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El último instante de Galán

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Gustavo Torres Arrieta disparó tres veces, pero no sabe cuántas veces lo hizo el asesino. Él, cartagenero del barrio Bruselas, tuvo una cámara fotográfica como arma, mientras que el sicario actuó con una Mini-Uzi.

Este profesional del periodismo registró una imagen histórica que resume la tragedia de Colombia en un fragmento de la noche bogotana. Minutos después de que un pistolero a sueldo segara la vida del caudillo liberal Luis Carlos Galán Sarmiento, virtual ganador de la contienda presidencial de 1990 y quien se había convertido en la voz punzante que pretendía desterrar las crecientes mafias del narcotráfico de la política de aquella época. Torres captó con su instrumento de trabajo a un Galán moribundo al que transportaban en una camilla de forma atropellada, tratando inútilmente de salvarle la vida.
Esa noche salía de las oficinas de la agencia Colprensa, donde prestaba sus servicios como fotógrafo, tras una jornada laboral común y corriente. Eran años tan convulsionados por la guerra sin cuartel del cartel de Medellín contra el Estado, que le habían asignado un vehículo para que condujera a cualquier parte, a cualquier hora de la noche o madrugada, si ocurrían uno de los frecuentes atentados, con el objetivo de llegar primero y captar las fotos con su cámara.

UNA NOCHE LARGA
Conducía rumbo a Teusaquillo, donde vivía hacía apenas tres meses, cuando escuchó por la radio que Galán había sido herido y que estaba siendo trasladado al hospital de Bosa. Sin pensarlo dos veces, giró el timón y condujo raudo hacia ese centro asistencial con la adrenalina saliendo a borbotones, con el vértigo que impulsa a alguien que sabe que una imagen oportuna se queda en la historia.
A varias cuadras se topó con la caravana que llevaba a Galán y la siguió. Su pulso temblaba, era difícil que algo lo sacara del estado de excitación en que se encontraba.
La radio seguía entregando detalles mientras el país se paralizaba por la vida del candidato. Al acercarse al hospital de Bosa dejó el carro tirado en un lugar que ni siquiera recuerda y corrió con su cámara a donde tenían a Galán. Ahí lo vio: Varios brazos lo subieron aparatosamente en la camilla, semidesnudo y lo traían rumbo a la ambulancia para llevárselo al hospital de la localidad de Kennedy. Fueron momentos que recordará para toda la vida. Disparó tres veces y logró congelar ese momento, la única fotografía de Galán segundos antes de morir y de convertirse en otro de los mártires de la triste historia colombiana contemporánea. Nada lo detuvo, mucho menos un policía que lo golpeó con la culata de su arma en las costillas. Ni dolor sintió en ese momento, sino después, cuando pudo tomar un respiro y darse cuenta de todo lo que había pasado en tan corto tiempo. “Otro policía, al ver lo sucedido y que yo ni me inmutaba, me dijo que me fuera, que ya tenía la imagen. Así fue, los resultados no pudieron ser mejores. En la fotografía aparece personal militar, médicos, enfermeras y hasta Yolanda Pulecio, quien le habla a un Galán moribundo”, sostiene Torres.
Eran épocas en las que no se podía ver cómo había quedado la foto como lo permiten las cámaras digitales de hoy en día. Y sin embargo, los fotógrafos sabían cuál foto era valiosa y cuál no.
Esa noche, la del 18 de agosto de 1989, no terminó a las 12, sino a los tres días, según lo dice él mismo en su casa del barrio La Victoria, en Barranquilla. Fue la noche más larga de su vida, una extensa vigilia de reuniones, condolencias, manifestaciones, discursos, funeral y cientos de rostros compungidos que también pasaron por su lente.

RECUERDO IMBORRABLE
Como era de esperarse, la fotografía le dio la vuelta al mundo. Periódicos de lugares tan distantes como China y Alemania la publicaron y de paso hablaron de lo que ocurría en Colombia, de los muertos, de la droga, de los políticos que vendieron su alma al poder mafioso, de los niños sicarios, de la traición de las autoridades, de una sociedad aterrorizada, de un país en jaque… todo por una fotografía.
Torres sostiene que Galán encarnaba los anhelos de cambio de un país entero, la única esperanza de rectitud y verticalidad en un desierto de dudas y miedos. No sólo recuerda la fotografía de Galán como testigo de una época atroz. También cubrió los atentados con bomba al edificio del DAS en Bogotá y el estallido del avión de Avianca que debía abordar el candidato liberal César Gaviria, quien tomó las banderas de Galán. Alberto Saldarriaga, entonces director de Colprensa, le obsequió las fotografías a la familia Galán Pachón, según cuenta Gustavo.
20 años después, la foto está enmarcada en su casa, y los negativos guardados en un lugar seguro. Es una imagen que llena de orgullo a su autor y que se constituye en el clímax del trabajo del reportero gráfico de cualquier parte del mundo: atrapar un instante que cambia para siempre la historia de un pueblo.

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