Freddy Marimón Blanco, la historia detrás del campeón

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Llego desde el futuro a descubrir al Freddy que sueña nadar, que sueña ser deportista, que su hambre de triunfo le brota en la sonrisa. Solo tiene sus sueños, y a una mamá y una familia que siempre está para él.

Llego al colegio Clemente Manuel Zabala de Colombiatón con Cristian Agámez, un compañero, a mirar cómo van algunos asuntos del colegio y mientras él hace su reportería, veo a ese niño que baja una rampa en una patineta pequeña, lleno de vida, riéndose, hablando con otros compañeros.

Y antes de cruzar palabra con él, veo en Freddy un niño que abraza el mundo y lo conquista. Muy lejos de lo que al encontrarme con Ilse Blanco, su madre, cuenta, lejos del terror que un médico le metió cuando su hijo venía al mundo, al decirle que tendría malformaciones en su rostro, en todo su cuerpo, y sin tacto, sin dolor, con la crueldad humana, dice Ilse que sintió como si una pierda inmensa le hubiera caído encima.

Con ayuda de una psicóloga, ella aceptó seguir con un embarazo arriesgado y lleno de dudas, pero amando entrañablemente a la criatura que venía en camino y que llamaría Freddy Daniel Marimón Blanco. Contra todos los pronósticos negativos, Freddy vino al mundo y tuvo su primera victoria. “La psicóloga me invitó un día a su casa y cuando entré había un rincón repleto de cosas para el niño, corral, ropa, pañales, biberones. Me puse a llorar, le agradecí...Y así ha sido la vida de Freddy, de recompensa en recompensa”, precisa Ilse.

Tiene 9 años y no nació con el chip del fracaso, ve lo positivo en todo y cuando le pregunto sobre su discapacidad dice: “Hago cosas que otros no pueden hacer”. Y es que en esta clase de educación física, donde estamos ahora, Freddy sobrepasa las expectativas de su maestro. Corre veloz en su patineta, le gana a algunos compañeros, se impulsa con su cuerpo, toda la fuerza la lleva en el brazo derecho, pero también en su cerebro, en su corazón y tiene un motivo: su familia.

“A ellos quiero darles lo mejor, sueño con una casa para mi mamá que tenga parque y piscina”, dice Freddy. No solo desea ser un gran nadador o deportista, también el corazón le alcanza para soñar con ver felices a sus seres queridos.

Freddy conoce las luchas de su madre, lo transporta tres días a la semana a su entrenamiento en la Villa Olímpica y a sus terapias en el Fides que está en La Castellana. Lo hace con él en brazos, camina varios metros para tomar una buseta cerca a su casa, en Villas de Aranjuez, al bajarse lo carga hasta el complejo acuático, allí reposa. Martes, miércoles y jueves realiza la misma actividad con tal de construir el sueño de su hijo.

Momento de cosechar.

Ya es 2018. Y Freddy representa a Colombia en el Campeonato Mundial de Surf, en Estados Unidos. Y como nos cuentan los titulares en el país, se trajo la victoria. Cuando lo reciben en el aeropuerto, admiradores y familiares gritan ¡Freddy Marimón, Freddy, campeón! Recorre las calles de Cartagena en una caravana saludando y celebrando el campeonato.

Después de una semana de haber llegado, Freddy no para de dar entrevistas. Esta vez nuestro encuentro es en la playa en estos últimos días de diciembre. Lo están entrevistando para un documental, ya no es aquel niño inocente que solo tenía sueños, se nota que ha madurado, y sus palabras son profundas. Está convencido de sus talentos y capacidades. Es un adolescente de acciones. Ha luchado y ha vencido. Tiene la disciplina de un muchacho que trae en su espalda el triunfo más importante que el surf le haya dado a Bolívar y Colombia. ¿Y quién lo acompaña?

Ella, Ilse, su madre, la que ha luchado con él hombro a hombro, sin escatimar tiempo y esfuerzo. Muchas veces, dejando a Diego y a Pamela, sus otros dos hijos que son como ángeles y también han participado en las victorias de su hermano, prestándole a su madre por más tiempo.

Y ahora Freddy, ¿cuál es tu próximo sueño?

-Seguir creciendo en el deporte, y poder disfrutar de las personas que me quieren. Ahora el sueño creció, no solo quiero una casa para mi mamá y mis hermanos, la quiero también para mis abuelos, tíos y primos.

***

Ahora leo el primer párrafo de la primera entrevista que le hice Freddy, el 29 de septiembre de 2018:

“Dentro de la suspicaz sonrisa de Freddy Daniel Marimón Blanco se esconde una loca pasión por abrazar el mundo y conquistarlo todo. Él es un niño de 9 años que no nació con el chip del fracaso, que a todo le ve el lado positivo y que cuando le cuestionan acerca de su situación de discapacidad dice: ‘Hago cosas que otros no pueden hacer’”.

Y ahora, cuatro años después, estoy convencida de una cosa: solo hubiera agregado la palabra campeón antes del nombre. El resto, es la pura e irrefutable verdad.

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