemos por ese camino, y los que denuncian la corrupción, sabemos que nos metemos en un terreno peligroso y que las amenazas van a llegar.
A finales de los 90 y comienzos del 2000 fueron unos años peligrosos para las nuevas generaciones de periodistas que tratábamos de descifrar el conflicto y que veíamos cómo al país se lo estaba tomando el proyecto paramilitar y cómo en 1996 alcanzamos a dimensionar en lo que se iba a convertir el monstruo del paramilitarismo y sus vínculos con sectores del estado colombiano. Es decir, el Estado, con alianzas criminales, masacrando a su gente.
¿Y cómo afectan esas amenazas su cotidianidad?
- A finales del 97 recibía mi primera amenaza de Ramón Isaza, paramilitares del Magdalena medio. Cubriendo elecciones en el Caquetá quedamos secuestrados varios periodistas. Pero en el 2000 es mi primer exilio. Me fui para España y allí nació mi hija Daniela. Desde el 2000 esto no ha parado: las salidas, las amenazas.
Pero uno puede esperar que sean los actores ilegales los que te amenacen, pero lo que después de casi 15 años de ejercicio no había sentido era la persecución descarada y amenazas del mismo Estado. Durante 8 años el equipo periodístico de Contravía, mi familia y yo, fuimos perseguidos por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Fui señalado de terrorista por su policía secreta, lo que me generó varias amenazas de muerte y, nuevamente, la salida del país. A día de hoy eso está en la impunidad. Y es tanta que esas prácticas de desprestigio y estigmatización que practicó el gobierno Uribe y su entorno, continúan en el Puro Centro Democrático, no sabemos que más hacen.
Usted denunció al Estado colombiano por persecución ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
- Sí. Tengo medidas cautelares desde el 2000 y en 2005 se extienden a mi familia y entonces ya está en la CIDH, porque, lamentablemente, en el caso de las interceptaciones del DAS contra mí, mi familia y el equipo, prescribieron, lo que es una vergüenza.
¿Y cómo es vivir en permanente estado de alerta, teniendo un precedente, por ejemplo, como el de Jaime Garzón?
- La muerte de Jaime fue una señal para todos y casi nadie lo recuerda. Lo matan el 13 de agosto del 99. Un año después, los periodistas que teníamos que ver con derechos humanos o paz habíamos salido del país. Salimos William Parra, Antonio Morales, Alfredo Molano. La gente no se acuerda. En esos momentos del esplendor del proyecto paramilitar, se aseguran de sacar del país a sus críticos, y en las regiones a asesinarlos. Sabían la piedra en el zapato que iba a ser Jaime Garzón. Mi hipótesis es que proyectaron muchos años adelante a Jaime, y él, por su parte, también se dio cuenta y adivinó todo lo que venía.
Voy a cumplir 10 años con escoltas. Eso es una pesadilla. Mis hijos, especialmente, mi hijo menor no ha conocido un carro que no sea blindado con escoltas y en buena parte se lo debo al señor Álvaro Uribe y a su gobierno.
En los primeros años, las personas que creíamos que nos cuidaban, nos estaban espiando. Esto ha tenido afectaciones en el grupo familiar.

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Comentarios

El primer atentado

Esa volqueta que casi mata a Morris debe ser investigada porque lo mas posible es que el chofer era pagado por Alvaro Uribe. prohombres como Morris son los que Colombia necesita para terminar de hundirse o para que la hundan. Al igual que Morris muchos otros en Venezuela tambien empujaban el carro en la misma direccion y ya algunos han tenido que irse a Miami mientras otros siguen en caracas chupando rueda. De Morris tengo mala opinion no por sus ideas, porque ese es su derecho. Lo que no me gusta es su incoherencia como la de muchos mamertos. Morris se describe como comunista pero arma un alboroto porque en la embajada americana le niegan una visa y peor para ir a disfrutar de una beca en Harvard la madre del imperio. Pienso que debio ir Caracas, La Habana, Quito, La Paz o Nicaragua. Pero esta es la gente que seduce a los colombianos ignorantes acerca de lo que estos regimenes significan. El mejor ejemplo lo tienen en Venezuela, un pais en donde solia haber de todo: hasta dinero para el ciudadano del comun. hoy es otra historia, que aqui estan deseosos de repetir.