El rastro de tu sangre en Cartagena

09 de julio de 2017 05:00 AM

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Era el día más feliz de su vida. Irina, su mujer, había roto fuente y él tenía rotos los nervios. 

Él caminaba de un lado a otro. La miraba. Volvía a caminar.

Ella se fue a bañar. Buscó la bata y los pañales, el bolsito de la bebé…

Él: ¿Y ahora te vas a hacer el blower?

Ella: Cálmate, que uno no pare así no más.

En la clínica, él seguía aferrado a la ansiedad y a ella la abrazaban los dolores de parto. A las dos de la tarde por fin nació Alana, de ojos grises, de pestañas grandes… de cabello oscuro y ensortijado. Gustavo entró a la sala de parto, la abrazó y quizá se le aceleró el corazón, pero se reacomodaron sus nervios… por algo el nombre significa armonía. Vio a Irina, y no pudo sino besarla y llorar. Llorar de pura felicidad. Era primero de diciembre de 2016.

Ahora veo a Alana reír mientras juega con los cordones fucsia de sus zapaticos. Irina me mira fijamente... Me he dado cuenta de una cosa: siempre, justo antes de llorar, los ojos se le van tiñendo de rojo. A Gustavo no lo conocí. Lo mataron.

***
Para que naciera la risueña Alana, Cupido tuvo que hacer bastantes maromas. Primero, Irina y Gustavo eran vecinos: vivían en Tacarigua, a tres casas, pero ella casi ni lo miraba. Entonces él se fue acercando a Humberto, el papá de ella, y así, como quien no quiere la cosa, se fue metiendo en su vida. Que un mensaje de Facebook, que una llamada, la invitaba a salir y ella nada que se decidía. Al fin, un 30 de diciembre, la flecha dio en el blanco: se hicieron novios en el Parque de La Marina, con el vaivén de las olas de banda sonora y entre lucecitas navideñas. “Él siempre me molestaba, me decía: ‘menos mal dijiste que sí esa noche, porque si se iba el año (2012) ya no te iba a seguir rogando.’”

Se cuadraron, al año se fueron a vivir juntos y decidieron ser papás. Fueron dos largos años de intentos fallidos, de ansiedad y resultados negativas. Y el día menos pensado, ¡la prueba marcó dos rayitas!

Solo faltaba una cosa: que fuera varón. Gustavo ansiaba que su primogénito se llamara Isaac, como el cantante de salsa, y que fuese salsero a morir, por eso le ponía música desde que estaba en la barriga… Pero no: la ecografía dio su veredicto, era una nena. Ni siquiera habían pensado en un nombre de niña, así que les tocó buscar en internet y se toparon con Alana, que significa armonía. “Ella nació para iluminar la vida de Gustavo, se vivió cada segundo de su hija. Desde que yo quedé embarazada suavizó su temperamento, se desvivía por ella. La bañaba, la cambiaba, le daba el tetero, la peinaba -dice Irina, la interrumpen las lágrimas-, la disfrutó cada segundo”.

Tanto había cambiado por la nena, que el pasado 6 de junio cambió la acostumbrada rumba de cumpleaños por una reunión familiar en la casa, la torta, los deseos y salsa, porque el Gustavo que vive en el corazón de Irina amaba la salsa vieja y el bolero, pero más la salsa, esa que cantaban Héctor Lavoe, Raulín, Ismael Miranda e Isaac Delgado. Coleccionaba canciones e instrumentos musicales: congas, bongós. Y quería que su hija tocara el piano. 

“Era un hombre súper, súper grande y fuerte, quizá la gente miraba al ‘hombrón’ y no se imaginaba que era un niño con sus sentimientos, un niño poco expresivo, porque no era de esas personas que decían todos los días te amo o te extraño, se callaba sus preocupaciones, pero era muy noble y trabajador”.

No importa si era lunes, sábado o domingo, Gustavo siempre despertaba a las 5 de la mañana. El último miércoles de su vida, despertó, se alistó y arrulló a la niña, que había despertado porque él prendió el foco del cuarto. Se despidió de Irina y salió.

