El reportero y la Madame amurallada

09 de diciembre de 2018 03:37 PM

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El periodista Wilson Morales (1985), reportero judicial del diario El Universal, acaba de publicar el libro ‘Las citas de lujo de La Madame’, que circula en todo el país, bajo el sello de la Editorial Planeta, en este fin de año 2018.

Cartagena de Indias estuvo en la mirada de todo el país y del mundo, desde el 28 de julio, con la captura de Liliana Campos Puello, la Madame, acusada de ser la más grande proxeneta de la ciudad.

¿En qué momento surge la iniciativa de hacer un libro sobre el caso de la Madame?

-Asumir este proyecto no fue fácil porque es un caso en marcha. Me detuve a pensar en los pros y contras, el día en que recibí la llamada del editor Édgar Téllez, subdirector de la sección No ficción de esa editorial, y me propuso que escribiera el libro, luego de leer mis crónicas y artículos publicados en El Universal, donde soy el editor judicial, trabajo que desarrollo desde hace ocho años. Lo cierto es que yo venía haciendo seguimiento a ese episodio de la ciudad, desde el mismo día de la captura el 28 de julio de 2018, y conocía bastante de ese caso. Lo consulté antes de decidirme, y hablé con las directivas del diario. Desde antes que se iniciara este caso, había visto a la Madame en el Centro de Cartagena, a quien antes le decían la Ronca, por su tono de voz particular, una voz grave.

¿Cómo manejó las fuentes en conflicto, los acusados y las autoridades?

-Bueno, como periodista, no estoy para juzgar a nadie. La operación que emprendieron las autoridades tras los abusos sexuales y explotación sexual a menores de edad, es un hecho histórico, desde la Torre del Reloj y todo el Centro amurallado de Cartagena de Indias, es un episodio sin antecedentes, porque, además, todo ocurría en las narices de las autoridades. Tres o más hostales del corazón amurallado de la ciudad, al parecer, permitían prácticas aberrantes, y muchos de ellos, arriesgaron sus propiedades por ser permisivos con estas prácticas. Esto no es un hecho aislado en el mundo, porque Interpol busca en 140 países, entre ellos está Colombia, a todos aquellos que negocian o acceden a la explotación sexual a menores. En el país hay un tratado que castiga estos delitos. Mi libro está sustentado en la entrevista que la misma Liliana Campos, la Madame, concedió a los medios, en las declaraciones del juez, la Fiscalía, las audiencias, entrevistas a prostitutas, las interceptaciones telefónicas, la denuncia de que la aludida recibía pagos en dólares y pagaba en pesos, la trata de personas, el concierto para delinquir y el expendio de drogas. Ahora la Fiscalía dice que el marido de la Madame, llevaba la droga junto a otro señor. Esto se veía venir.

¿Cómo una denuncia pública impacta social y familiarmente en Cartagena?

-Siempre en una denuncia hay daños colaterales a terceros. A las familias de las víctimas y los victimarios. La Madame es además una madre de tres hijos. Dos de ellos están en el exterior, y uno en Cartagena. Un periodista no se pone del lado de nadie en este caso. No está para juzgar sino para encontrar la verdad. Ella está siendo procesada por casos graves, más allá de la prostitución. El caso del tatuador de menores de edad y jóvenes, es aberrante. No solo abusaba de las niñas, sino que accedía a ellas, dándoles dinero y regalos. A menores de 12 y 15 años. Y luego, las marcaba en la zona del pubis, como signo de posesión. Ni los animales merecen ser marcados. La Madame reconoce que en estas fiestas había damas de compañía y participaban políticos, modelos famosas. Si las autoridades la declaran culpable o inocente, esto debe salir en un segundo libro o en una edición completa del caso.

¿Quién denunció a la Madame? ¿Cómo se desenmascaró el negocio de la prostitución y el proxenetismo?

-Al parecer, todo empezó en medio de disputas internas con las prostitutas. Discutió con una prostituta, quien, al tener diferencias con ella, sirvió como testigo. Hubo otra que le grabó un video en el que la Madame aparece haciéndole sexo oral a un extranjero, y lo subió a las redes sociales. La Madame dijo después que ese señor era un novio de ella.

¿Cómo han reaccionado los lectores ante el libro?

-El hecho de que una editorial como Planeta se haya fijado en un reportero de provincia, no solo es un logro personal, sino una prueba de que en la región se hace un periodismo de gran factura. Soy un seguidor del talento de muchos cronistas del Caribe como Juan Gossaín, Alberto Salcedo Ramos, Rubén Darío Álvarez, y por supuesto, de este cronista que me entrevista.

