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En Bazurto venden magia contra la infidelidad

La Mona no tiene cara de bruja. Es bella. Sus ojos café parecen estar siempre tristes, tiene la nariz fileña y los labios delgados. Su cabello es castaño, oscuro y rizado, y su piel blanca. Rostro ovalado.

A las diez y media de la mañana, el Mercado de Bazurto arde por culpa del sol y por culpa de tanta gente junta. A veces huele a carne asada, a veces a mierda. La Mona tiene un local pequeño y escueto en el corazón de la central de abastos, rodeado de hierbas y toda suerte de elementos curiosos: tarros, medallas, tabaco, dientes de ajo... La acompañan un niño y una niña, asumo que sus hijos, el único halo de inocencia de este lugar. El niño juega con la tapa de un balde, simula que es un volante y finge con su voz el sonido de un motor.

La Mona vende desde plantas medicinales hasta la cura para desamores y mala suerte. Le resuelve la pobreza, la infidelidad, la impotencia sexual, la falta de trabajo... mejor dicho, sus productos prometen arreglar la vida en un santiamén.

-Buenas -dice una amiga, mi compañera en esta “aventura”-.

-A la orden mamas, ¿qué buscan? -atiende la Mona-.

-Lo que pasa es que tengo un problema -respondo-.

¡Llegó la hora de la verdad! Nunca he sido buena actriz, pero esta vez toca fingir. Y comienzo explicando el supuesto problema: llevo cinco largos y felices años con mi novio... bueno, en realidad cuatro felices porque el último lo ha arruinado una tipa que parece haber nacido con el único fin de hacerme la vida imposible. Esta mujer se metió en la relación sin miedo. Es una atrevida. Pero él no se queda atrás: le hace caso. Le gusta. Sé que la ve.

La bella Mona, de jeans, suéter amarillento y un delantal negro percudido, es como su tocaya, la “Mona Lisa”: no ríe, no se sorprende. Le da lo mismo si muero de amor o de rabia... o de las dos.

-¿Cómo se llama la amante?-pregunta la Mona.

-Mariana- contesto, es el primer nombre que se me pasa por la cabeza.

-Mariana, ¿qué? ¿No te sabes el apellido?

Respondo que no, ella da media vuelta y busca en un estante atiborrado de frascos y velas. Saca un velón mitad negro y mitad marrón y me lo entrega. Dice que debo escribir sobre él y en forma ascendente siete veces el nombre de mi novio. Las mismas siete veces tengo que escribir el nombre de la amante de él, pero en forma descendente. Al lado del nombre de ella hay que poner una equis, “necesito” anularla. “Tienes que echarle sal y un poquito de orín tuyo -recomienda-, y rezas la 'Oración de Aborrecedera' cada vez que te acuerdes de ella”.

La oración de once líneas, escrita en un papel pegado al velón, dice: “...me permita Dios que fulano de tal aborrezca toda clase de enamorados y las queridas que tenga, por mi secreto de aborrecer. Que aborrezca los hijos que tenga por la calle. Quiero que le trastornes el pensamiento con sus queridas”.

Este “milagro” cuesta apenas siete mil pesos. Mientras le pago, pregunto por algún ungüento para afianzar mi relación, para que él se vuelva loco por mí. La Mona, por supuesto, tiene la solución: dos perfumes. “Puedes usar estos dos combinados cuando vayas a verte con él, y más cuando vayan a tener relaciones -sexuales-”, asegura, me da dos tarritos: el primero, “Ramillete de novia”, es agua rosada, huele a dulce, a perfume barato, y tiene adentro un ramo con cinco florecillas artificiales. El otro, “Solo mío serás”, también es rosado, pero vaya sorpresa: tiene un pequeño pene rosado de plástico. Cada uno cuesta doce mil pesos, y yo prometo regresar después por ellos, cuando el velón haya separado a mi amado de su amante.

Mi amiga me hace ojitos, y pregunta con una seriedad casi sepulcral para qué sirve el “Extracto Parte Cama”. Inexpresiva, la Mona responde que es para parejas que no tienen química en el sexo y que para esa clase de problemas también están “Sangre de Toro”, “Leche de la mujer amada”, “Extracto Salvaje”, “Amarre guajiro”, “Extracto Kamasutra”, “Amansa guapo”...en fin, todos importados de Venezuela.

Nos despedimos, luego de dar las gracias por tan valioso servicio.

Juana va más allá
Caminamos unos cuantos minutos para llegar a otra “perfumería”. Es un local mucho más “elaborado” que el anterior, más grande. Acá está *Juana: bajita, gorda, de cabello negro, liso y despeinado. Ojos negros, pequeños, y labios gruesos. Una cadena plateada con una flor metálica enorme cuelga de su cuello. Usa camisilla blanca y está sudada. Hace mucho calor.

A Juana le cuento la misma triste historia. Ella pregunta si ya probé con la “Oración de San Alejo”. Mi amiga le responde que sí, pero que no me ha resultado... ¿Es que no hay algo más efectivo?

“¿Pero ya prendiste el velón? La oración hay que rezarla tres veces al día”, advierte. Le respondo que sí, pero no funciona.

-Ven acá, ¿pero la vieja sabe que tú eres la novia y sigue jodiendo? -pregunta Juana-.

