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El reinado de las Simanca

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Yacira Simanca entregaba la corona del Reinado Popular (1978) y en su vientre crecía el retoño que ganaría la corona 18 años después ella, su hija Vilma Herrera Simanca (1996).

***

Llego a su casa en Blas de Lezo y pregunto: “Es aquí donde vive la reina…Vilma Herrera”; “sí, sí, allá arriba, pero son dos reinas”, contesta enérgica la vecina del primer piso. En el balcón está asomada la madre, la primera reina de la casa, lleva puesta una sonrisa de oreja a oreja y un vestido rosado; es la única mujer que por años ostentó el título de la reina más carismática del reinado.

Subo las escaleras y veo a dos princesas de cabellos engajados y miradas arrolladoras. Isabela y Mía; una con traje rosado y la otra de fucsia; son las hijas de la segunda reina de la casa, Vilma Herrera. Ella camina detrás de sus pequeñas de 5 y 9 años, con un vestido negro de estampado amarillo y tacones, siempre regia y sonriente.

Nos sentamos en el sofá y ya entre reinas, hablamos de todo.

Reina en el vientre

Ambas dicen que no nacieron con complejo de reinas, nadie se los infundió y se nota. Son mujeres cálidas, amables y con los pies bien puestos sobre la tierra. Entraron al concurso “porque ajá”, advierte Yacira. Es más, en el caso de ella, su papá se opuso aunque luego aceptó que participara.

El verdadero significado de ese “ajá” que suena con profunda humildad, es que en Torices a Yacira la admiraban por su figura y carisma; por donde pasaba barría con su alegría y espontaneidad, y el pueblo toricero no quería otra soberana que ella.

Además de ser la más carismática, fue la más preparada de su reinado. Yacira llegó al concurso siendo bilingüe y su caso dio pie para que las mujeres que pasaban por el certamen se prepararan. La escogieron como reina de la Policía, de El Universal, de RCN y de los medios en general.

Cuando entró al concurso, Yacira estaba comprometida con un muchacho, el padre de sus cinco hijos. A los pocos meses de haber sido coronada Reina Popular de Cartagena, quedó embarazada de Vilma, pero el embarazo no impidió que cumpliera con sus funciones de reina. Entonces no existía la regla de que las reinas no podían quedar embarazadas.

Yacira desarrolló un trabajo social en toda la ciudad hasta que el 5 de noviembre de 1978 entregó la corona a su sucesora, Mayra Mattos. 

Siete días después de entregar la corona, dio a luz a Vilma; un 11 de noviembre.

Ese día de libertad que en 1811 provocó la independencia absoluta de Cartagena del yugo español, presagiaba que Vilma iba a ser la mujer libre, madura, de carácter firme y alegre que es hoy.

Heredó el carisma de su madre pero no el ser reina. “¿Reina yo?”, decía. Prefería mantenerse de perfil bajo, pero Lola, la responsable de que Canapote haya recibido cuatro coronas en lo que va del Reinado de Independencia, la convenció para participar.

En un concurso interno que hacían en el barrio para elegir a su reina, cuenta Vilma que la gente la criticaba porque estaba pasada de peso, así que adelgazó siete kilos en cuestión de semanas y fue elegida representante de Canapote.

Algunos periodistas que cubrieron aquel 1996 el Reinado, describen a Vilma como una mujer arrolladora. No era la más bonita  y su cuerpo tampoco era perfecto, pero con ella quedó más que claro que en un certamen de belleza, lo físico es solo una parte.

Por donde Vilma pasaba, la gente gritaba. El día del desfile del bando ese año, era la primera vez que las reinas locales participaban en un desfile de carrozas junto a las nacionales. Y dicen los que estaban ahí que Vilma se robó los aplausos por su sonrisa y conexión con la gente.

“A eso súmale el apoyo de la comitiva que ese año era la más grande de todas”, dice Vilma. Como diría la actual Miss Universo, Pia Wurtzbach: “confidently beautiful with a heart”, una persona que tiene confianza en su belleza, pero con un corazón.

Y Vilma sí que confiaba en sus cualidades; su amuleto era su madre, Yacira, quien fue su asesora personal, nunca se le despegó del lado. “Yo la puyaba siempre. Le decía: ‘sonríe y siéntate con elegancia’, aunque yo sabía que eso le fluía”, relata Yacira. 

La corona del 11

Con una reina como su asesora y una comitiva poderosa, qué más se le podía venir a Vilma sino una contundente victoria al convertirse en favorita después del desfile en traje de baño y de la entrevista con el jurado.

Un 10 de noviembre fue la elección y coronación en la Plaza de toros de Cartagena. El ambiente estaba agitado, la barra más grande era la de Canapote. Vilma se sentía apoyada, la bulla no cesaba y las horas transcurrían hasta que se hicieron las 12 de la noche y llegó el 11 de noviembre, día de su cumpleaños.

El presentador del evento rompió el protocolo de esa noche y dijo: “Hay una reina que cumple, ¿dónde está Vilma Herrera?, vamos a cantarle Las mañanitas”, cuenta ella.

La joven de 19 años se paró en el centro de la tarima y unas 8 mil personas se unieron en un coro estruendoso, entonando el “Cumpleaños feliz, te deseamos a ti”. Inevitable no botar una lágrima ante un público que siempre la quiso.

Llegó el momento cumbre de la noche: Vilma es elegida Reina popular 1996 y recibe la corona de su compañera y amiga, Soledad García, quien también había representado a Canapote en el año 95. Esa noche no hubo división; aunque tenía excelente competencia, ya Vilma había conquistado el alma de las comitivas, de Cartagena y la del jurado.

Epílogo

Su hijita Mía de cinco años, es la reina de su salón de clases. Sola, agarra los maquillajes y los tacones de la mamá; es una artista completa y muestra el mismo carisma de su progenitora.

¿Mía será la próxima reina? -pregunto-

No sabemos. Si ella lo decide, la apoyamos -responde Vilma-.

¿Y las coronas dónde quedaron? -replico-.

La mía la presté para un concurso de barrio que hicieron y se perdió -dice Yacira, y agrega Vilma: la mía la cuidé de mil maneras, pero no pude evitar que se oxidara.

Lo que no se ha oxidado es la gratitud de ambas hacia el concurso que las coronó reinas.

“Quiero devolver algún día lo que aprendí, contribuyendo a una excelente organización del reinado de Independencia”, concluye Vilma. 

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