De todos los casos que le ha tocado describir en ocho años, ¿cuál le parece el más demencial?

-Todos estos son demenciales. Pero el peor es el caso del asesinato atroz de Kellys Zapateiro, que supera toda ficción. Aquí se cumplió lo que dijo García Márquez, que muchas veces la realidad era más novelesca que las mismas novelas, y la realidad supera a veces a la ficción. La mujer y el policía implicados en este crimen, matan a Kellys, que está embarazada. Le hacen una cesárea rupestre y salvaje y salvan la criatura. Sobrevive de milagro. La mujer implicada se mete la placenta en su vagina, simulado que ha tenido a la criatura en circunstancias accidentales, en la calle. Luego que matan a Kellys, la descuartizan y la queman. Un perro que está en la estación de los hechos descubre una mano de Kellys. Allí están las huellas dactilares intactas. Su cráneo no apareció. La hipótesis es que la mataron de un balazo. Absurdo que alguien que comete semejante crimen, pretenda engañar a las autoridades. Ese crimen es tal vez, el hecho más oscuro y perverso que yo haya tenido que contar como reportero.

¿Qué proyectos siguen para usted como escritor?

-Nunca me propuse ser escritor. Este es mi primer libro. Pero las historias que ha vivido Cartagena, son la saga de una terrible novela policiaca y de horror. Hay nuevos proyectos periodísticos, nada de ficción, para 2019.

La otra mirada del cronista

Wilson me pidió que le escribiera el prólogo.

Esta historia de la Madame nos devuelve a más de cuatrocientos años de secretos amurallados, escribí en el prólogo de este libro sobre el caso. Podría encarnar lo que la misma ciudad se ha negado a reconocer, y es que, a lo largo de los siglos, bajo la mirada de conquistadores, inquisidores y jueces, e incluso de la misma ciudadanía pasiva y complaciente, ha crecido junto a los otros bazares el oficio más viejo de la humanidad, degradado en turismo y en esclavitud sexual. Pero los cronistas aguzados y curiosos de la realidad como Wilson Morales, han tenido una doble oportunidad como cazadores de historias, para descubrir que la realidad compite y casi siempre, rebasa en puntajes sorpresivos, a la ficción misma. Más allá de cualquier apología o mirada ortodoxa o moralizante, de esta serie de personajes salidos de la cruda novela de espionaje de la realidad contemporánea de Cartagena, los protagonistas tejen los hilos de una madeja que se sumerge en el paroxismo infernal, y nos remite a las noches infames en que a los africanos esclavizados los marcaban con hierros candentes, como animales del comercio negrero. Toda la historia de Cartagena oscila en la ilusión de un paraíso imposible en medio de un infierno posible. El reportero construye su historia con los testimonios de los protagonistas, el juicio de las autoridades y la visión paradójica y siempre contradictoria de sus propios ciudadanos.

No pretende redimir a nadie, ni ponerse del lado de nada ni de nadie. Solo busca contar la historia, escuchando todas las voces posibles, entre la luz y la sombra. Es unreportero judicial desde que entró al diario El Universal, hace ocho años, egresado de la facultad de Comunicación Social de la Universidad de Cartagena, y tiene la avidez indagante de quien va en busca del dato oculto que pueda completar una historia. La ha escrito con el rigor de los artesanos y la mano incansable de los constructores de murallas, para que los lectores armen el rompecabezas de esta intrigante historia de la ciudad del sigo XXI, en cuyos fragmentos puede reflejarse, algo de la múltiple realidad, como quien se pasea por el infierno o el ilusorio paraíso, en donde siempre habrá reyes, heroínas y mendigos, perseguidos y perseguidores, vidas tras el resplandor del triunfo escapando del fracaso, sumergidos en las mareas altas de las bajas pasiones.

Epílogo

No sabía que Wilson Morales Gutiérrez, además de reportero judicial, es compositor de canciones de salsa. ¡Qué sorpresa! Ya hay una que está sonando en las redes, impulsada por sus colegas Ernesto Taborda y Rubén Darío Álvarez. Pero la historia de la Madame, la del tatuador o de Kellys Zapateiro Guzmán, podrían ser la novela de la Cartagena contemporánea, con sus horrores y pesadumbres, en la luz y en la sombra. No hay verdades que duerman bajo las piedras, ni bajo el cielo. Siempre habrá cronistas contando otra vez la historia.

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