El Gustavo que mataron el miércoles 28 de junio de 2017 era un ingeniero de sistemas responsable, intolerante de la impuntualidad, de carácter y convicciones fuertes.

Siempre que veía noticias de atracos decía lo mismo: no se dejaría jamás. No estaba dispuesto a entregar las cosas por las que había trabajado a un ladrón, cualquier tipo flojo que quiere plata fácil. Por eso forcejeó con el hampón y por eso le dieron tres balazos.

“Recuerdo que esa mañana estábamos poniéndonos de acuerdo para llevar a la muchacha -empleada doméstica- a una cita médica. Me dijo: ‘quedamos así’, y se fue. A los cinco minutos escuché los tiros… Pensé: ‘Dios mío, Gustavo acaba de salir’, y agarré el teléfono para llamarlo, pero la nena se despertó llorando, se alteró mucho.

Tiré el celular en la cama y la cargué. Al rato llegaron a decirme lo que había pasado”, recuerda Irina.

Irina lo encontró tirado bocabajo, con el bolso que tenía dos iPhone y un portátil y el ladrón no pudo arrebatarle. Lo volteó. Lo miró a los ojos y le dijo que él podía salir de toda esta pesadilla. “Resiste por nosotras, por nuestra hija. Dios y la Virgen están contigo”, le decía y Gustavo la miraba. Intentaba hablar, pero no pudo ni siquiera pronunciar un te amo. “Lo último que hizo fue intentar hablarme”.

Fue el día más triste de sus vidas.

LO QUE USTED DEBE SABER DEL CASO GUSTAVO CASTRO

Gustavo tenía 32 años y era instructor del SENA. Lo asesinaron el 28 de junio pasado en Tacarigua, a las 5:45 a. m. Iba a su trabajo cuando un ladrón lo abordó. Él forcejeó y tumbó al delincuente, que se levantó y le dio tres balazos: abdomen, tórax y en una pierna. Vecinos y familiares lo trasladaron a la Clínica Barú, pero llegó muerto. La Policía capturó al hombre que supuestamente conducía la moto y está en la Cárcel de Ternera mientras transcurre el proceso judicial. El hombre que disparó sigue prófugo.

GUSTAVO ES SOLO UNA DE LAS VÍCTIMAS

Gustavo Castro Cárdenas espera solo en una esquina del barrio Tacarigua el transporte para ir a su trabajo como docente del Sena. Un carro y cuatro motos se afanan a sus destinos en esa mañana cualquiera de junio y el transporte de Gustavo no llega.

No llega a tiempo para marcharse y evitar que un delincuente, que conduce una motocicleta, lo viera en una esquina solitaria. No llega a tiempo para que Gustavo, un hombre decidido a no dejarse quitar lo que consiguió con sudor, se convirtiera en una nueva víctima de la inseguridad en Cartagena. En la número 1.888 en los últimos ocho años, en el homicidio 233 por atraco desde enero de 2010, en la 17 de este año.

Los atracos son la tercera causa de homicidios en Cartagena, según datos recolectados por el equipo de judiciales de El Universal y Q’hubo. (Descargue la información completa aquí).

La historia de Gustavo Cárdenas es una entre las miles de tragedias que afrontan los cartageneros cada día por causa de la delincuencia y la intolerancia. Por falta de acciones de las autoridades para atender barrios con mucha inseguridad y de programas de resocialización efectivos y continuos para jóvenes en riesgo. La muerte del profesor Cárdenas indignó a la ciudad en un síntoma del hastío de la gente por lo que sucede en los barrios.

A continuación una radiografía de los homicidios entre el 1 de enero de 2010 y el 30 de junio de 2017. No son simples números reseñados por periódicos: son la realidad. ¿Una realidad cruda? Sí. Una realidad que tenemos que conocer para empezar a cambiar.

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Acerque el mapa para ver las ubicaciones de una parte de los homicidios en Cartagena. Dé clic en ellos para obtener detalles.

 

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