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Goles para derrotar el pandillismo

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Es una tarde soleada, y la humilde cancha del colegio Omaira Sánchez no da abasto con la cantidad de pequeñines que esperan su turno para patear el balón.



En sus rostros se reflejan historias muy duras para niños que no sobrepasan los 12 años de edad.

Y aún cuando el abandono, la pobreza y la violencia parecen ser el común denominador en sus vidas, se alza con una sonrisa una minoría de ellos queriendo darle un giro positivo a su predecible futuro.

El fútbol callejero se convirtió en el pretexto ideal para que más de 180 niños, entre 8 y 12 años, del barrio La Candelaria no sean los próximos pandilleros de la zona.

Esta idea surgió de Orlando Arrieta, con el apoyo de Claudia Henry Ortiz, quienes en una ocasión cruzando por la misma cancha en la que hoy se reúnen a entrenar, vieron a un pequeño grupo de niños improvisando un partido de fútbol.  

Se acercaron y les propusieron que se vincularan a un programa que ellos querían hacer denominado “Fútbol callejero”. Uno de los pequeños, Nicolás Martínez, se mostró muy interesado y al día siguiente  ya había logrado convocar a 20 niños que querían hacer parte del proyecto.

Con el apoyo del Ider pudieron realizar el primer campeonato con la participación de seis equipos. En aquel momento no había mallas y dos palos secos hacían las veces de  arquería.

El campeonato tuvo tanta receptividad que al poco tiempo se sumaron 16 equipos más. Los padres de esos niños eran los más felices, pues sus hijos ya no se las pasaban jugando maquinitas o en riñas callejeras.

Este es el caso de Adrián Jesús Castellón, uno de los más pequeños del grupo, quien con sólo 8 años ya era entrenado por sus primos para pertenecer a una de las pandillas de ese sector.

La labor de Adrián Jesús era recolectar el mayor número de piedras posibles para luego lanzarlas al grupo enemigo.

Ahora, “Cayú”, como lo llaman sus amigos, está tan comprometido con el equipo que ha olvidado esas épocas de peleas. Ya no le queda tiempo para juntarse con sus primos para el pleito. Cuentan quienes lo conocen de cerca que es como si el niño hubiera recuperado la inocencia que había perdido.

“Yo los apartaba para que no pelearan. Me enseñaron a tirar piedras y las lanzaba muy duro. Es malo tirar piedras. Soy bueno jugando, juego como defensa y meto muchos goles”, expresa.

Y eso es cierto: en la hora en que estuvimos en la cancha anotó dos goles y celebró con un baile tan particular que se robaba las miradas y carcajadas de sus amigos y de todo el que pasaba por ese lugar.

Pero el caso de “Cayú” no es el único. Luis Felipe Gómez, de 11 años, pasó de ser un niño muy tímido a uno muy agresivo.

Cambió luego de un accidente que tuvo acompañando  a su hermano a un partido de fútbol. Se enredó con unos tubos y cayó de frente. El impacto fue tan fuerte que se partió dos dientes.

A partir de ahí no volvió a saludar con la mirada en alto, porque los niños se burlaban de él. Fue entonces cuando empezó a actuar violentamente con todo el que se reía de él.

Entró al programa y entendió que debía cambiar ese comportamiento. Así mismo, los niños comprendieron lo que le había pasado y dejaron de burlarse.

“El fútbol me ayudó a que no me diera pena jugar con los otros niños. Sentía mucha vergüenza. Salía a pegarles, porque se me burlaban en la cara. Ahora entiendo que las cosas se arreglan hablando”, dice. 

Le pegaron los dos dientes y al poco tiempo se los partió nuevamente, esta vez jugando fútbol con sus primos.

La historia de Antony es un poco diferente. A sus 12 años le fastidia el picó que hay en el patio de su casa. Es por esto que en cuanto se entera que hay prácticas es el primero en llegar al encuentro.

“Ay, el picó no me deja concentrar, hacer las tareas, estudiar bien, ni nada. A mí me gusta estar aquí jugando fútbol. Ahora nos comportamos mejor”.

Para Antony Peña, el mejor jugador del mundo es Falcao García, según él, porque tienes las mejores jugadas y ha hecho una excelente representación del país.

Pero todo esto del campeonato no hubiera sido posible sin la ayuda de Nicolás, un niño de 14 años, el más grande del grupo, quien desde el primer momento se apropió del proyecto y ha motivado a sus amigos a seguir con él.

Todos se dirigen a él para las prácticas, los uniformes. Él no juega fútbol, pero es el árbitro del partido, labor en la que se ha preparado desde el momento en que se la delegaron.

Tiene por los menos que ver un juego al día y está pendiente de las faltas. Usa un silbato y tiene hasta tarjetas rojas y amarillas.

“Yo los voy a buscar para que vengan a practicar. Les digo y ellos se sienten muy felices,  como yo cuando los veo jugar. Me gritan: ¿Nico, cuándo hay partido? Y cuando los cito, todos vienen juntos”, explica.

Nico, más que ningún otro, es testigo del cambio de sus compañeros y del esfuerzo que hacen para no estar metidos en problemas.

“Aquí había muchos niños malos, que peleaban, se tiraban piedras, ahora no. Hay unos que juegan aquí y que antes no se podían meter para acá porque peleaban con unos de aquí y ahora son grandes amigos”, expresa.

Nico vive con más de 14 personas en su casa y prefiere estar en la calle jugando fútbol que recordar esa realidad. La custodia de él está a cargo de sus abuelos, dos seres maravillosos que han apoyado al proyecto desde sus inicios.

“Papón”, así le llaman cariñosamente al abuelito de Nico. Él alquila lavadoras y desde su sencillez se ha entregado a este proyecto en el que cree totalmente.

“Este proyecto ha sido el mejor mecanismo para erradicar el pandillismo en nuestra zona. Apenas lo comenzamos,  los niños mostraron un cambio. Ahora cruzan de un lugar a otro, ya se van perdiendo las fronteras imaginarias, por eso nosotros creemos en este proyecto”, precisa el abuelo.

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Comentarios

a estos programas es a donde

a estos programas es a donde deben ir a parar los recursos que se roban los hijos de mala madre de los concejales, en ayudas, no en apoyo para estos programas que se los ve insignificantes, pero son de muy buena ayuda para los niños, ya que les fortalece la personalidad y los visiona a querer ser gente de bien,

Señores

Señores Cartageneros,
Iniciativas como la que tiene el señor Orlando Arrieta, son las de que debemos apoyar todos los ciudadanos de bien de esta ciudad si queremos herradicar la delincuencia y la violencia de los barrios.Todas las ayudas son validas por muy poco que les parezca.