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Gabo, de cuerpo y alma

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“Tiene la voz recia de un Caribe desenfadado y tierno, un perfil de cantante de boleros, de reportero de nuevos augurios, de mago de feria y de alquimista”.

Las veintiocho palabras describen a un solo hombre: Gabriel García Márquez. Así es el Nobel de Literatura, según Gustavo Tatis Guerra y su libro “La rosa amarilla del prestidigitador”.

Son veinte años de recuerdos y charlas en Manga, en el Centro Histórico, en restaurantes...en cualquier parte...resumidos en deliciosas crónicas. Es que el mismo Gabo llegó a decirle a Tatis: “Ajá, y tú qué, ¿no me vas a saludar?”.

El libro demuestra que tuvo encuentros cercanos con el escritor, su familia y allegados. Tatis me dice que la mayoría de sus momentos con García Márquez fueron fortuitos, pero que aprovechó las pocas reuniones planeadas para escribir estas 175 páginas.

En 1992, por ejemplo, llegó a la Heroica el barco “Melquíades”, que le rendía homenaje al Nobel, en el marco de los 500 años del descubrimiento de América. El periodista que enviaría El Universal no pudo llegar, por lo que a Tatis le encomendaron cubrir el evento.

El periodista entró al barco y se encontró a Gabo.

-Maestro, ¿se acuerda de mí? -preguntó-.

-¡Claro! Tú eres el que estuvo en Arjona en el año 80, en la casa de mis suegros -respondió-.

Gabito, como lo llamó siempre su padre, dijo a Tatis que lo esperaría en su casa en Manga el Jueves Santo, con una condición: ir solo. Y cuando dijo solo era sin fotógrafo, ni cámara, ni grabadora. Solo lo acompañaría una pequeña libreta, para asistir a su memoria. A la hora de la verdad, la discreción del periodista hizo que Gabo ni se percatara de sus anotaciones.

La charla duró tres horas y media, fue tan larga y “sustanciosa” que alcanzó para otra otro libro: “La llave secreta de Melquíades”. Esa entrevista se convirtió en la “llave” para recibir el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (1992), Premio Álvaro Cepeda Samudio (2003) y Premio Nacional de Periodismo de Colprensa (1996).

Gabo siempre tuvo un sueño

“Soy escritor por timidez. Mi verdadera vocación es la de prestidigitador, pero me ofusco tanto tratando de hacer un truco que he tenido que refugiarme en la literatura”, decía Gabo. Ahí está el origen del título del libro.

Para Tatis, García Márquez es el prestidigitador -mago con las palabras- más grande del mundo, cuya magia no se agota, aún después de muerto.
La rosa amarilla está, cual amuleto, en las historias y en la vida de Gabo. En Estocolmo, cuando recibió el Nobel, el entorno se vistió  de rosas de ese color. En su casa era normal que los caballeros portaran una en el bolsillo izquierdo de la camisa. De modo que no hay un título que resuma mejor el plan íntimo de Gabo que “La rosa amarilla del prestidigitador”.

El más íntimo

Todas las crónicas intentan profundizar en el Gabo humano, no en el hombre endiosado.

-“Para mí García Márquez era un hombre muy tímido, con una gracia personal y de una gran imaginación”, precisa Tatis.

Úrsula Iguarán no está para entrevistas, de los 18 capítulos que forman el libro, más el epílogo, revela el carácter de la madre del Nobel, Luisa Santiaga Márquez. Ella jamás otorgó entrevistas, pero a Tatis le dijo: “Siéntate muchacho, y ¿qué es lo que quieres?”, porque en él veía más que una intención de interrogarla, el deseo acérrimo de entablar una conversación limpia. Decía que parecía de la familia, pues a su casa había llegado tanta gente del mundo “y casi todos con los mismos aspavientos e ínfulas”, advierte en el libro Luisa, quien, entre otras cosas, pidió al periodista que no publicara nada hasta el día en que ella muriera.  

Tatis revela detalles finos como el de los dieciséis hermanos en la familia de Gabo, once que tuvo su padre Gabriel Eligio García Martínez con Luisa, otros cuatro por fuera de casa y uno mayor, Rafael Olimpo García. Recuerda que Gabo nació por accidente en Aracataca -Magdalena-, pues su familia materna era de La Guajira y la paterna de Sucre. Vivió en Aracataca sus primeros 8 años con su abuela, Tranquilina Iguarán, y su abuelo, el coronel Nicolás Márquez Mejía. 

Aunque el libro no tiene la presunción de que debe ser cronológico, lo es. Está en una línea de tiempo histórica, narrado en presente. Tatis temía que se leyera como si los acontecimientos hubieran ocurrido muchos años atrás, por eso, relató como si se tratase de su vivencia actual.

La escritura la resolvió en tres años. Vivió meses de encierro sin que nada lo apaciguara. Escribir fue la plaza para abrazar su otra pasión: la pintura, se quitaba el cansancio con los colores. 

“La rosa amarilla del prestidigitador” ha pasado por las manos del escritor cartagenero Roberto Burgos Cantor, de Dasso Saldivar, autor de “García Márquez: el viaje a la semilla: la biografía”, entre otros.

Su hermano, Carlos Tatis, le acompañó a tomar las fotos. Juntos encontraron la casa del mejor amigo de Gabo, Cayetano Gentile Chimento, quien sería Santiago Nassar en “Crónicas de una muerte anunciada”.

Fidel y Gabo, clandestinos en Cartagena de Indias; El secreto de un estratega de paz; García Márquez sale a jugar tenis y las otra 15 crónicas llevan en su alma el rigor investigativo y la emoción poética que han convertido a Tatis en uno de los autores caribeños más sabrosos de leer.

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