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En "El cielo" se come y se perdona

El cielo está en la tierra.

Y si no, por lo menos se parece a como lo pintan: está lleno de ángeles, sólo se acepta gente buena, muchos arrepentidos de corazón. Y lo mejor, una sensación de felicidad infinita.

No podía existir mejor nombre para el restaurante de Juan Manuel Barrientos, un paisa que a soldados y guerrilleros les enseña a perdonarse entre sí, a través de la cocina. Y es que en El cielo se condimenta la paz de Colombia.

“Sí se puede sanar por medio de la comida, y se logra cambiando pasiones. Cuando un soldado y un guerrillero están en el monte, en un combate, lo más importante es observar por qué están peleando. El conflicto colombiano se desdibujó hace muchos años. Ya son 60 años en guerra y 11 procesos de paz. Las personas que están hoy en la guerrilla ni siquiera entienden por qué están peleando. Entonces nosotros lo que hacemos es que esos dos cocineros, que tienen la misma pasión y el mismo amor por cocinar, perdonen un pasado donde eran enemigos”, dice Barrientos.

Mucho antes de crear su negocio, que hoy tiene sede en Medellín y Bogotá, Juan Manuel experimentó una serie de episodios que lo llevaron a descubrir su amor por la gastronomía, pero, muy en especial, por el prójimo.

Tenía 9 años cuando mataron a uno de los socios de su padre. Su familia fue victima de amenazas y de varios intentos fallidos de secuestro, de modo que les tocó vivir en el exilio, en Londres.

Cuando cumplió 16 años ya estaba de vuelta en Colombia y trabajó en la empresa de su padre en diferentes cargos. Fue desde mensajero y patín, hasta alto directivo. Era buenísimo en el negocio familiar, pero malísimo en la escuela: estudió en seis colegios distintos, no precisamente por tener las mejores notas.

Tuvo una adolescencia alocada. Le gustaba experimentar sensaciones extremas, fue así como sufrió cualquier cantidad de accidentes que lo llevaron a estar cerca de la muerte.
“Me caí de un parapente, casi me ahogo buceando y les tocó meterme en una cámara hiperbárica. También tuve muchos accidentes en carros y en motos”, cuenta.

Ante tanta adrenalina, su madre decidió ponerlo a practicar yoga y lo acercó a múltiples religiones, intentando que el pequeño travieso encontrara un balance, un equilibrio.

Esa cercanía que había experimentado con el más allá, la espiritualidad que adquirió y los sucesos violentos con su familia, lo llevaron a tomar riesgos importantes como renunciar a una empresa, donde tenían ingresos similares a los de un gerente de una compañía, para estudiar cocina creativa.

“A uno siempre lo educan con el temor a errar. Pero si le perdí el miedo a la muerte, ¿por qué iba a tener miedo a equivocarme?”.

Ya son seis años y medio desde que se creó la fundación. Durante este tiempo descubrió el verdadero valor de dar y darse a los demás.

“Hay un dicho que dice que la felicidad no es real sino es compartida. Es decir, cuando damos es cuando somos realmente plenos”.

De todos los casos que ha presenciado desde que fundó El cielo, el que más recuerda es el de Romero, un hombre que perdió a su madre en medio de un combate; 10 años después, a un hermano; y 18 años más tarde, la misma violencia le arrebató una pierna y un ojo.

“Me impactó la historia de Romero, porque fue el primer soldado cocinero de El cielo que decidió perdonar a unos jóvenes que se habían desmovilizado de un grupo armado. Él fue uno de los pioneros en cocinar por la paz de Colombia”.

UN RATO EN EL CIELO

En El cielo lo que se pretende es que el comensal disfrute de una buena comida sin afanes.

De modo que si usted decide ir a alguna de las dos sedes, lo mejor es que vaya con tiempo de sobra. Juan Manuel es reconocido por utilizar la cocina creativa y por estudiar las neurociencias para crear experiencias que estimulan los sentidos. Esto último es lo más novedoso de su restaurante.

Por ejemplo, no se sorprenda si usted está en su mesa y de repente le ponen unos audífonos con sonido ambiente de un bosque. Pero no solo es cuestión de escuchar algo parecido a un bosque, es sentir que en realidad se está allí: los alimentos que le llevan a la mesa pueden tener un sabor amaderado y, algunos, hasta frío, para recrear más el lugar. Así, ir a El cielo resulta toda una aventura sin limites.

Siendo tan bueno en su oficio, confiesa, lo tomó por sorpresa que lo llamaran para ser uno de los mentores de La prueba, el nuevo reality de cocina que recién lanzó Caracol Televisión en Bogotá. Allá lo conocí.

Juan Manuel es un tipo muy descomplicado. No usa términos cultos para hacerse ver más intelectual. No se considera un experto en culinaria, aun cuando es considerado uno de los 50 mejores chefs de Latinoamérica y fue nombrado chef revelación mundial. Para él, la idea es divertirse y ya. Ni siquiera le gusta que lo llamen chef. La palabra le suena un tanto egocéntrica. Prefiere que lo identifiquen como un apasionado de la comida.

-¿Qué se me pasó preguntarle?- le digo.

- Ah —me dice alzando su copa —que me encanta la champaña, parce. Salud. 

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