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En La Quinta hay un canto de Caramelo

Cuatro de la tarde. Jueves. Entro al barrio La Quinta, pregunto por Caramelo, y no solo todos la conocen y saben dónde vive, sino que quieren llevarme hasta su casa.

Vive en la calle principal, la destapada, en una casa de rejas blancas con piso marrón.

Ahí, donde nació y se ha criado, está la bella Caramelo, sentada en una silla, con su despeluque adrede, unos punticos de escarcha en ambas mejillas, vestida de blusa blanca estampada de dorado, chaqueta, jeans y tenis negros. En su mano izquierda usa un mitón.

Ana Rosales Zárate es el nombre real de Caramelo  y es la sorpresa que salió del vientre de Marcela Zárate. Ella, la más tierna y ruda morena de pelo crespo de “alto” volumen y de sonrisa amplia, es un dulce con sabor a coco, más cartagenera que la “conservita” de leche, que la bola de tamarindo.

Y su voz...más fresca que un boli de cola con leche.

Es cantante y tiene dieciséis años. En 2015 ocupó el tercer lugar en el afamado concurso de Caracol Televisión, “La Voz Kids”, y se ganó el corazón de la gente por su carisma y sonrisa.

Es verdad que apenas tiene dieciséis años, pero cuando sale al escenario a cantar deja de ser la jovencita para transformarse en una estrella de años luz. La alegría de sus expresiones muestran su amor por lo que hace. Para ella hay una sola cosa en la tierra superior a la música: su abuela.
Para romper el hielo, propongo que juguemos “Stop”, un juego en el que se debe escribir en un papel en blanco: nombre, ciudad, país, fruta y objeto, con la misma inicial, en el menor tiempo posible. Para empezar asignamos la “c”, de Caramelo. Carmen, Cartagena, Colombia, coco y caja, son las cinco palabras con las que gano la primera ronda. En la segunda ella triunfa con la “x”.

La primera carcajada de Caramelo la escucho después de cinco minutos jugando con ella.
Dejamos las hojas a un lado y le pregunto:

¿Qué buscas cuando cantas?
Ser feliz y transmitir mi felicidad a otros.
¿Qué es lo más importante en tu vida?
“Mi familia. Por ellos hago todo”, responde.

Su abuelita, Vilma Cabeza, y su mamá, son sus referentes.
“Mi abuela es mi todo, ella ha dado todo por mí y me ha cuidado siempre. Mi mamá sale todos los días a trabajar para sacarnos adelante y no hay muestra de amor más grande que esa”, expresa entre lágrimas. Ella es una caja llena de emociones, de lágrimas, de carcajadas, de euforia y de quietud.

Nunca ha recibido una clase de música. Todo lo que sabe se lo ha enseñado su papá, que también es empírico. Desde los tres años, cuando lo escuchaba ensayar con su orquesta, se olvidaba de muñecas y “chocoritos” para quedarse en el ensayo. Además, su madre ponía canciones de Rocío Durcal y otros cantantes, mientras hacía el aseo de la casa.

“Me las comencé a aprender y así fue que empecé a cantar. La primera canción que me aprendí fue ‘Soy Rebelde’, de Manuel Alejandro, interpretada por Jeanette (1971)”.

EL SUEÑO: LLENAR ESTADIOS
Basta escucharla para darse cuenta de que es una profesional.

Se levanta a las cinco de la mañana para salir al Instituto Miguel de Cervantes. Es excelente, aunque las matemáticas son su debilidad. “De ellas no quiero saber mucho, pero he contado con la suerte de que mi papá trabaja ahí. Lo tengo cerquita y él me ayuda en lo que necesito. Aunque no puedo hacer tanto desorden como a veces quiero”, agrega y se ríe.

Su otra jornada se inicia cuando vuelve a casa. Descansa una hora y dedica dos a terminar sus tareas académicas. A las seis tiene, según ella, el mejor momento de su día: el ensayo. Es ahí donde se siente verdaderamente libre, donde demuestra de qué está hecha y para qué vino al mundo.
“Ana se despierta y se acuesta cantando. A veces desespera a los que la escuchan. No para un momento del día de oír música, ni de cantarla”, dice Marcela, la madre.

- ¿Y cuál es tu sueño? -pregunto a Caramelo.
- Ser tan grande como Beyonce o Jessie J. Cuando canto quiero que la gente vibre conmigo, que a las personas se les erice la piel, que griten, que sientan el ritmo. ¡Que se les acabe la batería! ¡Sueño con llenar un estadio completo solo con mi música!

“No puedes parar de formarte, porque si quieres ser alguien en la música, tienes que quemarte las pestañas”, interviene cariñosamente su papá, Carlos Rosales.

EPÍLOGO
Sus padres y su tía son sus acompañantes fieles, están con ella en todo lo que hace. Incluso, su papá es uno de sus coristas.
Mientras Caramelo desarrolla la paciencia que según ellos le falta, deja que la vida la despeine y disfruta de los más grandes regalos que le dio: la música y la familia.

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