-Sí, ya lleva rato. Lo llama y lo busca, y él cae.

-¿Y por qué no le echamos algo a ella?

-¿Como qué le echaríamos?

-Los cinco polvos y la “Pimienta voladora”.

La mujer busca un frasco pequeño que dice “Pimienta voladora” -vale 3 mil pesos y sirve para que ella “vuele de la vida de él”- y saca de la vitrina una caja llena de pequeños sobres plásticos: “Polvo del olvido”, “La dejadera”, “La pelea”, “Aburridera” y “La correlona” -cada uno cuesta $2 mil-.

Si se lo ordeno, ella combina todos los polvos mientras repite el nombre de Mariana y yo debo conseguir a alguien “de entera confianza” que entre en el cuarto de mi supuesta rival y eche el polvo en su ropa, o en algo que ella use “para que sea efectivo”, para mejores resultados: varias veces.

-Ya verás que ellos van a comenzar a pelear, él la va a aborrecer. Lo que sí te digo es que tienes que ser inteligente. No te desesperes, no cojas rabia, no le hagas cantaleta porque más rápido se va para donde la otra -señala-. No te pongas a pelear con ella, no te rebajes, pero tampoco te dejes. Llevo más de diez años en esto y sé por qué te lo digo. Sé de esto, mi suegra fue la primera que puso un negocio de estos en el Mercado, después mi cuñada cogió el negocio y yo me independicé de ellas hace cinco meses. Aquí me va muy bien, viene mucha gente. Hombres, mujeres, viejas, jóvenes... toda clase de gente.

Juana recomienda que me haga “baños de amor” con plantas especiales que ella llama “quiéreme”, “sígueme” y “pega pega”. Me vende el paquete de las siete plantas por seis mil pesos y yo solo debo bañarme para que mi amor regrese a mí, fuerte y sano.

He prometido encontrar a ese “alguien” de confianza y regresar por la poderosa e infalible combinación de polvos, que cuesta trece mil pesos, más lo que me nazca darle por el trabajito.

-Por aquí a la orden, mi reina. Acuérdate: tienes que ser inteligente y tener fe. Si haces una oración, tienes que ponerle fe, mucha fe -Juana levanta la voz y los brazos, suspira y seca una enorme gota de sudor que cae por su frente-.

Epílogo
Mientras Juana se despide con una dulzura casi maternal, yo me pregunto: ¿qué haré con el velón que le compré a la Mona? Pienso que no lo encenderé ni en la noche más oscura, ni cuando se vaya la luz.

Tres preguntas para entender el fenómeno.
Las respuestas las tienen el historiador Javier Ortiz, de la Universidad de Cartagena, y Moisés Álvarez Marín, historiador y director del Museo Histórico de Cartagena -Palacio de la Inquisición-.

1. ¿Cómo nombrar las “soluciones” de Bazurto: magia, brujería o hechicería?
“Quien le pone a este tipo de prácticas los rótulos de magia, brujería o hechicería es el poder, entonces no te podría decir cómo se llama el fenómeno. Diría que son prácticas y creencias mágico-religiosas que se han transmitido de generación en generación y se han transformado en algunos casos, pero todavía se aplican. No nos sirve de nada decir que eso es brujería o hechicería, estaríamos haciendo un juicio, simplemente es una práctica que existe y que está allí, y que nosotros debemos tener la mente totalmente abierta para entender la diferencia y la diversidad”. Javier Ortiz.

2. ¿De dónde vienen y cómo llegaron a América?
“Estas creencias son producto del sincretismo de creencias de diferentes lugares -en antropología cultural y religión, sincretismo es un intento de conciliar doctrinas distintas-. En Cartagena convergen desde saberes de localidades de África hasta las creencias de Occidente. Tendemos a creer que todas estas prácticas que relacionamos con brujería o hechicería vienen solo de África, pero en realidad muchas de estas prácticas también son del sincretismo judío-cristiano, que se da en Europa. Muchas de estas costumbres las tenían los españoles que vinieron a conquistar y colonizar a América, lo que sucedió es que en nuestro continente se cruzaron con las nuestras -de los indígenas- y terminaron en lo que vemos en el mercado”. Javier Ortiz.

3. ¿Cómo sobrevivieron estas prácticas a la Inquisición?
“A pesar del Tribunal de la Santa Inquisición (instaurado en La Heroica entre 1610 y 1821), la gente encontró maneras de ocultar sus creencias. Tú puedes aparentar ante la opinión pública cierto tipo de prácticas y en la clandestinidad o intimidad sigues practicando los rituales que tradicionalmente has hecho. Por mucha Inquisición, por mucha represión, estas prácticas se mantuvieron y se transmiten generacionalmente, por eso sobrevivieron”. Javier Ortiz.

“La clave para que sobrevivieran a 200 años de Inquisición es que son prácticas más bien culturales y no fanáticas, son del origen de la cultura, especialmente la afro. Por mucho que España se impusiera con castigos, esa esencia es un componente poderoso de su identidad, por eso es tan difícil acabarla…y la prueba está en Bazurto, siguen vivas casi como si estuviéramos en el siglo XVII y ahora abiertamente, en un espacio tan público como el mercado. Si la inquisición existiera, seguro estaría persiguiendo a las personas que se dedican a esto”. Moisés Álvarez.

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