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En Flamenco nacen nuevos artistas

Otra vez Flamenco, Marialabaja. Este pueblo escondido quiere mostrarse a través de sus nuevas generaciones. Hace pocas semanas, sus calles se alegraron y su nombre tuvo un eco en el país con el primer reconocimiento, de la talla de los India Catalina, que ganó el pequeño Eder Berrío tras participar en la serie de Telecaribe ‘Déjala morir, la Niña Emilia’, y con el que dio apenas una muestra del gran talento que empieza a florecer en su tierra.

Allí se están formando jóvenes actores, pintores y escultores que probablemente mañana le lleven glorias y le enseñen al mundo que ‘flamenco’ no solo es una expresión artística europea, sino también un corregimiento bolivarense lleno de buenos artistas.

En un amplio salón, a pocos pasos del colegio, el maestro Edgardo Camacho Pérez desarrolla todas las tardes un taller de artística, como jornada complementaria a las actividades académicas. En ese lugar, sorprende la cantidad de obras hechas por veinte muchachos que plasman su historia y raíces afrodescendientes en cuadros, fotografías y objetos en arcilla. Víctor Contreras Galán y David Julio Herrera son dos de ellos.

David, de 18 años, habla muy poco. Apenas responde, y con muy pocas palabras. En medio de todo, esa timidez que aparenta, escapa cuando se afana en mostrar sus trabajos. Terminó el bachillerato el año pasado y no ha podido ir a la universidad porque, como muchos otros jóvenes de Flamenco, no tiene recursos. Anhela conseguir una beca para perfeccionar ese don que expresa con la espontaneidad de sus manos.

“Al principio no lo tomó muy en serio, pero después empezó a ir constantemente al taller. Fue un alumno persistente y ahora mismo tiene muchas responsabilidades, cuando yo me debo ausentar, él es quien queda encargado del taller y los estudiantes. Maneja una buena didáctica para enseñar”, resalta el docente Camacho.

En cambio Víctor sí pudo salir de su terruño. Con mucho sacrificio, dice, estudia Artes Plásticas en la Institución Universitaria Bellas Artes, en Cartagena. Empezó rayando paredes y cuadernos cuando era un niño. “Sentía algo en mí, de querer expresar algo”, asegura el joven de 19 años.

“Me motivaba mucho hacer cómics y otros dibujos, no sabía que tenía un potencial. Y cuando paso a bachillerato, y llego a las manos de este docente, comienzo, a través de su didáctica, a crecer y a proyectarme como artista. Ahora estoy estudiando mi carrera profesional”, agrega.

Su padre lo visionaba como un gran médico, y a pesar de que a él no le sonaba la idea, lo consideró en algún momento. Pero era un necio con el arte y como jugada del destino, a su favor, se inició el taller que cambió su perspectiva o, más bien, le ayudó a encontrarse con eso que llevaba por dentro. “Con lo que Dios me había dado como don. Allí descubrí que el arte es mi fortaleza y mi virtud para proyectarme hacia el futuro… y mi papá, que al principio no se hacía a la idea, porque desconocía totalmente el arte, no le encontraba sentido o no le veía tanta importancia para lo que él quería conmigo, fue viendo el resultado y la pasión que hay en mí, y comenzó a apoyarme”.

UN TALLER DE SUEÑOS
Edgardo Camacho llegó en 2006 a Flamenco. Años más tarde, al ver el talento de sus estudiantes, empezó a concebir la idea de crear un espacio en donde los adolescentes y jóvenes pudieran expresarse a través del arte.

“Víctor tenía 12 años cuando lo vi dibujando, así que fui motivando a varios estudiantes hasta el punto formar el taller. Iniciamos el taller en las tardes, en la jornada contraria, donde ya no hay límite de tiempo y donde el estudiante va a trabajar ya sea pintura, fotografía o modelado. En ese entonces no teníamos el salón donde estamos ahora, sino en una casita pequeña, que no tenía ventanas, ni luz, y donde encontrábamos zorras y otros animales cuando íbamos. Al poco tiempo, nos apoyó Comfenalco y pudimos tener un nuevo espacio”, recuerda.

Edgardo cuenta que cuando llegó al corregimiento se encontró a muchos jóvenes bachilleres con pocas aspiraciones. “Lo más práctico era coger una moto para ‘mototaxiar’, y esto que hemos hecho un grupo de profesores, no solo yo, también docentes como Ronald Silva, por ejemplo, ha servido para que muchos estudiantes salgan del pueblo para construir un mejor futuro”.

Algunos, como Luis Alfredo Urbina y Orika Salas partieron hacia Bogotá. El primero estudia teatro y la segunda, derecho y teatro a la vez. Eduardo Magallanes, así como Víctor, estudia Artes Plásticas en Cartagena. Muchos otros, como David, esperan ansiosos la oportunidad de realizar sus sueños.

EL CORTO QUE LOS PUSO A SOÑAR
En 2016, el cortometraje ‘Orika, sueños de libertad’, en el que participó un grupo de estudiantes dirigidos por Camacho Pérez, obtuvo el premio Alexis en el Festival de Cine de Bogotá. La producción fue posible gracias al apoyo de Comfenalco y la colaboración del productor cartagenero Andrés Lozano. El corto, basado en hechos reales, narra la historia de Orika, trabajadora de una hacienda trapichera que huye al no resistir los malos tratos. Doña Luisa, la dueña del trapiche, está furiosa y la acusa de robar unas monedas de oro, producto del trabajo de la hacienda. Orika se refugia en su pueblo, hasta donde va doña Luisa y es enfrentada por la protagonista y el resto de los pobladores, quienes les recuerdan que son libres.

“Para ese corto no hice casting, escogí a los estudiantes que tenían poca fluidez verbal para motivarlos y mostrarles de lo que eran capaces. También participó Eder, que siempre ha sido muy aventajado, con mucha chispa”.

Cuentan que el pueblo se emocionó tanto con el corto, que la gente dejaba de ver la novela que “mandaba la parada” en las noches, para disfrutar de las grabaciones de esta producción que motivó a varios jóvenes a superarse.

Víctor, David, Eder, Luis Alfredo, Orika, Eduardo y muchos otros, dan cuenta de la nueva generación de artistas que nace en Flamenco con un solo sueño: cambiar la historia de los jóvenes de su pueblo.

Las obras de este grupo de artistas de Flamenco ha sido expuestas en el Centro de Convenciones de Cartagena, en 2013; Hotel Caribe, 2014; y Hotel Corales de Indias, 2015. La exposición más reciente, ‘Identidad personal afrodescendiente, la ruta del peinado, la semejanza e identidad, el origen y el folclor’, fue en el Museo Histórico de Cartagena (MUHCA), en 2016.



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